Presión inmediata
El gasóleo en España ha subido un 50 % antes de impuestos desde el inicio de la guerra en Irán, un salto que combina tensión geopolítica y mayor demanda en pleno verano. En el precio final, la subida se modera al 26 %, pero sigue golpeando a un parque móvil donde más de la mitad de los vehículos aún depende del diésel.

La fiscalidad ha contenido parte del encarecimiento, aunque sólo de forma temporal. Con la vuelta del IVA al 21 % y el recorte de la bonificación especial, el alivio se agotó y los precios retomaron la senda al alza. El Gobierno prevé elevar en septiembre la rebaja fiscal del gasóleo hasta 20 céntimos por litro, después de que el combustible superara en julio el umbral que activa la cláusula de salvaguarda.
El movimiento confirma un patrón más amplio: cuando la oferta global se estrecha, la dependencia energética se traslada rápido al consumidor. España entra en esa fase con refinerías capaces de amortiguar parte del choque, pero con un mercado interno muy expuesto a la volatilidad de Oriente Próximo y a una presión inflacionaria que ya se nota en el IPC.
