El Nou Mestalla entra en la fase que define la forma y la viabilidad de su cubierta

El Valencia ha iniciado el izado de la estructura principal de la cubierta del Nou Mestalla, una maniobra que sitúa las obras en uno de sus momentos técnicamente más delicados. El trabajo no consiste solo en elevar piezas de gran tamaño: implica transformar una red de elementos montada provisionalmente sobre el terreno de juego en la configuración definitiva que deberá cubrir el estadio. De la precisión de este proceso dependerán tanto la estabilidad de la futura cubierta como el avance ordenado de las siguientes fases de construcción.

El club prevé completar el nuevo estadio en el verano de 2027, con el objetivo de estrenar la instalación durante la temporada 2027-2028. El inicio de esta operación ofrece, por tanto, una referencia concreta sobre el ritmo de ejecución: la obra ha alcanzado el punto en el que los grandes componentes visibles del recinto deben empezar a integrarse de forma permanente. La cubierta será uno de los rasgos arquitectónicos más reconocibles del Nou Mestalla y también una pieza funcional decisiva para proteger las gradas y alojar infraestructuras técnicas.

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Una elevación coordinada, no un simple montaje

La complejidad de la operación procede de la necesidad de mover y fijar varios elementos a la vez. La estructura está formada por cables radiales superiores e inferiores, componentes anulares, conectores, péndolas rígidas y flexibles, además de refuerzos específicos. Todos ellos deben alcanzar una posición exacta respecto al anillo de compresión que rodea el estadio. No basta con que cada pieza llegue a su cota prevista: la geometría conjunta debe mantenerse dentro de los parámetros calculados para que las cargas se distribuyan como establece el proyecto.

Para lograrlo, los trabajos emplean gatos hidráulicos instalados sobre ese anillo de compresión y operados mediante elevación sincronizada. Esta tecnología permite controlar el desplazamiento de los distintos puntos de la red de cables y corregir desviaciones durante la maniobra. En una cubierta de este tipo, una diferencia de tensión o de posición entre elementos conectados puede alterar el comportamiento del conjunto. El seguimiento permanente de la carga y la forma estructural es, por ello, una condición de seguridad y no una cuestión meramente estética.

El anillo que ordena las fuerzas del estadio

El anillo de compresión cumple una función central en la lógica de la cubierta. Actúa como el elemento perimetral que recibe y canaliza los esfuerzos generados por los cables, mientras la red radial permite cubrir grandes luces sin llenar el espacio interior de apoyos. Esta solución responde a una necesidad clara en un estadio moderno: preservar la visibilidad de los espectadores y, al mismo tiempo, sostener una envolvente capaz de resistir peso propio, viento, variaciones de temperatura y cargas asociadas al mantenimiento.

La elección de una estructura tensionada explica por qué el izado se ejecutará de manera progresiva durante las próximas semanas. Primero se elevarán los cables radiales; después se incorporarán secuencialmente las péndolas, se montarán los puntales estructurales y se realizará el tensado final. Cada paso modifica el estado de fuerzas de la cubierta. Por eso la secuencia de obra forma parte del diseño: levantar los elementos en otro orden o aplicar las tensiones sin la coordinación prevista comprometería el equilibrio que la estructura necesita para adquirir rigidez.

Del terreno de juego a la imagen definitiva

Hasta ahora, buena parte de la cubierta se encontraba en una condición de montaje provisional a nivel del terreno de juego. Esa disposición facilitaba el ensamblaje de piezas, las revisiones y las conexiones iniciales, pero no representaba la forma final del sistema. El izado marca el paso de una obra preparada para ser construida a una estructura preparada para trabajar. Esa diferencia es relevante porque permite verificar, en condiciones cada vez más próximas a las definitivas, si la respuesta real de los materiales coincide con las previsiones de ingeniería.

Una vez concluida esta maniobra, el calendario contempla la instalación de la estructura secundaria, las pasarelas técnicas, los arcos y la membrana exterior. Las pasarelas no son un añadido menor: darán acceso a equipos e instalaciones que requerirán inspección y mantenimiento durante la vida útil del estadio. Los arcos y la membrana, por su parte, completarán la lectura visual de la cubierta. La apariencia final del Nou Mestalla dependerá de estas capas posteriores, pero solo será posible si la red principal queda correctamente estabilizada en esta fase.

Una prueba de consistencia para el calendario

El avance tiene un valor que trasciende el componente constructivo. La larga historia del proyecto ha convertido cada hito verificable en un indicador de credibilidad sobre su culminación. El arranque del izado no elimina los riesgos propios de una obra compleja, pero sí muestra que el proyecto ha dejado atrás etapas preparatorias para entrar en trabajos cuya continuación encadena directamente otros frentes. Cuando una cubierta principal se consolida, las tareas de acabado, instalaciones, recorridos técnicos y envolvente exterior pueden planificarse con una dependencia más clara entre sí.

La clave será mantener esa continuidad sin que la complejidad del izado genere retrasos en las operaciones posteriores. El Valencia no solo necesita terminar un edificio; necesita entregar un recinto operativo, seguro y listo para albergar competición en el plazo anunciado. La cubierta concentra esa exigencia: debe resolver una ambición arquitectónica, responder a criterios estructurales y permitir el funcionamiento cotidiano del estadio. El trabajo iniciado este viernes convierte esos objetivos, hasta ahora expresados principalmente en planos y calendarios, en una realidad física sometida a la precisión de la obra.

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