El reto detrás del cofinanciamiento circular de Produce para las mypes: convertir S/ 28.500 en cambios productivos reales

El Ministerio de la Producción (Produce) abrió una convocatoria que puede marcar un punto de inflexión para un grupo específico de micro y pequeñas empresas: aquellas que necesitan modernizar sus procesos, reducir desperdicios y encontrar nuevas fuentes de valor sin contar con el capital suficiente para emprender una transformación por cuenta propia. A través del concurso “Implementa tu Iniciativa Circular”, las empresas seleccionadas podrán acceder a Recursos No Reembolsables (RNR) de hasta S/ 28.500, equivalentes como máximo al 80% del costo total de un proyecto.

La iniciativa, respaldada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y gestionada por ProInnóvate, no está dirigida a todo el universo empresarial. Pueden participar micro y pequeñas empresas, así como cooperativas legalmente constituidas que operen en Lima, Callao, Arequipa o La Libertad. También deben pertenecer a los sectores textil y confecciones, cuero y calzado, madera y muebles, acreditar al menos un año de funcionamiento continuo y haber registrado en 2025 ventas de hasta S/ 9 millones 95.000.

El plazo de postulación vence el jueves 24 de septiembre de 2026 a la 1:00 p. m. La propuesta debe presentarse de manera virtual en la plataforma de ProInnóvate, junto con los documentos exigidos en las bases. La fecha y el límite horario no son detalles administrativos menores: en convocatorias competitivas, una postulación incompleta o enviada fuera de plazo puede dejar fuera a una empresa incluso cuando la idea tenga valor técnico.

La convocatoria no financia cualquier modernización

El atractivo del concurso puede llevar a una interpretación equivocada: no se trata simplemente de obtener dinero para comprar maquinaria o cubrir gastos corrientes. El proyecto debe estar relacionado con estrategias de economía circular. Esto incluye diseñar productos bajo criterios de circularidad, usar los recursos de manera más eficiente, valorizar residuos, prolongar la vida útil de los bienes o crear modelos de negocio basados en esos principios.

La diferencia es relevante. Una máquina nueva puede elevar la productividad, pero solo encajaría en la convocatoria si forma parte de una intervención que reduzca consumos, disminuya mermas, facilite la reutilización de materiales o cambie la relación de la empresa con sus residuos. En una fábrica textil, por ejemplo, el proyecto podría orientarse a recuperar retazos para fabricar nuevos productos, rediseñar prendas para facilitar su reparación o establecer un sistema que reduzca el uso de agua y tintes. En madera y muebles, la iniciativa podría concentrarse en aprovechar recortes, reparar mobiliario o desarrollar productos desmontables y duraderos.

La lógica del programa es que la sostenibilidad deje de ser una declaración institucional y se convierta en una decisión operativa. Para una mype, eso puede significar medir el material perdido por unidad producida, identificar qué residuos tienen valor comercial, cambiar proveedores, rediseñar empaques o modificar la forma de cobrar por un producto. La economía circular, en ese sentido, no es una categoría ambiental separada del negocio: afecta los costos, el diseño, la logística, la relación con los clientes y la capacidad de diferenciarse.

El primer límite está en el tamaño del apoyo

El monto máximo de S/ 28.500 puede ser suficiente para validar una solución, contratar asistencia técnica, adquirir equipos específicos o ejecutar una prueba piloto. Sin embargo, difícilmente financiará por sí solo una reconversión completa. Como el aporte público cubre hasta el 80% del costo, la empresa debe asumir el porcentaje restante bajo las condiciones fijadas en las bases. Si el proyecto alcanza el tope de financiamiento, el costo total referencial sería de S/ 35.625 y la contrapartida mínima ascendería a S/ 7.125, aunque la forma exacta de aporte y los gastos elegibles dependen de las reglas del concurso.

