El dólar en Colombia: factores y riesgos 2026

El dólar estadounidense cerró el 1 de julio de 2026 a 3.365,47 pesos colombianos, un descenso del 2,26% frente al nivel de 3.443,25 pesos registrado el día anterior. En la semana previa la divisa perdió 2,33% y en los últimos doce meses acumula una baja del 12,7%. La volatilidad medida en 14% supera la referencia histórica de 13,29%, lo que refleja un mercado todavía sensible a flujos de capital y a cambios en las expectativas de tasas locales e internacionales.

Bancolombia proyecta que el tipo de cambio promedio durante 2026 se ubicará en 3.878 pesos, escenario que descansa en la debilidad global del dólar, el ingreso sostenido de remesas y la posibilidad de nuevos ajustes al alza en las tasas de interés del Banco de la República. El diferencial entre la tasa de la Reserva Federal (3,50%-3,75%) y la tasa de política colombiana (9,25%) sigue alentando operaciones de carry trade que presionan a la baja la cotización del dólar.

Efectos sobre importadores y exportadores

La apreciación acumulada del peso en 2025 (14%) y la continuación de esa tendencia en los primeros meses de 2026 reducen el costo de las importaciones de bienes de capital y de consumo. Empresas del sector manufacturero y de distribución minorista ven aliviada su estructura de costos, lo que puede trasladarse a menores precios finales si la competencia lo permite. Sin embargo, los exportadores de café, flores y productos mineros enfrentan márgenes más estrechos, ya que reciben menos pesos por cada dólar vendido. En el caso del sector minero-energético, la menor entrada de divisas también reduce los aportes fiscales por regalías, un efecto que ya se observó parcialmente en 2025 y que podría repetirse si el precio promedio se mantiene por debajo de 3.500 pesos.

El carry trade y su sostenibilidad

Una de las fuerzas que explican la fortaleza del peso es el diferencial de tasas que permite a inversionistas extranjeros endeudarse en dólares e invertir en títulos locales denominados en pesos. Este flujo ha sido relevante en los últimos trimestres, pero su continuidad depende de que el Banco de la República mantenga o incluso eleve la tasa de intervención ante presiones inflacionarias derivadas del aumento del salario mínimo. Si la autoridad monetaria opta por recortar tasas antes de lo esperado, el atractivo del carry trade se reduciría rápidamente y el dólar podría recuperar terreno con mayor velocidad de la que anticipan los modelos actuales.

Otro factor a considerar es la evolución del índice DXY. La caída de 9% observada en 2025 respondió en parte a la volatilidad de la política comercial estadounidense. Cualquier reversión de esa tendencia, por ejemplo por nuevos acuerdos o por datos de empleo más sólidos en Estados Unidos, podría traducirse en un fortalecimiento global del dólar y en presiones alcistas sobre el peso colombiano que el mercado aún no ha incorporado en sus proyecciones centrales.

Perspectivas de distintos actores

El Gobierno nacional ha enfatizado que las medidas adoptadas para contener la depreciación del peso siguen vigentes, aunque la reciente rebaja en la calificación soberana introduce un costo adicional de financiamiento que podría alimentar expectativas de mayor emisión de deuda local. Los hogares de ingresos medios y bajos, por su parte, perciben el dólar más barato principalmente a través de la reducción en el precio de electrodomésticos y medicamentos importados, aunque el encarecimiento de algunos insumos agrícolas por factores climáticos puede contrarrestar parte de ese beneficio.

Los fondos de pensiones y las aseguradoras locales han incrementado su exposición a activos en pesos, apostando a que la estabilidad cambiaria se mantendrá durante el resto del año. Esta estrategia reduce el riesgo de descalce de moneda en sus portafolios, pero los expone a una posible corrección si la incertidumbre fiscal o el calendario electoral generan salidas de capital no residentes.

Riesgos e incertidumbre electoral

El proceso electoral previsto para los próximos meses añade una capa de volatilidad que los modelos de tipo de cambio suelen subestimar. Históricamente, los periodos preelectorales en Colombia han coincidido con episodios de depreciación del peso superiores al 5% en ventanas de tres meses. Aunque el Gobierno ha señalado su disposición a intervenir en el mercado de divisas, la capacidad real de estabilizar la tasa dependerá de la disponibilidad de reservas y de la credibilidad de las señales de política fiscal. La rebaja de calificación crediticia ya elevó los costos de endeudamiento externo y podría limitar el margen de maniobra del Banco de la República si se requiere defender el peso.

Un escenario alternativo contempla que la apreciación del peso se prolongue más allá de lo proyectado por Bancolombia si las remesas mantienen su ritmo de crecimiento y la Reserva Federal mantiene su tasa en niveles bajos. En ese caso, el promedio anual podría situarse por debajo de 3.700 pesos, beneficiando a los consumidores pero complicando el ajuste fiscal y el equilibrio de la balanza comercial no tradicional.

Tendencias probables hacia finales de 2026

La combinación de un dólar globalmente débil, diferenciales de tasas aún atractivos y un flujo constante de remesas apunta a que el peso mantendrá un sesgo de apreciación durante la mayor parte del segundo semestre. No obstante, la volatilidad superior al promedio histórico sugiere que cualquier corrección será rápida y pronunciada cuando se materialicen sorpresas negativas en el frente fiscal o político. Los agentes del mercado ya descuentan un rango de fluctuación entre 3.400 y 3.900 pesos para el cierre del año, con mayor probabilidad de que el precio se ubique en la parte baja de ese intervalo mientras no se alteren los supuestos de política monetaria externa e interna.

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