Los futuros del café experimentaron una volatilidad extrema en apenas dos sesiones bursátiles: primero un alza del 16 % seguida de una caída cercana al 9 %. Los analistas atribuyen este movimiento a la liquidación apresurada de posiciones especulativas ante la creciente incertidumbre sobre la intensidad de El Niño. Este comportamiento del mercado ya no es un fenómeno aislado de los meteorólogos; se ha convertido en una variable que Morgan Stanley, Bradesco BBI y Saxo Bank incorporan de forma explícita en sus modelos de riesgo.
La severidad como factor determinante
Morgan Stanley ha desplazado el debate desde la probabilidad de que ocurra el fenómeno hacia la magnitud, duración y sincronización de sus efectos con los ciclos económicos de cada país. En escenarios adversos, el banco proyecta incrementos sostenidos de la inflación que podrían alcanzar 168 puntos básicos en Brasil, 132 en Colombia y 209 en Perú, mientras que México registraría un impacto más moderado. Estas estimaciones se basan en el encarecimiento progresivo de alimentos frescos que, hacia finales de 2026 y durante el primer semestre de 2027, se extendería a granos, lácteos y productos procesados.

Commodities con mayor exposición
Entre las materias primas, el azúcar presenta el mayor margen de alza debido a la escasez de lluvias en India, Tailandia y el sudeste asiático, sumada a posibles problemas de producción en Brasil. El aceite de palma enfrenta riesgos similares por sequía en Indonesia y Malasia. Los granos, en cambio, muestran un comportamiento diferenciado: Argentina y el sur de Brasil podrían beneficiarse de mayores precipitaciones, mientras que el centro-oeste brasileño, principal zona productora de soja y maíz, enfrentaría condiciones más secas. El cacao, tras la fuerte subida de 2024 y la posterior normalización, aparece nuevamente vulnerable ante un posible “Superniño” que alcanzaría su mayor intensidad en la segunda mitad de 2026.
Economías más expuestas
Bradesco BBI identifica a Brasil, Colombia y Perú como las economías más frágiles por la combinación de alta inflación alimentaria, peso del sector agrícola en el PIB y dependencia de la generación hidroeléctrica. Chile representa un caso atípico: suele beneficiarse de mejores condiciones hídricas para sus empresas eléctricas, aunque la minera Antofagasta queda expuesta a posibles interrupciones logísticas. La Organización Meteorológica Mundial ya advirtió en junio sobre la presencia de aguas inusualmente cálidas en el Pacífico tropical, condición que eleva el riesgo de eventos meteorológicos extremos en los próximos meses.
Repercusiones en cadenas globales
Saxo Bank amplía el análisis más allá de los productores regionales y señala que toda la cadena de suministro agrícola se verá afectada. Fabricantes de alimentos, empresas de bebidas, distribuidores y comerciantes enfrentarán incrementos simultáneos en materia prima, logística y transporte. Estos ajustes de precios pueden propagarse a las cadenas globales de suministro, alterando márgenes y requerimientos de capital de trabajo en múltiples industrias. Los bancos centrales de la región, que suelen ignorar shocks de primera ronda, comienzan a monitorear con atención la interacción entre estos aumentos, la devaluación de monedas locales y la indexación de contratos.
Preparación sectorial y financiera
El impacto no será uniforme ni inmediato. Dependerá de la estructura productiva de cada país, de la exposición bursátil de las empresas y de la capacidad de los actores financieros para ajustar coberturas y modelos de riesgo. Los sectores productores y las instituciones financieras deberán anticipar escenarios de precios más elevados y de interrupciones logísticas, integrando variables climáticas en sus decisiones de inversión y financiamiento con mayor rigor que en ciclos anteriores.
