El legado que convirtió la ExpoGan en institución

El reconocimiento otorgado por la Unión Ganadera Regional de Sonora (UGRS) a Sergio Torres Serrano, “Peque” Torres, rebasa el carácter protocolario de un aniversario. A 90 años de la fundación de la organización, el homenaje a quien la presidió entre 1981 y 1986 recupera un periodo en que la ganadería sonorense enfrentaba la necesidad de modernizar sus mecanismos de representación, ampliar su interlocución nacional y construir espacios propios para exhibir su capacidad productiva. La creación de la primera ExpoGan, celebrada en 1983, fue una de las expresiones más visibles de esa estrategia.

La decisión del actual Consejo Directivo, encabezado por Juan Carlos Ochoa Valenzuela, de visitar y reconocer a los expresidentes de la UGRS también tiene una lectura institucional. En un sector marcado por ciclos sanitarios, variaciones de precios, dependencia de mercados externos y condiciones climáticas cada vez más exigentes, la memoria organizativa no es sólo un ejercicio conmemorativo: permite identificar las decisiones que ayudaron a consolidar estructuras de representación que siguen siendo relevantes para miles de productores.

Una ganadería que buscaba voz propia

Durante las décadas previas a los años ochenta, Sonora había fortalecido su lugar como una de las entidades ganaderas más importantes de México, particularmente por su producción de bovinos y por los vínculos comerciales establecidos con Estados Unidos. Sin embargo, el crecimiento del hato y de las exportaciones no resolvía por sí mismo los desafíos del sector. Los productores necesitaban organizaciones capaces de gestionar trámites, defender intereses comunes, promover mejores prácticas y representar a la entidad frente a autoridades federales, compradores y organismos nacionales.

La UGRS, fundada en 1936, se convirtió en una pieza central de esa arquitectura. Su función no se limitó a agrupar asociaciones locales: con el tiempo, asumió tareas relacionadas con la sanidad animal, la comercialización, la capacitación y la interlocución política. Esa evolución explica por qué las presidencias de la organización suelen estar asociadas con proyectos de largo alcance. Las decisiones tomadas por sus dirigencias no impactan únicamente a los ranchos de mayor tamaño; también inciden en pequeños y medianos productores cuya capacidad individual para acceder a información, servicios o mercados es más limitada.

Cuando Sergio Torres Serrano asumió la presidencia en 1981, el sector atravesaba una etapa de transformación. La incorporación de tecnología, la mejora genética, los sistemas de registro y el fortalecimiento de la sanidad animal comenzaban a ocupar un lugar más visible en la competitividad ganadera. En ese contexto, modernizar una organización gremial significaba crear canales permanentes para que el conocimiento técnico y la representación colectiva llegaran al territorio.

El hecho de que durante aquella administración Sonora recibiera por primera vez la asamblea anual de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas (CNOG) debe entenderse bajo esa misma lógica. Ser sede de un encuentro nacional no era simplemente una distinción ceremonial. Implicaba colocar a los productores sonorenses en el centro de las discusiones sobre políticas pecuarias, sanidad, abasto, infraestructura y comercio. Para una entidad fronteriza, donde las decisiones regulatorias pueden afectar de forma inmediata la movilidad del ganado y las oportunidades de venta, esa presencia nacional tenía consecuencias prácticas.

La ExpoGan como infraestructura social

La primera ExpoGan de 1983 es, probablemente, el componente más perdurable del legado atribuido a Torres Serrano. Con frecuencia, las exposiciones ganaderas son vistas únicamente como fiestas regionales o escaparates comerciales. Esa definición resulta incompleta. En su origen, una exposición de este tipo constituye una infraestructura social y económica: concentra animales, compradores, proveedores, técnicos, instituciones educativas, familias y autoridades en un mismo espacio. Su valor reside en la posibilidad de hacer visible una cadena productiva que normalmente opera de manera dispersa en ranchos, carreteras, centros de acopio y corrales.

Para un productor, exhibir ganado puede abrir oportunidades de comercialización, facilitar el intercambio de información sobre razas y prácticas de manejo, e incentivar la mejora de estándares. Para empresas proveedoras, el evento funciona como punto de contacto con clientes que requieren maquinaria, alimento, servicios veterinarios, genética, seguros o soluciones de transporte. Para el público urbano, en cambio, la ExpoGan permite observar de forma directa una actividad que influye en el empleo rural, el abasto alimentario y la identidad económica de Sonora, aunque con frecuencia permanezca fuera de la conversación cotidiana.

La permanencia de la ExpoGan durante más de cuatro décadas muestra que el proyecto trascendió a una administración específica. La clave de esa continuidad fue haber creado un recinto y una tradición con capacidad de renovarse. Una feria puede perder relevancia si sólo reproduce fórmulas festivas; se vuelve estratégica cuando conserva su vínculo con la actividad productiva, incorpora innovación y mantiene una interlocución real entre campo y ciudad. Esa es la diferencia entre un evento anual y una institución regional.

Del prestigio gremial a la economía regional

El impacto de una exposición ganadera no se reduce a los días de apertura. Su organización activa servicios de logística, montaje, alimentación, hospedaje, seguridad, limpieza, transporte y comercio local. En una ciudad como Hermosillo, la concentración de visitantes y participantes puede generar derrama para pequeñas empresas y trabajadores temporales. Pero el efecto económico más significativo es menos inmediato: la feria ayuda a sostener una marca territorial asociada a la capacidad ganadera de Sonora.