Este diseño tiene una virtud y una limitación. La virtud consiste en exigir que el beneficiario arriesgue recursos propios, lo que puede reducir la presentación de proyectos improvisados y favorecer a quienes tienen una estrategia clara. La limitación es que incluso una contrapartida relativamente pequeña puede resultar difícil para negocios con ventas irregulares, baja liquidez o acceso restringido al crédito. La condición de ventas de hasta S/ 9 millones 95.000 amplía el universo potencial, pero no garantiza que todas las empresas dentro de ese rango tengan la misma capacidad financiera.

El verdadero efecto del fondo dependerá, por tanto, de su capacidad para financiar cambios que produzcan ahorros o ingresos verificables. Si el dinero se dispersa en consultorías aisladas, diagnósticos que no se aplican o equipos sin mantenimiento, el programa podría cumplir con desembolsar recursos sin modificar la estructura productiva. Si, en cambio, cada iniciativa vincula la inversión con una meta medible —menos desperdicio por prenda, menor consumo de insumos, mayor proporción de material recuperado o aumento de la vida útil—, el aporte puede funcionar como capital de prueba para inversiones posteriores.

Textil, cuero, calzado y muebles: sectores con problemas distintos

La selección de cuatro sectores no parece casual. Son actividades con una fuerte presencia de empresas pequeñas, cadenas de suministro fragmentadas y oportunidades evidentes para reducir residuos. Pero también presentan obstáculos muy diferentes. En el sector textil, la circularidad puede verse limitada por la mezcla de fibras, la presencia de acabados químicos y la dificultad de clasificar prendas usadas. Reciclar un residuo no siempre es técnicamente sencillo ni económicamente rentable.

En cuero y calzado, la reutilización de recortes puede generar nuevos accesorios o componentes, aunque la escala de producción y los estándares de calidad pueden determinar si el aprovechamiento resulta competitivo. En madera y muebles, el potencial de reparación, remanufactura y reutilización es considerable, pero depende de la trazabilidad del material, del diseño del producto y de la disponibilidad de espacios para almacenar piezas recuperadas.

Por eso, una misma métrica no debería aplicarse de forma automática a todos los beneficiarios. En una empresa textil puede ser más pertinente medir la reducción de agua o el porcentaje de retazos reincorporados. En una mype de muebles, podrían importar la cantidad de productos reparados, el uso de madera recuperada o la extensión promedio de la vida útil. La evaluación debe reconocer esas diferencias sin convertir la flexibilidad en una excusa para no demostrar resultados.

La oportunidad comercial puede ser tan importante como el ahorro

Una lectura limitada del programa lo presentaría como una política para reducir costos ambientales. Su potencial más interesante está en abrir mercados. Los consumidores, las empresas compradoras y las entidades públicas incorporan progresivamente criterios de durabilidad, reparación, contenido reciclado y eficiencia en sus decisiones. Una mype que pueda demostrar el origen de sus materiales, la reducción de residuos o la posibilidad de reparar un producto puede competir por contratos y segmentos que antes estaban reservados para empresas de mayor tamaño.

Este es el primer punto de análisis que merece atención: la circularidad no será sostenible si se la trata únicamente como una obligación de cumplimiento. Para que sobreviva después del subsidio, debe traducirse en una propuesta de valor que alguien esté dispuesto a pagar. Un modelo de alquiler de prendas, la venta de muebles reacondicionados, la fabricación de calzado con componentes reemplazables o la comercialización de accesorios elaborados a partir de recortes pueden crear ingresos adicionales. Sin demanda, la recuperación de materiales corre el riesgo de convertirse en un costo operativo más.

El segundo punto es que las cooperativas pueden aportar una escala que muchas mypes individuales no poseen. Compartir equipos, centros de acopio, servicios de clasificación o canales de comercialización puede reducir costos y hacer viable el aprovechamiento de residuos. Pero esa ventaja exige acuerdos claros sobre la propiedad de los materiales, la distribución de beneficios y la responsabilidad por la calidad. Las cooperativas que postulen necesitarán demostrar no solo una idea ambientalmente atractiva, sino también una gobernanza capaz de ejecutarla.

