El euro abre al alza frente al peso uruguayo mientras el mercado proyecta una depreciación gradual del dólar

El euro inició la jornada del 4 de septiembre en Uruguay con una cotización de 46,77 pesos uruguayos, según datos difundidos por Dow Jones. El valor representa una suba de 1,61% frente a los 46,03 pesos registrados al cierre anterior, en un movimiento que consolida la recuperación reciente de la moneda europea frente al peso.

La evolución de corto plazo también muestra una variación positiva, aunque más moderada: durante la última semana, el euro acumuló un avance de 0,27%. En la comparación interanual, la apreciación alcanza 3,49%, lo que indica que la divisa europea se mantiene por encima de los niveles observados un año atrás, pese a las oscilaciones habituales del mercado cambiario.

La cotización euro-peso había mostrado una tendencia favorable para la moneda europea en las ruedas previas. La suba de la apertura se produjo luego de una secuencia de negociaciones que fortaleció al euro, aunque el comportamiento de esta paridad depende tanto de los factores internacionales que afectan a la moneda común europea como de la evolución local del peso uruguayo.

Menor volatilidad en la plaza local

La volatilidad actual del tipo de cambio se ubicó en 12,5%, por debajo de la referencia de 14,57%. Esta diferencia sugiere que las variaciones recientes se produjeron en un entorno relativamente más estable que el promedio considerado para la comparación. Una menor volatilidad no elimina el riesgo de nuevos cambios de precio, pero sí implica que las fluctuaciones observadas han sido menos pronunciadas.

Para empresas importadoras, viajeros y hogares con gastos vinculados a Europa, el encarecimiento del euro puede traducirse en mayores costos medidos en pesos. El efecto concreto, sin embargo, depende de la duración del movimiento y de la forma en que bancos, casas de cambio y comercios trasladen las variaciones de la cotización a sus precios finales. Para exportadores con ingresos denominados en euros, una moneda europea más fuerte puede mejorar el valor en moneda local de sus cobros.

La relación entre el euro y el peso no debe interpretarse de manera aislada. Uruguay opera con un régimen de flotación independiente, por lo que el valor de su moneda responde a condiciones financieras, flujos comerciales, expectativas de inflación y decisiones de inversión. A su vez, el euro está influido por las perspectivas de crecimiento, inflación y política monetaria de la eurozona, además de su vínculo con el dólar estadounidense.

Expectativas para el dólar hacia 2026

Las proyecciones recogidas en la última encuesta del Banco Central del Uruguay (BCU) anticipan un aumento gradual del dólar hacia el cierre de 2026. La mediana de las respuestas prevé un tipo de cambio de 38,98 pesos por dólar en enero y de 39,33 pesos en junio. Para el final de ese año, la estimación central se ubica en 40,19 pesos.

El conjunto de analistas consultados por la autoridad monetaria estimó valores de 38,92 pesos en enero, 39,48 en junio y 40,19 al cierre de 2026. A más largo plazo, las previsiones apuntan a que el dólar podría alcanzar 41,46 pesos a fines de diciembre de 2027. Estas proyecciones no constituyen una meta oficial de cotización, sino una síntesis de expectativas privadas que puede modificarse ante cambios en el escenario interno o externo.

La trayectoria esperada para el dólar es relevante para interpretar el comportamiento de otras monedas frente al peso. Una depreciación gradual de la moneda uruguaya frente al dólar no implica necesariamente una evolución idéntica respecto del euro, ya que ambas divisas tienen dinámicas propias. No obstante, un peso más débil puede contribuir a que las cotizaciones de las monedas extranjeras mantengan presión alcista en el mercado local.

Crecimiento moderado e inflación cerca de la meta

La misma encuesta del BCU prevé una expansión moderada de la economía uruguaya. La mediana de las estimaciones sitúa el crecimiento del Producto Bruto Interno en 1,87% para 2026, 1,85% para 2027 y 1,92% para 2028. Para 2026, las proyecciones de los analistas consultados presentan un rango de entre 1,50% y 2,30%, reflejo de que persisten diferencias sobre la velocidad de la actividad económica.

La expectativa para 2026 supone una revisión frente a la previsión de 2,47% que se manejaba en julio del año anterior. El ajuste expresa una visión más cauta sobre el crecimiento, en un país cuya economía depende de la evolución de sus socios comerciales, de los precios internacionales de sus exportaciones y de su capacidad para atraer inversión y sostener la productividad.

En materia de precios, la mediana de las proyecciones ubica la inflación en 4,40% durante 2026, 4,45% en 2027 y 4,50% en 2028. La trayectoria proyectada se aproxima al objetivo de 4,5% establecido por el BCU. La convergencia esperada puede contribuir a preservar la previsibilidad del mercado cambiario, aunque la inflación, las tasas internacionales y los movimientos de capital seguirán siendo variables determinantes.

Un régimen cambiario marcado por la experiencia de 2002

El peso uruguayo es la moneda oficial del país desde 1993, cuando sustituyó a los antiguos pesos en un proceso asociado a la necesidad de ordenar el sistema monetario tras un período de elevada inflación. El Banco Central fue autorizado en octubre de 1991 a emitir los nuevos billetes, que comenzaron a circular de forma progresiva hasta marzo de 1993.

Durante la década de 1990, Uruguay utilizó bandas de flotación para orientar el valor del peso frente al dólar. La crisis financiera de 2002, marcada por la salida de capitales, puso bajo fuerte tensión ese esquema. Meses después, el país adoptó el sistema de flotación independiente que continúa vigente. Tras la fuerte devaluación de aquel año, el peso atravesó un período de apreciación, antes de retomar una evolución condicionada por los ciclos locales y regionales.

En ese contexto histórico, la cotización del euro en 46,77 pesos debe leerse como un dato puntual dentro de un mercado que combina factores externos con fundamentos domésticos. La estabilidad relativa observada en la volatilidad ofrece una señal favorable, pero la evolución futura dependerá de la consistencia de las expectativas de inflación, del ritmo de crecimiento y de la respuesta del sistema financiero ante cambios en el escenario internacional.

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