Dólar en RD: estabilidad aparente y riesgos ocultos

El dólar estadounidense abrió el 15 de julio cotizando a 58,2 pesos dominicanos, un descenso del 0,17 % frente al cierre previo. En la última semana registró una baja del 0,6 % y en términos interanuales acumula una contracción del 6,54 %. La volatilidad actual del 4,88 %, inferior al promedio histórico del 11,34 %, sugiere un mercado cambiario temporalmente calmado. Sin embargo, esta calma oculta tensiones estructurales que UBS Financial Services ya anticipa para 2026.

¿Qué oculta la reducción de tasas de interés?

La aceleración del PIB hacia el 4 % proyectada por UBS depende de que las tasas más bajas liberen demanda interna y estimulen inversión. Esta premisa parte de un supuesto: que el Banco Central mantendrá una política monetaria alineada con la Reserva Federal. Si la Fed endurece su postura antes de lo previsto, el diferencial de tasas se reduciría y la presión sobre el peso dominicano aumentaría. Los importadores, que representan una demanda estructural de dólares, verían encarecerse sus costos justo cuando el turismo comienza a recuperarse.

El gobierno, por su parte, aprobó un presupuesto suplementario que eleva el gasto de capital en 0,4 % del PIB para 2025 y amplía el déficit global al 3,5 %. Para 2026 el Ministerio de Hacienda busca reducir ese déficit a 3,2 % y alcanzar un superávit primario de 0,5 %. Esta combinación de estímulo fiscal y relajación monetaria genera un efecto de corto plazo positivo, pero deja menos margen de maniobra si los ingresos tributarios no acompañan el crecimiento esperado.

Dólar en RD: estabilidad aparente y riesgos ocultos

Exportaciones de servicios versus déficit comercial

UBS estima que los superávits de servicios y remesas compensarán los déficits de ingresos y comercio de mercancías, dejando el déficit por cuenta corriente entre 2 % y 2,5 % del PIB en 2025-2026. Esta proyección resulta optimista si el turismo no recupera plenamente los niveles previos a la pandemia o si las remesas se desaceleran por menor empleo en Estados Unidos. Los sectores exportadores de bienes, especialmente zonas francas, enfrentan costos de insumos importados más altos cuando el peso se deprecia, aunque se beneficien de un dólar más fuerte en términos de competitividad.

Perspectivas del Banco Central y la FED

El Banco Central proyecta que el tipo de cambio llegará a 66,35 pesos en septiembre de 2026 y a 69,15 un año después. Esta trayectoria de depreciación controlada contrasta con la estabilidad observada en julio de 2025. La diferencia revela que las autoridades esperan un escenario de ajuste gradual más que de choque. Sin embargo, cualquier desviación de la Reserva Federal respecto a su ruta de recortes podría acelerar esa depreciación y elevar la deuda pública, que se mantiene cerca del 58 % del PIB.

Intereses en juego: gobierno, empresas y hogares

El gobierno prioriza el crecimiento y la inversión extranjera directa estimada entre 3,5 % y 4 % del PIB. Las empresas turísticas y del sector inmobiliario reciben señales positivas, pero los importadores de bienes de consumo y maquinaria enfrentan márgenes más estrechos. Los hogares con deudas en dólares o que dependen de productos importados sufrirán el impacto directo de cualquier aceleración del tipo de cambio. Esta distribución desigual de beneficios y costos genera tensiones políticas que el informe de UBS menciona solo de forma tangencial.

Riesgos climáticos y de gobernabilidad

El documento advierte sobre eventos climáticos adversos y desafíos de gobernabilidad típicos de mercados emergentes. Un huracán que dañe infraestructura turística o agrícola podría revertir los superávits de servicios en un solo trimestre. Del mismo modo, retrasos en la ejecución del presupuesto suplementario o disputas legislativas sobre el déficit fiscal podrían erosionar la confianza de los inversores que UBS considera clave para financiar el déficit externo.

Escenarios para finales de 2026

Si la Reserva Federal mantiene su ritmo de recortes y el turismo crece por encima del 5 %, el peso podría depreciarse más lentamente de lo proyectado, acercándose a 64 pesos en lugar de 66,35. En cambio, una combinación de menor crecimiento estadounidense, aumento de tasas locales y eventos climáticos elevaría el tipo de cambio hacia 70 pesos antes de lo previsto. La inversión extranjera directa seguiría cubriendo el déficit por cuenta corriente solo mientras los sectores de turismo, energía y comercio mantengan atractivo relativo frente a otros destinos de la región.

La volatilidad reducida observada en julio de 2025 no debe interpretarse como señal de normalidad permanente. El mercado cambiario dominicano sigue expuesto a variables externas que escapan al control del Banco Central y a variables internas que dependen de la disciplina fiscal y de la capacidad de respuesta ante choques climáticos. Los próximos dieciocho meses definirán si la depreciación controlada se mantiene dentro de los márgenes anunciados o si el país enfrenta un ajuste más abrupto.

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