El financiamiento de la banca comercial al sector privado mantuvo en julio un crecimiento real anual de 3.3%, la misma tasa observada en junio, de acuerdo con datos del Banco de México. La estabilidad de ese indicador sugiere que el crédito no perdió impulso en el arranque del segundo semestre, aunque tampoco aceleró. El saldo de la cartera vigente rebasó los 7.52 billones de pesos, unos 457 mil millones más que un año antes, en un contexto en el que el consumo continúa siendo el principal motor de la expansión bancaria.
La cifra resume una realidad con dos velocidades. Por un lado, las familias siguen recurriendo al financiamiento para gastos corrientes y compras de bienes duraderos; por otro, el crédito dirigido a empresas avanza con mucha menor fuerza y presenta caídas pronunciadas en actividades específicas. La lectura central no es sólo que el crédito crece por encima de la economía, como ha señalado la Asociación de Bancos de México, sino que la composición de ese crecimiento determina qué tan sólido puede ser su efecto sobre la inversión y la actividad productiva.
El consumo sostiene el ritmo de la cartera
La cartera de consumo aumentó 7.1% real anual en julio y alcanzó un saldo superior a 1.96 billones de pesos. Aunque la tasa fue menor al 7.6% registrado en junio, se mantuvo claramente por encima del crecimiento del crédito total. Ese comportamiento confirma que los hogares son hoy el segmento más dinámico para la banca comercial y que el financiamiento continúa respaldando decisiones de compra, aun cuando varios de sus componentes muestran una moderación frente al mes previo.

Las tarjetas de crédito crecieron 7.8%, los préstamos de nómina 5.2% y los créditos personales 5.5%. En los tres casos, la expansión fue menor que en junio. La desaceleración es moderada y no altera el liderazgo del consumo, pero merece atención porque estos productos suelen reaccionar rápidamente a cambios en el empleo, el ingreso disponible y el costo financiero. Una disminución gradual de las tasas de crecimiento puede reflejar una demanda más cauta, criterios de originación más selectivos o ambas cosas a la vez.
El crédito para adquirir bienes de consumo duradero avanzó 10.3%, y dentro de este rubro el financiamiento automotriz aumentó 11.1%. Son tasas elevadas, pese a ubicarse por debajo de las observadas el mes anterior. La fortaleza de este segmento tiene una implicación distinta a la del crédito revolvente: financiar un automóvil o un bien durable puede impulsar cadenas comerciales y manufactureras, pero también deja a los hogares con obligaciones de mayor plazo. Su evolución dependerá de que los ingresos y el mercado laboral mantengan capacidad para absorber pagos mensuales sin deteriorar la calidad de la cartera.
La vivienda aporta estabilidad, no aceleración
El crédito para vivienda creció 1.7% real anual, frente a 1.5% en junio, y superó los 1.52 billones de pesos. El avance es reducido en comparación con el consumo, pero representa una mejora marginal en un portafolio que suele responder con mayor lentitud a las condiciones financieras. La adquisición de vivienda depende de decisiones patrimoniales, precios de los inmuebles, disponibilidad de oferta y expectativas de largo plazo, por lo que variaciones de unas décimas no bastan para hablar de un cambio de tendencia.
El modesto repunte hipotecario también muestra que una mayor disponibilidad de crédito no se traduce automáticamente en un auge inmobiliario. Para que este segmento gane tracción se requiere que los compradores perciban certidumbre sobre sus ingresos y que las condiciones de financiamiento sean compatibles con los precios de vivienda. En esa relación, la banca puede ampliar oferta, pero no sustituir los factores estructurales que determinan la accesibilidad habitacional.
Las empresas revelan el límite del crecimiento agregado
El crédito a empresas y personas físicas con actividad empresarial avanzó apenas 1.3% real anual, ligeramente por debajo del 1.4% de junio, con un saldo superior a 3.84 billones de pesos. Al tratarse del portafolio de mayor tamaño, su bajo dinamismo explica por qué el crecimiento total del crédito permanece contenido pese a la expansión de los préstamos a hogares. El dato sugiere que la intermediación financiera sigue llegando al aparato productivo, pero todavía sin la intensidad que acompañaría un ciclo amplio de inversión.
La heterogeneidad sectorial es aún más reveladora. El crédito a la manufactura cayó 6%; el dirigido a construcción aumentó 3.7%, y el comercio, 2.1%. Las mayores contracciones se concentraron en minería, con 35.6%; electricidad, agua y gas, con 24.3%; y fabricación de productos a base de minerales no metálicos, con 25.1%. Estas reducciones pueden responder a amortizaciones, menor demanda de nuevos recursos o proyectos aplazados. En cualquier caso, indican que el crecimiento agregado no debe interpretarse como una expansión uniforme de la inversión empresarial.
Más crédito no elimina la necesidad de vigilar riesgos
El crédito a intermediarios financieros no bancarios fue la excepción de mayor dinamismo, con un alza de 20.5% y un saldo de 182 mil 100 millones de pesos. Este avance puede ampliar el alcance del financiamiento hacia segmentos atendidos por entidades especializadas, pero también vuelve relevante el seguimiento de la calidad de los activos y de la transmisión del riesgo dentro del sistema financiero. El crecimiento de este canal es positivo cuando diversifica fuentes de financiamiento con disciplina prudencial; resulta más sensible cuando se apoya en deudores con menor capacidad de absorción ante un entorno económico adverso.
La ABM ha destacado que el crédito al sector privado equivale ya a 39% del Producto Interno Bruto y que la meta es alcanzar 45% hacia 2030. También reportó una morosidad de 2.5% en junio, nivel que considera controlado. La distancia entre ambas cifras resume el desafío: existe espacio para profundizar el crédito sin que el sistema muestre, por ahora, un deterioro significativo de pagos. Sin embargo, convertir ese margen en crecimiento sostenible exigirá que el financiamiento empresarial recobre fuerza y que la expansión del consumo preserve calidad, de modo que el crédito deje de ser sólo un soporte de demanda inmediata y contribuya también a elevar la capacidad productiva del país.
