El mercado laboral de Estados Unidos entró en una zona de mayor incertidumbre después de que las nóminas no agrícolas disminuyeran en 23 mil puestos durante julio de 2026, cuando los economistas consultados por FactSet anticipaban la creación de aproximadamente 95 mil empleos. La diferencia entre ambas cifras no es un simple desvío estadístico: muestra que la capacidad de la economía para generar nuevas oportunidades se ha debilitado con rapidez.
El dato adquiere más importancia porque las revisiones de mayo y junio restaron en conjunto 103 mil puestos a las estimaciones publicadas originalmente. Mayo pasó de 129 mil a 63 mil empleos creados y junio de 57 mil a apenas 20 mil. Con ello, el promedio mensual de creación de empleo durante los 12 meses anteriores a julio se redujo a 34 mil puestos, un ritmo bajo para una economía del tamaño de la estadounidense.
Una tasa menor que no refleja alivio pleno
La tasa de desempleo bajó de 4.2% a 4.1%, pero esa mejora no debe interpretarse de manera aislada. La tasa de desempleo se calcula mediante una encuesta a los hogares, mientras que las nóminas se estiman a partir de una encuesta a establecimientos. Una persona que dejó de buscar trabajo ya no se cuenta como desempleada, aunque tampoco tenga empleo. Por esa razón, el desempleo puede descender al mismo tiempo que se pierden puestos.
La participación laboral cayó a 61.4% en julio, su nivel más bajo desde febrero de 2021, según la información citada por CBS News. Desde enero acumula una disminución de 0.7 puntos porcentuales. La relación entre empleo y población también retrocedió medio punto y quedó en 58.9%. La combinación sugiere que parte de la estabilidad estadística del desempleo procede de una fuerza laboral que crece poco o se reduce, no de una expansión sólida de las oportunidades.
Este matiz tiene consecuencias concretas. Si menos personas buscan empleo, la tasa oficial puede parecer favorable, pero aumentan los riesgos de inactividad prolongada, pérdida de ingresos y dependencia de otros miembros del hogar. También puede ocultarse la presión que enfrentan quienes desean trabajar, pero abandonan temporalmente la búsqueda por falta de respuestas, por responsabilidades familiares o por considerar insuficientes los salarios disponibles.

Empresas cautelosas, trabajadores más expuestos
La principal característica del escenario actual es una baja rotación: las empresas contratan poco, pero también despiden poco. Para quienes ya tienen un puesto relativamente estable, esta dinámica puede limitar el riesgo inmediato de perder el ingreso. Las solicitudes iniciales de ayuda por desempleo fueron 199 mil durante la semana terminada el 1 de agosto, una cifra reducida en términos históricos.
Sin embargo, la misma cautela perjudica a quienes intentan incorporarse al mercado, cambiar de empresa o regresar después de una pausa. Cuando se abren pocas vacantes, cada puesto recibe más postulaciones y los procesos de selección se alargan. Los datos de LinkedIn apuntan a que las contrataciones y la publicación de vacantes casi no cambiaron entre junio y julio, mientras aumentó el número de solicitudes por candidato. Para los recién egresados, las solicitudes por vacante se han duplicado aproximadamente frente a 2022.
El riesgo es que el desempleo se vuelva más desigual. Los trabajadores con experiencia, habilidades escasas o empleos en sectores resistentes pueden conservar sus posiciones, mientras los jóvenes, migrantes, personas que buscan reinsertarse y trabajadores con menor formación enfrentan periodos más largos sin empleo. Esa segmentación puede deteriorar la movilidad social incluso si la tasa nacional permanece cerca de 4%.
Los sectores revelan dónde se concentra el ajuste
La pérdida de puestos no fue uniforme. La educación de los gobiernos locales eliminó 50 mil empleos en julio y el comercio minorista redujo otros 19 mil. Dentro de este último sector, los clubes de almacén, supercentros y otros comercios generales recortaron 21 mil puestos, mientras las gasolineras y distribuidores de combustibles perdieron 5 mil. Las tiendas de artículos deportivos, pasatiempos, instrumentos musicales, libros y productos similares incorporaron cerca de 10 mil trabajadores, pero no compensaron completamente el descenso.
Las actividades financieras recortaron alrededor de 14 mil puestos y acumulan una caída de 121 mil desde su máximo reciente, registrado en mayo de 2025. Este comportamiento puede reflejar una combinación de reestructuraciones, menor demanda de crédito y esfuerzos para contener costos en un entorno de tasas todavía restrictivas. Si el ajuste se prolonga, podría afectar el financiamiento a pequeñas empresas y hogares, aunque también puede mejorar la eficiencia de algunas compañías mediante una reorganización de sus operaciones.
La atención médica siguió siendo un soporte importante, con 22 mil empleos nuevos, principalmente en servicios ambulatorios, que agregaron unos 18 mil. Aun así, el ritmo fue menor que el promedio de 36 mil puestos mensuales del año anterior. La moderación en este sector importa porque ha sido uno de los principales motores de la contratación. Una pérdida generalizada de dinamismo en salud, junto con la debilidad del comercio y las finanzas, reduciría la capacidad de la economía para compensar los retrocesos en otras actividades.
