La cotización del dólar estadounidense que abrió el 26 de junio a 24 pesos cubanos, con una variación mínima del 0,12 %, refleja una aparente estabilidad que contrasta con las tensiones estructurales de la economía cubana. El análisis de las proyecciones oficiales para 2026 permite identificar efectos diferenciados sobre distintos sectores y grupos sociales, así como riesgos que podrían alterar el rumbo previsto.
Efectos sobre el poder adquisitivo y la dolarización
El mantenimiento de un tipo de cambio cercano a los 24 pesos, combinado con la previsión de una inflación del 10 % en el mercado formal, implica una erosión gradual del salario real para los trabajadores del sector estatal. Quienes perciben ingresos en pesos cubanos enfrentarán mayores dificultades para acceder a bienes importados o servicios dolarizados, mientras que los sectores vinculados al turismo y a las exportaciones médicas podrían beneficiarse de mayores ingresos en divisas. Esta brecha tiende a profundizar la fragmentación social ya observable entre quienes acceden a remesas o empleos en moneda extranjera y el resto de la población.

La persistencia de una volatilidad del 2,01 %, inferior al promedio histórico del 3,56 %, reduce la probabilidad de shocks cambiarios inmediatos. Sin embargo, cualquier deterioro de las reservas o incremento de la demanda de divisas en el mercado informal podría revertir rápidamente esta calma relativa y acelerar procesos de dolarización informal ya documentados entre 2020 y 2024.
Riesgos fiscales y capacidad de inversión
El déficit fiscal proyectado en 74.500 millones de pesos, equivalente a unos 3.100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas, mantiene niveles similares a los del año anterior. Esta cifra limita el margen para financiar infraestructura energética o programas de abastecimiento de productos básicos. La promesa gubernamental de un entorno más transparente para la inversión extranjera enfrenta el desafío de una economía que opera explícitamente en condiciones de “economía de guerra”, donde las tensiones externas e internas pueden disuadir a potenciales inversionistas pese a las facilidades anunciadas.
La contracción acumulada del 11 % entre 2020 y 2024, junto con la caída adicional del 1,1 % en 2024, genera un punto de partida frágil. Si el crecimiento del 1 % esperado para 2026 se materializa, el repunte seguiría siendo insuficiente para recuperar los niveles previos a la pandemia, lo que prolongaría la presión sobre el gasto social y la capacidad de retener talento profesional.
Perspectivas del turismo y los servicios médicos
Las mejores perspectivas para el turismo y las exportaciones de servicios médicos constituyen el principal soporte del pronóstico oficial. Un incremento sostenido de visitantes y de convenios médicos internacionales podría generar divisas frescas que alivien parcialmente la escasez de productos básicos. No obstante, la dependencia de estos dos rubros expone a la economía a riesgos externos: fluctuaciones en los mercados emisores de turismo, cambios regulatorios en países receptores de personal médico o competencia regional podrían reducir los ingresos previstos y agravar el desequilibrio externo.
Migración y dinámica demográfica
La fuerte migración registrada en los últimos años representa tanto una válvula de escape social como un factor de riesgo estructural. La salida de población en edad productiva reduce la base tributaria y la disponibilidad de mano de obra calificada, dificultando la ejecución de proyectos de inversión y la prestación de servicios públicos. Al mismo tiempo, las remesas enviadas por los emigrados siguen siendo una fuente relevante de divisas que amortigua parcialmente la presión sobre el mercado cambiario informal.
Incertidumbres externas e internas
El contexto internacional, marcado por tensiones geopolíticas y posibles modificaciones en las políticas de sanciones, añade un nivel adicional de incertidumbre. Cualquier endurecimiento de restricciones al acceso a financiamiento o a mercados de exportación podría comprometer los objetivos de crecimiento e inflación. Internamente, la persistencia de apagones y la escasez de insumos básicos continúan limitando la capacidad productiva, lo que dificulta alcanzar incluso el modesto 1 % de expansión proyectado.
En conjunto, la relativa estabilidad cambiaria observada a finales de junio ofrece un respiro temporal, pero no modifica las restricciones estructurales que han caracterizado la economía cubana desde 2020. El éxito de las proyecciones dependerá de la capacidad para atraer inversión extranjera efectiva, sostener los ingresos por turismo y servicios médicos, y contener los efectos de la dolarización informal sobre la distribución del ingreso.
