El euro en República Dominicana: tensiones ocultas tras la estabilidad

El 14 de julio el euro abrió a 66,53 pesos dominicanos, un avance diario del 0,44 % frente al cierre previo de 66,24. En la última semana la divisa europea retrocedió 0,53 % y en el año acumula una caída de 8,92 %. La volatilidad actual se sitúa en 5,54 %, muy por debajo del promedio de referencia del 12,29 %. Estos datos, tomados de la cotización de apertura, revelan una calma relativa que contrasta con las proyecciones del Banco Central y del informe de UBS Financial Services para 2026.

Variables que realmente mueven el tipo de cambio

Las decisiones simultáneas del Banco Central de la República Dominicana y de la Reserva Federal de Estados Unidos constituyen el primer ancla. Una reducción más lenta de las tasas locales frente a un posible recorte agresivo en Washington podría ampliar el diferencial de rendimientos y presionar al peso. Al mismo tiempo, la demanda de dólares para importar bienes de capital y la recuperación del turismo configuran flujos estacionales que el mercado aún no internaliza por completo.

El informe de UBS añade un tercer elemento: el estímulo fiscal aprobado para 2025 eleva el gasto de capital en 0,4 % del PIB y amplía el déficit global a 3,5 %. Para 2026 el Ministerio de Hacienda busca reducir ese déficit a 3,2 % y alcanzar un superávit primario de 0,5 %. Si el Congreso aprueba nuevos desembolsos antes de las elecciones, la presión sobre el tipo de cambio podría intensificarse más rápido de lo previsto.

El euro en República Dominicana: tensiones ocultas tras la estabilidad

Perspectivas enfrentadas entre exportadores y importadores

Los sectores exportadores de servicios y remesas ven con buenos ojos la depreciación gradual que anticipa el Banco Central: 66,35 pesos en septiembre de 2026 y 69,15 un año después. Un peso más débil mejora la competitividad del turismo y eleva el valor en moneda local de las remesas, que representan cerca del 8 % del PIB. En cambio, los importadores de maquinaria y materias primas enfrentan costos crecientes que podrían trasladarse a precios internos y erosionar márgenes.

El gobierno, por su parte, necesita mantener la deuda pública bruta en torno al 58 % del PIB. Una depreciación acelerada encarecería el servicio de la deuda en dólares y complicaría el objetivo de superávit primario. Así, las tres partes operan con horizontes temporales distintos y objetivos que no siempre coinciden.

Una apreciación reciente que puede revertirse

El euro se ha fortalecido frente al peso en días recientes, pero la tendencia interanual sigue siendo bajista. Esta discrepancia sugiere que el mercado está descontando un repunte temporal de la demanda turística estival más que un cambio estructural. Si el turismo no supera las metas de 2025, el flujo de dólares podría debilitarse y acelerar la depreciación ya prevista por el Banco Central.

Riesgos que el mercado aún subestima

El propio informe de UBS advierte sobre eventos climáticos adversos y desafíos de gobernabilidad. Un huracán de categoría alta en el Caribe oriental podría reducir los ingresos por turismo hasta un 15 % en un trimestre, según estimaciones históricas del Banco Central. Esa caída de divisas coincidiría con el periodo de mayor presión estacional por importaciones de fin de año, amplificando la volatilidad del tipo de cambio.

Otro riesgo radica en la inversión extranjera directa. UBS proyecta entradas netas de 3,5-4,0 % del PIB, concentradas en turismo, energía e inmobiliario. Si las tasas de interés en Estados Unidos permanecen altas por más tiempo, parte de esos flujos podría desviarse hacia mercados con menor percepción de riesgo político. Una reducción de solo un punto porcentual en la IED neta dejaría sin cubrir entre 300 y 400 millones de dólares del déficit en cuenta corriente, estimado en 2-2,5 % del PIB para 2026.

El equilibrio fiscal como variable decisiva

El presupuesto suplementario de 2025 y las metas de 2026 reflejan un intento deliberado de sostener el crecimiento mediante gasto de capital. Sin embargo, si los ingresos tributarios no acompañan el ritmo proyectado, el gobierno podría verse obligado a emitir más deuda o a recortar inversión social. Cualquiera de esas opciones enviaría señales mixtas al mercado cambiario y podría erosionar la confianza que hoy sostiene la baja volatilidad.

En ese contexto, la estabilidad observada en julio de 2026 parece más el resultado de flujos estacionales que de fundamentos sólidos. Los agentes económicos que planean operaciones a mediano plazo deben considerar que la trayectoria de depreciación controlada anunciada por el Banco Central sigue siendo el escenario base, pero cualquier desviación fiscal o climática podría acortar los plazos y ampliar el rango de movimiento del euro frente al peso dominicano.

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