Dólar uruguayo cierra en 40,25 pesos con proyecciones al alza

El dólar estadounidense finalizó las operaciones del 7 de julio a 40,25 pesos uruguayos, lo que implica un incremento del 1,37% respecto al cierre previo de 39,71 pesos. Esta variación se inscribe en una tendencia alcista más amplia: en los últimos siete días el billete verde avanzó 1,78% y en los últimos doce meses registró un crecimiento del 0,99%. El movimiento confirma que el tipo de cambio mantiene una senda positiva por segunda jornada consecutiva.

Volatilidad superior al promedio histórico

La volatilidad del tipo de cambio se ubica actualmente en 15,38%, por encima del nivel de referencia de 14,86%. Este diferencial indica un entorno de mayor inestabilidad en el mercado cambiario, donde los operadores ajustan posiciones ante señales mixtas provenientes de la economía global y de las expectativas locales. El aumento de la volatilidad coincide con la apreciación reciente del dólar y sugiere que los movimientos de corto plazo podrían intensificarse en las próximas semanas.

Proyecciones del BCU para 2026-2028

La última encuesta del Banco Central del Uruguay anticipa un leve incremento del tipo de cambio hacia fines de 2026, cuando la mediana de los analistas consultados sitúa el valor en 40,19 pesos por dólar. Para enero de ese año se espera 38,98 pesos y para junio 39,33 pesos. En el horizonte de 2027, la proyección asciende a 41,46 pesos a fines de diciembre. Paralelamente, el crecimiento del PBI se estima en 1,87% para 2026, 1,85% para 2027 y 1,92% para 2028, cifras inferiores a las expectativas de julio del año anterior. La inflación, por su parte, se proyecta en 4,40% para 2026 y se acerca gradualmente al centro del rango meta de 4,5% establecido por la autoridad monetaria.

Del régimen de bandas a la flotación independiente

El peso uruguayo circula como moneda oficial desde 1993, tras la conversión que eliminó tres ceros a la unidad anterior. En la década de 1990 se adoptó un sistema de bandas de flotación para anclar expectativas, pero la crisis financiera de 2002 obligó a abandonar ese esquema. Bajo la presidencia de Jorge Batlle, el país pasó a un régimen de flotación independiente que se mantiene vigente. Desde entonces, la moneda experimentó una fase de apreciación posterior a la maxidevaluación de 2002, mientras Uruguay consolidaba indicadores de alto ingreso per cápita y reducida desigualdad en América Latina.

Desafíos de competitividad y crecimiento

Las proyecciones moderadas de actividad y la cercanía de la inflación al objetivo del BCU plantean un escenario de estabilidad relativa, aunque persisten retos estructurales. La mejora de la competitividad, la incorporación plena de las mujeres al mercado laboral y la transformación educativa aparecen como condiciones necesarias para elevar el crecimiento potencial por encima de los niveles actuales. En este contexto, el comportamiento del dólar y las expectativas de los analistas ofrecen señales útiles, pero no sustituyen las reformas que Uruguay requiere para sostener su posición relativa en la región durante la próxima década.

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