El fenómeno de El Niño, cuando alcanza intensidades superiores a las registradas en décadas recientes, podría amplificar sus efectos sobre la economía mundial en un planeta que ya experimenta temperaturas medias elevadas por el cambio climático. Especialistas advierten que la combinación de un episodio fuerte con un fondo de calentamiento global incrementa la probabilidad de pérdidas económicas directas e indirectas en múltiples regiones.
Escenario actual y proyecciones
Los modelos climáticos indican que un evento de magnitud similar al denominado “Súper El Niño” podría desarrollarse entre finales de 2026 y 2027. A diferencia de episodios anteriores, este ocurriría sobre un océano y una atmósfera ya alterados por emisiones acumuladas de combustibles fósiles. La temperatura base más alta reduce el margen necesario para que se generen anomalías extremas, lo que eleva el riesgo de que sequías prolongadas o lluvias torrenciales superen los umbrales históricos de impacto.
Investigaciones publicadas en los últimos años han cuantificado cómo los episodios intensos de El Niño reducen el crecimiento del PIB en países vulnerables entre 0,5 y 2 puntos porcentuales en el año posterior al evento. Las causas principales son la destrucción de capital físico, la interrupción de cadenas de suministro y la volatilidad de los precios de alimentos básicos.
Sectores productivos bajo presión
La agricultura figura entre los rubros más expuestos. Cultivos como maíz, arroz, trigo, café y diversas frutas tropicales sufren tanto por déficit hídrico prolongado como por exceso de precipitaciones que favorecen enfermedades fúngicas. La reducción de cosechas en regiones exportadoras clave puede traducirse en alzas sostenidas de precios internacionales y en presiones inflacionarias locales.
La infraestructura enfrenta daños recurrentes por inundaciones, deslizamientos y tormentas costeras. Carreteras, puentes, puertos y líneas de transmisión eléctrica requieren reparaciones costosas que desplazan recursos públicos de inversión productiva hacia reconstrucción. Cuando estos daños afectan zonas de extracción o procesamiento, las cadenas logísticas se fragmentan y generan escasez temporal de bienes.

La pesca comercial padece alteraciones en la distribución de especies debido al calentamiento de las aguas superficiales. El desplazamiento de cardúmenes reduce capturas en zonas tradicionales y obliga a las flotas a recorrer mayores distancias, elevando costos operativos y disminuyendo márgenes de los productores.
Turismo y servicios
Los destinos turísticos dependientes de condiciones climáticas estables también registran caídas en la demanda cuando se presentan eventos extremos. Cancelaciones de reservas, cierre temporal de instalaciones y percepción de riesgo afectan hoteles, restaurantes y comercios locales. En economías donde el turismo representa más del 10 % del PIB, estas contracciones se propagan rápidamente al empleo estacional y a los ingresos fiscales.
Transmisión de efectos globales
La interconexión de los mercados de alimentos y energía amplifica el alcance geográfico de los impactos. Una merma significativa en la producción sudamericana de soja o en la cosecha asiática de arroz puede modificar los flujos comerciales mundiales y alterar balanzas comerciales de países importadores netos. Al mismo tiempo, el encarecimiento de insumos básicos reduce el poder adquisitivo de los hogares y puede moderar el consumo privado en economías avanzadas.
Los gobiernos enfrentan decisiones simultáneas de asignación presupuestaria entre respuesta inmediata a desastres y mantenimiento de programas de desarrollo a mediano plazo. La experiencia de eventos pasados muestra que la reconstrucción suele absorber recursos durante varios ejercicios fiscales, limitando el espacio para otras prioridades.
Incertidumbres y variables pendientes
Aunque existe consenso sobre la dirección de los efectos, persisten dudas sobre la magnitud precisa que alcanzará el próximo episodio. Factores como la intensidad máxima que logre el fenómeno, la distribución espacial de las anomalías de precipitación y la capacidad de respuesta de cada país determinan el saldo final. Los organismos internacionales recomiendan reforzar sistemas de alerta temprana y mecanismos de financiamiento contingente para reducir la brecha entre el costo de los daños y los recursos disponibles para su atención.
La preparación previa, que incluye diversificación de cultivos, refuerzo de infraestructura crítica y reservas estratégicas de alimentos, puede atenuar parte de las pérdidas esperadas. Sin embargo, la escala del desafío exige coordinación entre países y sectores, dado que los efectos de El Niño no respetan fronteras nacionales.
