El oro y el resto de los principales metales enfrentaron una jornada de fuertes pérdidas al comenzar septiembre, en un mercado condicionado por el repunte de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, la apreciación del dólar y la expectativa de que la Reserva Federal mantenga una política monetaria restrictiva. El oro al contado cerró en 4,323.19 dólares por onza, con una caída diaria de 2.90%, su tercera sesión consecutiva a la baja.
La corrección ha reducido de forma significativa el avance acumulado del metal precioso. En los últimos tres días, el oro perdió 6.03%, mientras que desde el 25 de agosto registra un descenso de 7.20%. Además, terminó en su nivel más bajo desde el 6 de agosto, cuando cotizó en 4,240.42 dólares por onza. Pese a la magnitud de los movimientos recientes, su rendimiento en lo que va del año se mantiene apenas positivo, con un incremento de 0.19%.
El mercado de deuda vuelve a marcar el rumbo
El principal foco de presión estuvo en el mercado de bonos. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años subió a 4.8%, su nivel más alto desde enero de 2025, mientras que la tasa del bono a 30 años superó 5.27% durante la sesión. Estos niveles encarecen el financiamiento y aumentan el atractivo relativo de los instrumentos que pagan intereses frente a activos como el oro, que no genera rendimientos periódicos.
El movimiento tiene consecuencias que van más allá de los mercados financieros. Las tasas del Tesoro sirven como referencia para distintos créditos en Estados Unidos, incluidas las tarjetas de crédito, los préstamos hipotecarios y el financiamiento corporativo. Cuando los rendimientos suben, el costo del dinero tiende a aumentar, lo que puede enfriar el consumo y la inversión, pero también fortalecer la demanda por dólares y reducir el interés especulativo en los metales.

Jim Wyckoff, de American Gold Exchange, señaló que el mercado observa una presión vendedora de carácter técnico, agravada por rendimientos de bonos en distintos países que alcanzan niveles no vistos en años. Esta combinación modifica el equilibrio que normalmente favorece al oro en periodos de incertidumbre: aunque el metal conserva su función de refugio, la renta fija ofrece ahora una compensación más elevada por mantener posiciones denominadas en dólares.
Inflación energética y señales restrictivas de la Fed
La presión sobre el oro también se relaciona con el aumento de la volatilidad en Medio Oriente y el repunte del petróleo por encima de los 90 dólares por barril. El encarecimiento de la energía reavivó las preocupaciones sobre la inflación, especialmente porque los costos energéticos pueden trasladarse al transporte, la producción industrial y los precios al consumidor.
Felipe Mendoza, analista de Mercados en EBC Financial Group, explicó que la escalada geopolítica en el Estrecho de Ormuz desencadenó una reacción en cadena sobre las variables macroeconómicas globales. A su juicio, el petróleo más caro fortaleció de inmediato las expectativas inflacionarias, mientras que las declaraciones restrictivas formuladas por el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, y otros funcionarios elevaron las apuestas sobre una eventual subida de tasas.
Las estimaciones citadas en el mercado apuntan a una probabilidad cercana a 70% de que la Fed incremente su tasa de referencia. La expectativa se reforzó después de las declaraciones realizadas en Jackson Hole, de la reunión del G20 y de los mensajes de representantes de la autoridad monetaria, entre ellos Joseph Barr. El argumento central es que, si las presiones inflacionarias no ceden, la Reserva Federal podría mantener una postura firme en septiembre e incluso considerar un aumento adicional.
La plata y el cobre amplían el retroceso
La liquidación no se limitó al oro. La plata cerró en 64.81 dólares por onza, con una caída de 3.26%, y acumuló también tres sesiones negativas, para un descenso de 7.32%. Su comportamiento refleja la doble naturaleza del metal: además de ser un activo de inversión, tiene una exposición importante a la actividad industrial, por lo que puede resentir tanto el endurecimiento financiero como las dudas sobre el crecimiento.
El cobre bajó 2.22%, a 6.53 dólares por libra. Los futuros del paladio retrocedieron 4.37% y el platino perdió 2.74%; ambos metales sumaron su segunda jornada consecutiva de pérdidas. La amplitud del ajuste sugiere que el mercado está reduciendo posiciones en materias primas de manera generalizada, en lugar de castigar únicamente a los metales considerados refugio.
Las mineras reflejan el impacto en las acciones
Las empresas mineras también terminaron en rojo. El ETF VanEck Gold Miners, que agrupa acciones de compañías productoras de oro y plata, cayó 4.54%, a 122.30 dólares. En la Bolsa Mexicana de Valores, Grupo México retrocedió 4.34%, a 223.47 pesos por acción, mientras que Peñoles disminuyó 0.67%, a 897.79 pesos. En Londres, Fresnillo perdió 4.86%, a 3.02 libras esterlinas.
En Wall Street, las mayores caídas correspondieron a McEwen Mining, con 5.01%; Agnico Eagle Mines, con 4.54%; Freeport-McMoRan, con 4.32%; Kinross Gold, con 4.07%; Barrick Mining, con 3.86%; Southern Copper, con 3.48%, y Newmont Goldcorp, con 2.70%. En Toronto, Ero Copper bajó 6.19% y Hudbay perdió 5.42%.
La evolución del oro dependerá ahora de si los rendimientos de los bonos consolidan sus máximos recientes y de la señal que envíe la Reserva Federal. Mendoza anticipó que, si la autoridad confirma una postura marcadamente restrictiva para contener la inflación energética, el metal podría buscar soporte técnico entre 4,250 y 4,295 dólares por onza. Mientras persistan las tasas elevadas, el dólar firme y el petróleo presionado al alza, los metales seguirán enfrentando un entorno en el que la protección contra la inflación compite directamente con el atractivo de los activos que sí generan intereses.