Salarios firmes, pero con poder adquisitivo incierto
El salario promedio por hora en el sector privado alcanzó 37.62 dólares, apenas dos centavos por encima del mes anterior y 3.2% más que en julio de 2025. La jornada laboral promedio se mantuvo en 34.3 horas semanales. Estos datos ofrecen un elemento de estabilidad para los trabajadores que conservan su empleo, pero no garantizan una mejora real de su situación económica.
El efecto sobre el poder adquisitivo depende de la inflación. Si los precios avanzan a un ritmo similar o superior al de los salarios, el ingreso nominal adicional se diluye. Para los hogares con menores recursos, que destinan una proporción mayor de su presupuesto a vivienda, alimentos, transporte y servicios básicos, esa diferencia puede traducirse en menor consumo y más uso del crédito. Por el contrario, una inflación moderada permitiría que el incremento salarial se convierta en una mejora efectiva y sostenga el gasto interno.
También existe un riesgo empresarial. Si las compañías enfrentan costos laborales elevados al mismo tiempo que una demanda más débil, pueden responder reduciendo horas, aplazando contrataciones o acelerando inversiones destinadas a sustituir tareas. Ese proceso no necesariamente produce despidos inmediatos, pero puede limitar la creación futura de puestos de calidad.
La Reserva Federal enfrenta señales contradictorias
El informe complica la decisión de política monetaria. La debilidad del empleo reduce los argumentos para elevar las tasas de interés en septiembre, pues un mayor costo del dinero podría enfriar todavía más la contratación, la inversión y el consumo. La Reserva Federal mantuvo en julio su tasa de referencia entre 3.50% y 3.75%, con una votación de nueve contra tres; los tres disidentes apoyaban un aumento de un cuarto de punto por las presiones inflacionarias.
El problema es que un solo informe no determina la trayectoria de las tasas. La Fed debe equilibrar su objetivo de mantener la inflación cerca de 2% con el de alcanzar el máximo nivel sostenible de empleo. Si la inflación permanece persistente, una respuesta demasiado rápida a la debilidad laboral podría permitir que las presiones sobre los precios se consoliden. Si, en cambio, el mercado laboral continúa deteriorándose y la autoridad mantiene una postura restrictiva durante demasiado tiempo, el costo podría aparecer en forma de más cierres empresariales, menor inversión y un aumento posterior del desempleo.
El reporte de inflación será, por ello, decisivo. También lo serán las próximas revisiones de empleo, porque las correcciones de mayo y junio muestran que la primera lectura puede ofrecer una imagen demasiado optimista. Los mercados financieros podrían reaccionar con volatilidad si los nuevos datos modifican las expectativas sobre la reunión del 15 y 16 de septiembre.
Repercusiones para México y los mercados
Las consecuencias no se limitan a Estados Unidos. Una expectativa de tasas más bajas puede reducir los rendimientos de los bonos del Tesoro y presionar al dólar, al tiempo que favorece el flujo de capital hacia activos considerados más riesgosos, incluidos los de economías emergentes como México. Eso podría aliviar las condiciones financieras y apoyar monedas, bonos y mercados accionarios.
Pero el efecto no es necesariamente positivo. Si la debilidad laboral se interpreta como una señal de desaceleración profunda, los inversionistas pueden buscar refugio en activos estadounidenses, incluso aunque esperen futuras reducciones de tasas. Además, una menor demanda de los hogares estadounidenses puede afectar exportaciones, remesas vinculadas al ciclo económico y decisiones de inversión de empresas que dependen del consumo en ese país. México enfrenta así una doble exposición: a los movimientos financieros derivados de la Fed y al desempeño de su principal socio comercial.
El riesgo de confundir estabilidad con fortaleza
El dato de julio no confirma por sí solo una recesión. Los despidos siguen bajos, los salarios continúan creciendo y la atención médica aún crea empleos. Es posible que la economía atraviese una fase de enfriamiento ordenado, en la que las empresas ajustan sus planes sin desencadenar una ola de desempleo. Esa contención sería favorable para la estabilidad de los hogares y daría margen a la Fed para observar más información antes de actuar.
La incertidumbre surge porque varios indicadores apuntan en la misma dirección: contratación limitada, participación laboral decreciente, revisiones negativas y mayor competencia por las vacantes. Si estas tendencias persisten durante los próximos meses, la estabilidad del desempleo podría ser frágil. El informe correspondiente a agosto, previsto para el 4 de septiembre, permitirá evaluar si julio fue una anomalía o el comienzo de una etapa más prolongada de enfriamiento.
La lectura más prudente exige observar simultáneamente las nóminas, la participación laboral, las horas trabajadas, los salarios reales, las solicitudes de desempleo y las vacantes. Para los responsables de política económica, la prioridad será evitar que una desaceleración gradual se convierta en exclusión laboral persistente. Para empresas y hogares, el entorno aconseja decisiones financieras cuidadosas, porque un mercado con pocos despidos puede seguir siendo difícil para encontrar empleo y más vulnerable ante cualquier nuevo golpe a la demanda.