Las marcas territoriales importan especialmente en mercados donde la confianza sanitaria y la reputación productiva son determinantes. El ganado sonorense ha construido históricamente una presencia relevante en el intercambio con Estados Unidos, un mercado que exige controles rigurosos. La reciente atención del sector a los ajustes cuarentenarios y a la reanudación de exportaciones confirma que la competitividad depende tanto de la calidad del animal como de la capacidad institucional para responder a restricciones sanitarias.

En ese sentido, la ExpoGan puede cumplir una función pedagógica y estratégica si aprovecha su visibilidad para explicar por qué la trazabilidad, la inspección veterinaria y la prevención de enfermedades son asuntos que afectan a toda la cadena. Un brote o una alerta sanitaria no perjudica sólo a quien posee ganado: puede cerrar rutas comerciales, reducir ingresos familiares, alterar precios y exigir gastos extraordinarios de vigilancia. La experiencia de distintos estados y países demuestra que recuperar el estatus sanitario tras una restricción puede tomar mucho más tiempo que el requerido para perderlo.

El peso de la representación nacional

La trayectoria de Torres Serrano incluyó también la presidencia de la CNOG, desde donde llevó la representación de los productores sonorenses al ámbito nacional. Esta faceta revela una característica estructural de la ganadería: muchas de sus decisiones críticas se toman fuera del rancho. Normas sanitarias, programas de apoyo, reglas de movilización, esquemas de financiamiento, acuerdos comerciales y políticas de agua se definen en distintos niveles de gobierno y requieren organizaciones con capacidad técnica y política para defender posiciones.

La representación gremial, sin embargo, enfrenta un reto permanente: no confundir unidad con homogeneidad. Sonora reúne productores de escalas, regiones y condiciones muy distintas. Las necesidades de un rancho orientado a la exportación no siempre coinciden con las de una unidad familiar afectada por sequía, altos costos de alimento o falta de relevo generacional. La fortaleza de una unión regional depende de su capacidad para traducir esa diversidad en agendas comunes sin invisibilizar a los sectores con menor capacidad de negociación.

El aniversario 90 de la UGRS abre una oportunidad para revisar esa misión. Reconocer a expresidentes puede contribuir a transmitir valores de continuidad, pero el homenaje tendrá mayor alcance si deriva en conversaciones sobre los desafíos del presente. La institución que impulsó la modernización tecnológica en los años ochenta debe preguntarse ahora cómo acompañar la digitalización de registros, el uso eficiente del agua, la adaptación a temperaturas extremas y la incorporación de jóvenes a una actividad cuya edad promedio de productores tiende a aumentar.

Sequía, sanidad y relevo generacional

El horizonte actual de la ganadería sonorense está marcado por presiones que no existían con la misma intensidad cuando se organizó la primera ExpoGan. La sequía prolongada obliga a replantear la carga animal, el manejo de agostaderos, la disponibilidad de forrajes y las reservas de agua. No se trata sólo de una contingencia climática: la recurrencia de periodos secos modifica los costos de producción y puede acelerar la venta forzada de animales, debilitando la capacidad de recuperación de los ranchos.

Al mismo tiempo, la integración con el mercado estadounidense representa una ventaja y una vulnerabilidad. La cercanía geográfica y la tradición exportadora ofrecen oportunidades, pero también someten al sector a exigencias sanitarias y a decisiones regulatorias externas. La respuesta no puede ser únicamente reactiva. Requiere inversión constante en vigilancia epidemiológica, identificación del ganado, capacitación y coordinación entre productores, gobiernos y organismos nacionales.

La discusión generacional añade otra dimensión. Para que la ganadería siga siendo viable, debe ofrecer condiciones económicas y tecnológicas que hagan atractivo el relevo familiar y profesional. Herramientas de monitoreo, registros digitales, selección genética y modelos de comercialización más transparentes pueden acercar a nuevas generaciones, pero sólo si se acompañan de acceso a financiamiento, conectividad rural y formación técnica. La tradición, por sí sola, no garantiza continuidad.

Un homenaje que interpela al futuro

La entrega del reconocimiento a Sergio “Peque” Torres Serrano adquiere así una dimensión más amplia que la evocación de una gestión destacada. Su administración representa un momento en que la UGRS apostó por ganar presencia nacional, incorporar modernización y crear una plataforma pública para el sector. La ExpoGan, surgida en 1983, permanece como evidencia de que una iniciativa gremial puede convertirse en patrimonio social cuando logra conectar la producción con la vida urbana y con la economía regional.

La serie de homenajes anunciada por la UGRS puede ayudar a reconstruir una historia institucional necesaria para entender el presente. Pero su mayor valor estará en usar esa memoria como criterio de responsabilidad. En una etapa de riesgos sanitarios, presión ambiental y competencia comercial, la unidad que la organización busca preservar debe traducirse en decisiones verificables: mayor prevención, mejor información para los productores, inclusión de unidades pequeñas y una visión de sustentabilidad que permita a la ganadería sonorense seguir siendo competitiva sin ignorar los límites de su territorio.

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