Una política con varios intereses en juego

Para Produce y ProInnóvate, la convocatoria ofrece una herramienta concreta para llevar la economía circular a negocios que normalmente no participan en grandes programas de innovación. Para AECID, el respaldo conecta la cooperación internacional con una agenda de productividad sostenible y desarrollo empresarial. Para las compañías, el beneficio inmediato es reducir el costo inicial de experimentar con una solución que todavía no ha sido probada.

La perspectiva de los trabajadores y de las comunidades también merece consideración. Una planta que reduce residuos puede mejorar las condiciones de trabajo y disminuir impactos locales, pero una reconversión mal planificada podría elevar la exigencia laboral, eliminar tareas sin ofrecer capacitación o desplazar a proveedores informales que dependen de la recuperación de materiales. La transición circular no es automáticamente justa: requiere formación, adaptación de puestos y reglas de seguridad.

También existe una tensión entre la rapidez de la convocatoria y la complejidad técnica de los proyectos. Una mype puede tener una necesidad real, pero carecer de experiencia para calcular una línea base, proyectar ahorros o preparar un presupuesto elegible. Si las bases y el acompañamiento no son suficientemente accesibles, el concurso podría favorecer a empresas que ya cuentan con consultores o áreas administrativas, en lugar de llegar a las unidades productivas con mayor brecha de gestión.

El riesgo de medir trámites en lugar de transformaciones

El éxito no debería evaluarse solo por el número de postulantes, convenios firmados o recursos entregados. El indicador decisivo será qué ocurre después de la ejecución. Un sistema de seguimiento razonable tendría que observar, al menos, la reducción de materiales desperdiciados, el consumo de agua y energía, los ingresos generados por productos circulares, los puestos capacitados y la continuidad de la solución una vez agotado el cofinanciamiento.

Hay riesgos adicionales. Una empresa podría presentar como circular una actividad convencional de reciclaje sin demostrar que evita residuos o extiende la vida útil de un producto. También puede ocurrir que los beneficios ambientales se calculen con estimaciones demasiado optimistas. La falta de trazabilidad abre espacio para el “lavado verde”, es decir, utilizar un lenguaje sostenible para promocionar cambios pequeños o irrelevantes. La evaluación técnica, la verificación de resultados y la publicación de aprendizajes serán esenciales para evitarlo.

Otro riesgo es la fragmentación. Si cada mype desarrolla una solución aislada, los resultados pueden ser positivos a pequeña escala pero insuficientes para crear cadenas de recuperación, proveedores especializados o mercados estables. La política tendría mayor impacto si los proyectos exitosos pudieran conectarse entre sí: residuos textiles utilizados por nuevos fabricantes, talleres de reparación vinculados con marcas, cooperativas que compartan infraestructura o plataformas que acerquen oferta de materiales secundarios y demanda industrial.

La siguiente etapa será escalar lo que funcione

La convocatoria puede convertirse en un laboratorio para identificar qué modelos son técnicamente viables y comercialmente sostenibles en los sectores seleccionados. Pero el salto desde un piloto de S/ 28.500 hacia una transformación productiva requerirá financiamiento adicional, capacitación, normas claras y compradores comprometidos. Sin una segunda etapa, muchas iniciativas podrían quedarse en prototipos que no alcanzan la escala necesaria para reducir costos.

La tendencia probable será una mayor integración entre circularidad, innovación y acceso a mercados. Las empresas que documenten sus procesos estarán mejor posicionadas para responder a clientes que exijan información ambiental y para participar en cadenas de suministro más exigentes. Al mismo tiempo, aumentará la presión sobre las autoridades para diseñar instrumentos que combinen subvenciones, crédito, asistencia técnica y compras públicas.

Para las empresas interesadas, la decisión más importante no es preguntarse únicamente cuánto dinero pueden recibir, sino qué problema productivo pueden resolver con ese apoyo y cómo demostrarán el resultado. Una propuesta sólida debería identificar el desperdicio o ineficiencia, establecer una línea base, explicar la solución, justificar la contrapartida y mostrar quién pagará por el nuevo producto o servicio. El concurso abre una puerta; la permanencia de la economía circular dependerá de que las mypes puedan convertir esa primera inversión en productividad, diferenciación y resiliencia empresarial.

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