El Banco de Japón decidió mantener sin cambios su tasa de interés de referencia en el 1 por ciento durante la reunión de política monetaria que concluyó el 31 de julio. La medida, aunque anticipada por los mercados tras el ajuste de junio, vino acompañada de un comunicado que por primera vez advierte explícitamente sobre el riesgo de que la inflación subyacente supere el objetivo del 2 por ciento. Este matiz representa un cambio significativo respecto a los informes anteriores y abre la puerta a futuras subidas de tasas en un contexto marcado por la intervención gubernamental para sostener el yen y por presiones derivadas de la demanda global de inteligencia artificial.
Raíces de la política monetaria japonesa
Durante más de tres décadas, el Banco de Japón sostuvo una de las políticas monetarias más expansivas del mundo desarrollado. Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y bursátil a inicios de los años noventa, la institución redujo progresivamente sus tasas hasta situarlas en territorio negativo entre 2016 y 2024. Esa estrategia, conocida como Abenomics en su fase más agresiva, buscaba romper la deflación crónica y reactivar el consumo interno. Sin embargo, el yen se debilitó de forma sostenida, favoreciendo a los exportadores pero encareciendo las importaciones de energía y alimentos. El resultado fue una inflación importada que, combinada con la reciente subida de los precios del petróleo, aceleró el índice subyacente hasta alcanzar el 1,6 por ciento en junio.
La decisión de junio de elevar la tasa a corto plazo hasta el 1 por ciento marcó el nivel más alto en 31 años y rompió con la era de tasas negativas. Aun así, el mercado interpretó ese movimiento como insuficiente frente a la depreciación del yen, que rozaba los 161 yenes por dólar antes de la intervención del 30 de julio. El Gobierno japonés vendió dólares en el mercado de Nueva York para apuntalar la moneda, una acción que contó con la comprensión tácita de Washington según declaraciones del secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent.
Presiones inflacionistas vinculadas a la inteligencia artificial

El informe trimestral de perspectivas del Banco de Japón incorpora un factor nuevo: la demanda mundial de semiconductores impulsada por la expansión de centros de datos de inteligencia artificial. Esta demanda ha elevado los precios de componentes clave y ha permitido a las empresas japonesas trasladar parte de esos costes a los consumidores. El propio informe señala que los riesgos para los precios se inclinan al alza, mientras que los riesgos para el crecimiento económico permanecen equilibrados. Esta distinción resulta relevante porque anticipa que futuras decisiones de política monetaria se guiarán más por la evolución de la inflación que por el ritmo de recuperación del PIB.
Empresas como Tokyo Electron y Advantest, especializadas en equipos para fabricación de chips, han registrado márgenes superiores a los previstos en los últimos trimestres. Sus resultados han alimentado la percepción de que la inflación de bienes duraderos podría mantenerse por encima del objetivo incluso si los precios del petróleo se estabilizan. El Banco de Japón revisó a la baja su proyección de inflación subyacente para el ejercicio fiscal 2026 hasta el 2,5 por ciento, pero elevó la estimación para 2027, reflejando la persistencia de estas presiones estructurales.
Repercusiones en los mercados financieros globales
La combinación de tasas más altas en Japón y la intervención cambiaria ha alterado las dinámicas de carry trade que durante años permitieron a los inversores endeudarse en yenes a bajo coste para invertir en activos de mayor rendimiento en dólares o en mercados emergentes. La apreciación parcial del yen tras la intervención provocó liquidaciones rápidas de posiciones apalancadas, especialmente en bonos del Tesoro estadounidense y en divisas de alto rendimiento como el peso mexicano y la rupia india. Fondos de cobertura con sede en Singapur reportaron pérdidas superiores al 4 por ciento en carteras expuestas a esta estrategia durante la última semana de julio.
El rendimiento de los bonos del Estado japonés a dos años subió de forma inmediata tras el comunicado, alcanzando niveles no vistos desde 2008. Este movimiento refleja la expectativa de que el Banco de Japón podría acelerar el ritmo de normalización si la inflación subyacente continúa desviándose al alza. Al mismo tiempo, el yen apenas se fortaleció más allá de los 160,76 yenes por dólar, lo que indica que los mercados siguen dudando de la determinación de la autoridad monetaria para defender un nivel concreto de la divisa.
Impacto en la economía doméstica y en los hogares japoneses
Para los hogares japoneses, el mantenimiento de tasas en el 1 por ciento supone un alivio temporal en los costes de financiación hipotecaria, aunque las expectativas de futuras subidas ya han encarecido los préstamos a tipo variable. Las instituciones financieras locales han comenzado a ofrecer productos de ahorro con rendimientos ligeramente superiores, incentivando un modesto retorno de depósitos que habían permanecido estancados durante años. Sin embargo, el encarecimiento de las importaciones sigue erosionando el poder adquisitivo, especialmente entre los pensionistas que destinan una proporción elevada de su gasto a energía y alimentos.
El miembro del directorio Hajime Takata, único disidente en la votación, argumentó que una subida inmediata hasta el 1,25 por ciento habría sido necesaria para contrarrestar los riesgos inflacionistas derivados de la demanda externa. Su postura refleja una minoría creciente dentro del propio banco que considera que la normalización ha sido demasiado gradual. Esta división interna añade incertidumbre sobre la trayectoria futura de las tasas y podría amplificar la volatilidad del yen en las próximas reuniones.
Perspectivas de normalización monetaria y riesgos de largo plazo
El informe de perspectivas subraya que la estabilización de la inflación subyacente en torno al 2 por ciento se ha convertido en el objetivo prioritario de la política monetaria. Este cambio de énfasis implica que el Banco de Japón ya no tolerará desviaciones al alza tan fácilmente como en el pasado. Analistas de Capital Economics estiman que la tasa podría alcanzar el 2 por ciento a finales de 2026 si la inflación de bienes relacionados con la inteligencia artificial se mantiene elevada y el yen no recupera terreno de forma sostenida.
Una normalización más rápida podría frenar la recuperación del consumo interno, pero también reduciría los riesgos de burbujas en activos inmobiliarios y bursátiles. Al mismo tiempo, una apreciación excesiva del yen dañaría la competitividad de los exportadores manufactureros, que representan cerca del 15 por ciento del empleo industrial japonés. El equilibrio entre estos dos efectos determinará la velocidad con la que el Banco de Japón ajuste su política en los próximos trimestres.
El contexto internacional añade otra capa de complejidad. La distensión de las preocupaciones por el conflicto en Oriente Medio ha reducido las primas de riesgo energético, pero cualquier recrudecimiento podría revertir esa tendencia y reforzar las presiones inflacionistas. El Banco de Japón ha incorporado explícitamente estos factores externos en su marco de análisis, señalando que el momento y el ritmo de futuras subidas dependerán tanto de variables domésticas como de shocks globales.
