El euro cerró este 27 de agosto en 46,9 pesos uruguayos, con una suba diaria de 1,33% frente a los 46,28 pesos del cierre previo, según datos de Dow Jones. La moneda europea acumula además un avance semanal de 1,35% y una variación interanual positiva de 3,14%, en una jornada que prolongó por segundo día consecutivo su tendencia ascendente frente al peso uruguayo.

Volatilidad por debajo de la referencia
La volatilidad del tipo de cambio entre el euro y el peso uruguayo se ubicó en 14,7%, levemente por debajo de la referencia de 15,08%. El dato sitúa la variación reciente de la cotización en un entorno relativamente estable, pese al incremento registrado al cierre. La información disponible no detalla los factores específicos que explicaron el movimiento de la jornada.
La evolución del euro ocurre mientras las proyecciones del Banco Central del Uruguay (BCU) contemplan una depreciación gradual del peso frente al dólar hacia el cierre de 2026. La mediana de las previsiones relevadas por la autoridad monetaria ubica el tipo de cambio en 38,98 pesos por dólar en enero y en 39,33 pesos en junio de ese año.
Proyecciones para el dólar y la economía
El conjunto de analistas consultados por el BCU estima que el dólar podría alcanzar 40,19 pesos a fines de 2026, luego de cotizar en torno a 38,92 pesos en enero y 39,48 pesos en junio. Para diciembre de 2027, las proyecciones basadas en la encuesta oficial sitúan a la moneda estadounidense en 41,46 pesos uruguayos.
En el escenario macroeconómico recogido por el BCU, la previsión mediana para el Producto Bruto Interno es de un crecimiento de 1,87% en 2026, 1,85% en 2027 y 1,92% en 2028. Para 2026, el cálculo representa una revisión frente al 2,47% proyectado en julio del año anterior; las estimaciones de los analistas para ese período oscilan entre 1,50% y 2,30%.
La inflación esperada se ubica en 4,40% para 2026, con incrementos moderados a 4,45% en 2027 y 4,50% en 2028. Esta última cifra coincide con el objetivo de inflación fijado por el BCU. Uruguay mantiene un régimen de flotación independiente para su moneda desde la crisis financiera de 2002, después de haber utilizado en la década de 1990 un sistema de bandas de flotación frente al dólar.
