El cierre del euro a 27,32 pesos cubanos el 1 de julio de 2026 refleja mucho más que una variación diaria de mercado. Detrás de esa cifra se encuentra un proceso de unificación monetaria iniciado en 2021 que aún no ha logrado estabilizar las expectativas de los agentes económicos ni restaurar la confianza en el peso local.

La ligera baja del 0,08 % respecto al día anterior y la volatilidad contenida en 4,1 % contrastan con la persistencia de problemas estructurales que el propio Gobierno reconoce: escasez crónica, dolarización acelerada y un déficit fiscal que se mantiene en torno a los 74 500 millones de pesos. Estos elementos configuran un escenario donde la cotización de divisas actúa como termómetro de tensiones acumuladas durante más de dos décadas.
Del sistema dual a la unificación incompleta
Entre 1993 y 2020 Cuba mantuvo dos monedas de curso legal: el peso cubano (CUP) y el peso convertible (CUC). Esta dualidad permitió captar divisas en sectores como el turismo y las remesas, pero generó distorsiones profundas en la contabilidad empresarial y en los incentivos productivos. La tasa oficial de 24 CUP por dólar coexistía con un mercado informal donde el mismo dólar se cambiaba a 100 CUP o más, según los picos de demanda.
El llamado “Día Cero” del 1 de enero de 2021 eliminó el CUC e implantó una tasa única de 24 CUP por dólar. Sin embargo, la medida no fue acompañada de suficientes reservas internacionales ni de reformas que elevaran la oferta de bienes. Como resultado, la demanda de divisas se desplazó hacia el mercado paralelo, donde el euro y el dólar mantuvieron primas significativas. La cotización actual de 27,32 pesos por euro ilustra que esa brecha persiste y se ha estabilizado en niveles superiores a la paridad oficial.
Una economía de guerra con crecimiento proyectado del 1 %
El ministro de Economía y Planificación ha definido el contexto de 2026 como una “economía de guerra”. Esta caracterización no es retórica: entre 2020 y 2024 el PIB cubano se contrajo un 11 % y en 2024 registró una caída adicional del 1,1 %. La proyección de un crecimiento del 1 % para 2026 se apoya principalmente en la recuperación del turismo y en la exportación de servicios médicos, dos rubros que históricamente han aportado divisas frescas.
No obstante, el plan enfrenta riesgos concretos. La inflación prevista del 10 % sigue siendo elevada y la reducción de cinco puntos respecto al 14,07 % de 2025 depende de que la oferta de productos básicos mejore. Si la escasez persiste, el aumento de precios en el mercado formal podría trasladarse rápidamente al informal, erosionando el poder adquisitivo de los salarios estatales y profundizando la dolarización de facto que ya afecta a grandes segmentos de la población.
Dolarización y pérdida de soberanía monetaria
La creciente circulación del dólar y del euro dentro de la isla genera un círculo vicioso. Las empresas estatales y los trabajadores prefieren cobrar en divisas para protegerse de la inflación, lo que reduce la demanda de pesos cubanos y presiona aún más su valor. Esta dinámica debilita la capacidad del Banco Central para aplicar política monetaria efectiva y limita el margen fiscal del Estado.
Un ejemplo ilustrativo es el sector del turismo. Aunque se espera una mejora en 2026, los visitantes que pagan en euros o dólares encuentran precios más competitivos en el mercado informal que en las tiendas estatales que operan en pesos. Esta distorsión reduce los ingresos en divisas que el Gobierno necesita para importar alimentos y combustible, perpetuando la dependencia de exportaciones de servicios médicos que, aunque estables, no pueden compensar la caída estructural de la producción nacional.
Efectos sobre la migración y el tejido social
La inestabilidad cambiaria y la escasez han acelerado los flujos migratorios. Entre 2022 y 2025 decenas de miles de cubanos abandonaron el país, principalmente hacia Estados Unidos y España. Esta salida reduce la fuerza laboral calificada y disminuye el consumo interno, lo que a su vez afecta la recaudación fiscal y la capacidad de sostener el déficit de 74 500 millones de pesos proyectado para 2026.
En el mediano plazo, la combinación de inflación controlada solo parcialmente, dolarización y migración puede consolidar una economía de dos velocidades: una minoría con acceso a divisas que mantiene niveles de consumo aceptables y una mayoría que depende de salarios en pesos cada vez más depreciados. Este esquema erosiona la cohesión social y complica cualquier intento de atraer inversión extranjera directa, pese a las promesas oficiales de mayor transparencia.
Perspectivas de inversión extranjera y reformas pendientes
El Gobierno ha reiterado su interés en captar capital foráneo ofreciendo “mayores facilidades y garantías”. Sin embargo, la experiencia de los últimos años muestra que las reformas parciales no bastan cuando persisten riesgos cambiarios y escasez de insumos. Los inversores observan que la cotización del euro y el dólar en el mercado informal sigue marcando el verdadero costo de hacer negocios en Cuba.
Para que el crecimiento del 1 % proyectado se traduzca en una recuperación sostenida, sería necesario avanzar en la convertibilidad plena del peso y en la eliminación de los múltiples tipos de cambio que aún operan en la práctica. Mientras tanto, la volatilidad contenida del euro a 27,32 pesos puede interpretarse como una tregua temporal más que como señal de estabilización duradera.
El análisis de la cotización del 1 de julio de 2026 revela, en definitiva, que Cuba enfrenta una encrucijada estructural: sin reformas que restauren la confianza en el peso y amplíen la oferta de bienes, las variaciones diarias de divisas seguirán reflejando tensiones acumuladas más que el inicio de una nueva etapa de crecimiento equilibrado.
