Los adultos que compran juguetes, coleccionables y productos vinculados a sus aficiones han convertido la cultura “kidult” en un mercado de 1.200 millones de euros anuales en España. El sector prevé crecer entre un 4 % y un 6 % cada año hasta 2030, cuando podría acercarse a los 1.500 millones de euros.
El negocio se concentra principalmente en juguetes y artículos de colección, con 550 millones de euros, seguido del “gaming”, con 300 millones. El cómic y el anime aportan 175 millones, la moda 100 millones y los eventos 75 millones. A escala mundial, la actividad mueve unos 90.000 millones de dólares y podría alcanzar los 110.000 millones en cuatro años.

La afición se convierte en consumo recurrente
El crecimiento no depende solo de las compras navideñas o de cumpleaños. Los lanzamientos, las redes sociales y la identificación con personajes o comunidades han creado un consumo más frecuente y emocional. El movimiento fan explica entre el 40 % y el 50 % de las ventas, mientras que un estreno relevante puede elevar entre un 20 % y un 50 % la demanda de productos relacionados durante su principal periodo comercial.
Las diferencias generacionales también determinan la compra. La generación Z descubre tendencias en TikTok e Instagram, especialmente mediante vídeos de “unboxing”, mientras los millennials responden más a la conexión emocional con una licencia. El 38 % de los compradores reconoce buscar una gratificación inmediata y el 58 % afirma coleccionar de forma habitual. La fantasía lidera las preferencias, seguida de los superhéroes, Disney y Pixar, la ciencia ficción, los videojuegos y el anime y el manga.
Para la industria juguetera, el segmento ofrece una vía de diversificación ante la baja natalidad y el menor tiempo de juego infantil. Las tiendas tradicionales y los grandes almacenes ya amplían sus espacios para este público, cuyo gasto es superior al del consumidor infantil. El 45 % de los adultos destina entre 20 y 50 euros mensuales a estas compras, aunque los coleccionistas más intensivos superan ampliamente los 250 o 400 euros anuales estimados para un consumidor activo. La clave comercial está en transformar una afición ocasional en una relación continua con la marca, la historia o la comunidad.
