El yen cede tras la intervención

Tokio, 12 ago. El yen ha perdido en menos de dos semanas alrededor de la mitad de las ganancias obtenidas frente al dólar tras la intervención coordinada de Japón y Estados Unidos a finales de julio. El retroceso devuelve la cotización al entorno de 159 yenes por dólar, después de haber alcanzado cerca de 155 tras la acción conjunta, y vuelve a situar a las autoridades ante la posibilidad de actuar de nuevo para contener movimientos considerados excesivos.

La evolución del mercado muestra los límites de una operación cambiaria aislada frente a una tendencia respaldada por factores económicos más amplios. Antes de la intervención, la divisa japonesa llegó a rozar las 164 unidades por dólar, su nivel más débil en cuatro décadas. La reacción posterior fue rápida, pero el posterior repunte del dólar ha reducido de forma visible aquel efecto inicial y ha elevado la volatilidad en las operaciones de Tokio.

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Una señal para los mercados

Shigeto Nagai, responsable de economía japonesa de Oxford Economics, considera que una nueva intervención coordinada podría tener un impacto superior al de una acción puntual porque reforzaría la percepción de que Tokio y Washington están dispuestos a responder repetidamente. A su juicio, la expectativa de intervenciones futuras puede disuadir posiciones especulativas contra el yen, incluso aunque el volumen efectivo de las operaciones no sea extraordinario.

El analista subraya, sin embargo, que estas medidas sirven principalmente para ganar tiempo. Las compras de yenes por parte de las autoridades pueden frenar una caída acelerada, modificar temporalmente el comportamiento de los operadores y evitar que la depreciación adopte una dinámica desordenada. Pero no eliminan por sí solas las diferencias de rentabilidad entre Japón y otras economías ni cambian las perspectivas sobre las políticas fiscal y monetaria del país.

La declaración del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, de que Estados Unidos hará “lo que sea necesario” para apoyar a Japón ha reforzado la atención sobre una posible respuesta conjunta. La participación de Washington resulta relevante porque amplía la señal política y financiera dirigida al mercado global de divisas. Al mismo tiempo, una coordinación de este tipo exige que ambas partes compartan el diagnóstico de que los movimientos del cambio amenazan la estabilidad, no solo que reflejan condiciones normales de oferta y demanda.

Agosto amplifica la volatilidad

La corrección del yen tampoco ha sorprendido a los analistas debido a las condiciones estacionales del mercado. Durante agosto suele disminuir la liquidez en las mesas de divisas por las vacaciones de verano en varios centros financieros. Con menos participantes activos, órdenes relativamente reducidas pueden provocar variaciones más pronunciadas, lo que dificulta distinguir entre un cambio duradero de tendencia y un movimiento temporal impulsado por la escasez de operaciones.

A ello se suma el contexto geopolítico. La guerra de Estados Unidos contra Irán ha elevado la incertidumbre en Oriente Medio y ha contribuido a un alza de los precios del petróleo. En periodos de tensión, el dólar suele beneficiarse de su condición de activo refugio y de su papel central en el comercio y las finanzas internacionales. Para Japón, importador neto de energía, un petróleo más caro también puede deteriorar los términos de intercambio y aumentar la presión sobre una moneda ya debilitada.

La combinación de menor liquidez, demanda de dólares por cautela geopolítica y preocupación por los costes energéticos explica que la respuesta cambiaria no dependa únicamente de las decisiones de Tokio. Una intervención puede alterar el ritmo de la depreciación, pero un entorno internacional favorable al dólar puede limitar sus resultados. De ahí que el momento elegido para una eventual nueva acción sea tan importante como su magnitud.

El foco vuelve a la política japonesa

La fragilidad del yen está vinculada también a la orientación económica interna. Desde que llegó al poder en octubre del año pasado, la primera ministra Sanae Takaichi ha defendido un ambicioso programa de gasto para estimular la economía japonesa y ha mostrado reservas ante una senda más rápida de subidas de tipos por parte del Banco de Japón. Esa combinación ha alimentado entre los inversores la impresión de que el Gobierno prioriza el crecimiento y la expansión fiscal frente a una respuesta contundente a la inflación.

Para Nagai, esta interacción entre política fiscal expansiva y normalización monetaria gradual constituye la causa de fondo de la debilidad persistente de la moneda. Un mayor gasto puede sostener la actividad, pero también elevar las necesidades de financiación pública y mantener la presión sobre los precios si no se acompaña de una política monetaria suficientemente restrictiva. Si los mercados concluyen que Japón mantendrá tipos comparativamente bajos durante más tiempo, el incentivo para buscar rendimientos en otras divisas seguirá presente.

Un yen depreciado presenta efectos contrapuestos. Puede favorecer los ingresos en moneda local de grandes exportadores japoneses y hacer más atractivos los productos del país en el exterior. Sin embargo, encarece las importaciones de energía, alimentos y materias primas, con consecuencias directas sobre los hogares y pequeñas empresas. El problema adquiere mayor relevancia cuando la subida de los costes importados se traslada a la inflación sin que los salarios compensen plenamente la pérdida de poder adquisitivo.

El Banco de Japón mide sus tiempos

Parte del mercado ha interpretado la debilidad del yen como un argumento para que el Banco de Japón adelante nuevas subidas de tipos y acelere la salida de una política monetaria excepcionalmente acomodaticia. Nagai advierte de que centrar el debate exclusivamente en el tipo de cambio supone una visión limitada. Los bancos centrales, señala, deben valorar el efecto acumulado de los aumentos anteriores sobre las condiciones financieras, la evolución de la demanda interna y el impacto de la crisis de Oriente Medio sobre inflación y crecimiento.

Según su estimación, el Banco de Japón podría adelantar la próxima subida a la reunión de octubre, frente a la expectativa previa de diciembre. Una decisión en septiembre sigue pareciendo poco probable, aunque algunos observadores ya la plantean. El margen de maniobra dependerá de los próximos datos de precios, consumo, salarios y actividad, así como de la duración de las tensiones energéticas. Endurecer demasiado pronto podría debilitar la recuperación; esperar en exceso podría consolidar expectativas de inflación y prolongar la presión sobre el yen.

La situación deja a Japón ante un equilibrio complejo. Las intervenciones pueden reducir episodios de volatilidad extrema y demostrar que las autoridades no aceptarán una depreciación desordenada, pero no sustituyen cambios en las condiciones macroeconómicas. La trayectoria del yen en las próximas semanas dependerá de la credibilidad de esa eventual coordinación con Estados Unidos, de la evolución del conflicto en Oriente Medio y, sobre todo, de si la política económica japonesa logra convencer al mercado de que puede contener la inflación sin sacrificar la estabilidad del crecimiento.

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