El cierre del 15 de julio situó al euro en 27,52 pesos cubanos, un leve repunte del 0,77 por ciento frente al día anterior. Esta variación, aunque modesta, se inscribe en un escenario donde la moneda europea mantiene una presencia discreta pero constante en un mercado dominado por el dólar y por la escasez crónica de divisas. El dato adquiere mayor relieve cuando se observa el comportamiento interanual: una caída del 0,05 por ciento que refleja la fragilidad de cualquier recuperación cambiaria en un país que aún carga con los efectos de la unificación monetaria de 2021.
La trayectoria de la moneda cubana desde 2002
Desde principios de siglo, el peso cubano ha atravesado sucesivas devaluaciones que han modificado radicalmente su relación con las divisas extranjeras. En 2002 la paridad oficial era de 21 pesos por peso convertible; dos años después la brecha se amplió hasta 26 pesos. La decisión de 2005 de fijar el peso convertible en paridad con el dólar, más un impuesto del 10 por ciento, introdujo una pérdida efectiva del 12 por ciento en cada operación de cambio. Esa estructura se mantuvo hasta el “Día Cero” de 2021, cuando el peso convertible desapareció como moneda de curso legal y el peso cubano quedó como única referencia oficial a razón de 24 pesos por dólar. La medida, presentada como un ajuste contable, en la práctica equivalió a una devaluación que multiplicó la demanda de divisas en el mercado informal.
Condiciones estructurales que explican la volatilidad actual
La economía cubana acumula una contracción del 11 por ciento entre 2020 y 2024, con un retroceso adicional del 1,1 por ciento solo en el último año. Esa trayectoria descendente se explica por la combinación de baja productividad, restricciones externas y una dolarización progresiva que desplaza al peso en las transacciones de mayor valor. El tipo de cambio del euro, con una volatilidad del 5,13 por ciento inferior al promedio anual del 6,12 por ciento, indica cierta estabilización momentánea, pero también revela que el mercado sigue operando con márgenes estrechos y sin capacidad de absorber shocks externos de magnitud.

El ministro de Economía y Planificación ha descrito el entorno de 2026 como una “economía de guerra”, expresión que resume la persistencia de apagones, escasez de productos básicos y una inflación interanual que cerró 2025 en 14,07 por ciento. El pronóstico oficial apunta a reducir ese ritmo al 10 por ciento el próximo año, meta que requiere tanto contención del gasto público como incremento de la oferta de bienes y servicios. El déficit fiscal proyectado en 74.500 millones de pesos, equivalente a unos 3.100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas, mantiene un nivel similar al registrado en 2025 y limita el margen de maniobra para políticas expansivas.
Repercusiones en el turismo y los servicios médicos
Las autoridades cifran las esperanzas de crecimiento en una recuperación del turismo y en la exportación de servicios médicos. Ambos rubros representan fuentes tradicionales de divisas, pero enfrentan obstáculos estructurales: la infraestructura hotelera requiere inversiones que el país no puede financiar internamente, mientras que la salida de personal sanitario reduce la capacidad de cumplir contratos internacionales. Un incremento del 1 por ciento del PIB en 2026 dependerá, por tanto, de que se materialicen compromisos de inversión extranjera que hasta ahora han sido lentos en concretarse, a pesar de las promesas oficiales de mayor transparencia y facilidades regulatorias.
Efectos sociales y migratorios de la inestabilidad cambiaria
La depreciación sostenida del peso cubano frente al euro y al dólar ha acentuado la desigualdad entre quienes acceden a remesas o empleos en divisas y quienes dependen exclusivamente de salarios estatales. Esta brecha alimenta flujos migratorios que, entre 2022 y 2025, han alcanzado niveles históricos. La pérdida de capital humano calificado reduce a su vez la productividad interna y dificulta la ejecución de proyectos de inversión que requieren mano de obra especializada. El mercado negro de divisas, que en periodos anteriores llegó a cotizar el dólar a 100 pesos convertibles, sigue operando como válvula de escape, pero también introduce distorsiones adicionales en la formación de precios internos.
Perspectivas de inversión extranjera y riesgos sistémicos
El Gobierno ha reiterado la necesidad de atraer capital externo para modernizar sectores clave. Sin embargo, la combinación de déficit fiscal elevado, inflación persistente y un marco jurídico que aún presenta zonas grises desalienta compromisos de largo plazo. Casos recientes de empresas que iniciaron operaciones y luego enfrentaron restricciones para repatriar utilidades ilustran el dilema: las facilidades anunciadas chocan con la realidad de una economía que carece de reservas suficientes para garantizar convertibilidad plena. En ese contexto, cualquier apreciación del euro frente al peso cubano, como la observada el 15 de julio, tiene efectos limitados sobre la capacidad de pago de importaciones o sobre el poder adquisitivo de la población.
La trayectoria del tipo de cambio del euro en Cuba no es un fenómeno aislado, sino el reflejo de desequilibrios acumulados durante más de dos décadas. Las proyecciones para 2026 indican que el país intentará estabilizar variables macroeconómicas sin resolver las restricciones estructurales que han impedido recuperaciones sostenidas desde 2020. El resultado probable es un crecimiento marginal del 1 por ciento que, de materializarse, apenas compensaría parte de la contracción previa y dejaría intactos los desafíos de escasez, dolarización y emigración.
