El riesgo de IA en la parte segura de tu cartera

Las acciones vinculadas a inteligencia artificial sufrieron caídas pronunciadas el martes, pero el verdadero alcance del riesgo va más allá de los fabricantes de chips y las grandes tecnológicas. Los bonos corporativos de grado de inversión, tradicionalmente considerados la zona estable de cualquier cartera, ya incorporan una exposición significativa al ciclo de gasto en IA a través de proveedores de infraestructura eléctrica, refrigeración y redes.

El índice Kospi de Corea del Sur retrocedió casi un 5 % tras la caída del 7 % de Samsung Electronics, mientras que el Nasdaq-100 perdió alrededor del 2 %. Empresas como Micron, Broadcom, AMD y Marvell Technology también registraron descensos. Estas reacciones reflejan temores sobre el ritmo futuro de la demanda y el gasto de capital, a pesar de que Samsung reportó un aumento interanual del 1 800 % en sus ganancias trimestrales.

Estimaciones de inversión y emisión de deuda

Goldman Sachs calcula que Microsoft, Amazon, Alphabet y Meta destinarán aproximadamente 5,3 billones de dólares a infraestructura de IA hasta 2030. Barclays prevé que estas mismas compañías emitan más de 200 000 millones de dólares en deuda solo durante este año para financiar el despliegue. El volumen de recursos movilizados ya supera el de cualquier ciclo tecnológico anterior y comienza a alterar los balances de empresas que, en apariencia, no están directamente relacionadas con el sector.

La gestora DoubleLine detectó que algunas de las mayores emisoras estadounidenses con la mejor calificación crediticia registraron en el primer trimestre el mayor crecimiento de ingresos y beneficios operativos desde 2022. Sin embargo, sus saldos de efectivo cayeron un 5,3 %, muy por encima de la disminución estacional habitual del 0,9 %. Esta combinación indica que el flujo de caja generado por los buenos resultados se está destinando casi por completo a inversiones vinculadas con IA.

Extensión del efecto a sectores no tecnológicos

El análisis de DoubleLine muestra que las empresas que suministran equipos eléctricos, sistemas de refrigeración, hardware de redes e infraestructura energética representan ya cerca del 10 % del Bloomberg US Corporate Index por capitalización. Si se agruparan como un sector independiente, ocuparían el segundo lugar, solo detrás de los bancos. Este peso explica por qué los bonos de servicios públicos e industriales han dejado de comportarse como activos defensivos ante fluctuaciones en el gasto tecnológico.

La consecuencia directa es que la diversificación tradicional entre acciones de crecimiento y bonos de alta calidad se debilita. Cuando el ciclo de IA se enfríe, las empresas que han incrementado pedidos de cemento, contratado electricistas o ampliado plantas para atender la demanda de centros de datos también verán afectados sus flujos de caja y, por tanto, la capacidad de servicio de su deuda.

Implicaciones para la gestión de carteras

DoubleLine no sostiene que los inversores deban abandonar los bonos corporativos de grado de inversión ni que el auge de la IA esté próximo a terminar. Su advertencia es más precisa: muchos tenedores de estos bonos los mantienen precisamente porque se supone que ofrecen estabilidad cuando las acciones caen. Si una porción creciente de esos emisores depende indirectamente del gasto en IA, esa estabilidad puede resultar menor de la esperada.

El equipo de crédito de la gestora ha incorporado una pregunta explícita a su proceso de análisis: ¿en qué medida las ganancias recientes de una empresa han sido impulsadas por el gasto en infraestructura de IA? El objetivo es evitar acumular exposición involuntaria en la porción de la cartera que debería actuar como contrapeso en momentos de volatilidad.

Este enfoque obliga a repensar los supuestos clásicos de asignación de activos. La frontera entre sectores cíclicos y defensivos se ha vuelto más difusa, y la correlación entre distintos instrumentos de renta fija y el ciclo tecnológico es ahora mayor de lo que reflejan muchas matrices de riesgo tradicionales. Los inversores que no ajusten sus criterios de selección podrían descubrir que la parte “segura” de su cartera amplifica, en lugar de amortiguar, los movimientos del mercado de IA.

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