La celebración del Mundial de Futbol convirtió el flujo de visitantes y el consumo asociado al torneo en un impulso relevante para la economía mexicana. El país recibió 7.8 millones de viajeros nacionales e internacionales, mientras la derrama turística alcanzó 42 mil 276 millones de pesos, 44% más que en el mismo periodo del año anterior, de acuerdo con indicadores de la Secretaría de Turismo federal.
El impacto rebasó los estadios
Ciudad de México concentró buena parte de los beneficios. Según el informe presentado por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, la capital captó una derrama de 44 mil millones de pesos. Junio, además, fue el mes con mayor creación de empleo formal, con 100 mil nuevas plazas a escala nacional.

La actividad se extendió a hoteles, restaurantes, transporte, comercio minorista y pequeñas empresas. Datos de Visa muestran un aumento de 41% en las transacciones transfronterizas realizadas en las tres sedes y de 37% en los alrededores de estadios y zonas oficiales de Fan Fest. Las pequeñas y medianas empresas elevaron 33% sus operaciones internacionales, mientras el gasto en entretenimiento, souvenirs y experiencias temáticas creció 511%.
El efecto también alcanzó a grandes compañías de consumo. La principal panificadora del país reportó un incremento de 4.7% en sus ventas netas del segundo trimestre, una señal de que el torneo impulsó categorías ajenas al deporte. Sin embargo, las cifras de derrama nacional y capitalina parecen corresponder a ámbitos de medición distintos; por ello, no deben sumarse sin una metodología común.
El desafío económico comienza después del evento: transformar el aumento temporal de visitantes, liquidez y empleo en inversión permanente, cadenas de suministro más sólidas y mayor productividad para los negocios locales. El Mundial demostró la capacidad de activar la demanda; su impacto duradero dependerá de cuánto de ese impulso se traduzca en infraestructura, formalización y consumo recurrente.
