La economía mexicana enfrenta restricciones estructurales que impiden la formación de empleos formales con remuneraciones adecuadas. El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado ha señalado que la debilidad de la inversión, el aumento de los costos laborales y la incertidumbre derivada del T-MEC actúan de manera combinada para reducir el ritmo de acumulación de capital productivo. Esta situación no surge de manera aislada, sino que se inscribe en un proceso de varias décadas donde las reformas comerciales y los cambios en la política industrial no lograron generar un acervo de capital suficiente para absorber la fuerza laboral en condiciones de productividad elevada.
Raíces históricas de la restricción inversora
Desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994, México apostó por una integración profunda con Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, la apertura comercial no se acompañó de una política industrial que elevara de forma sostenida la inversión en sectores de mayor valor agregado. Las maquiladoras concentraron buena parte del empleo manufacturero, pero su modelo de bajos costos salariales y escasa integración con proveedores locales limitó la difusión de tecnología y la formación de cadenas de suministro más densas. Con el reemplazo del TLCAN por el T-MEC en 2020, surgieron nuevas exigencias en materia laboral y de contenido regional que elevaron los costos operativos sin que el flujo de inversión compensara esas cargas adicionales.
Los datos del Banco de México muestran que las expectativas de crecimiento para 2026 se mantienen en torno al 1.1 por ciento del PIB. Esta proyección refleja la cautela de los agentes económicos ante la posibilidad de revisiones del acuerdo comercial y el incremento de aranceles en ciertos sectores. La falta de certidumbre ha llevado a las empresas a posponer decisiones de expansión de planta y equipo, lo que reduce la demanda de trabajadores calificados y mantiene una proporción elevada de empleo informal.
Efectos sobre la estructura productiva
La insuficiente creación de empleos formales se traduce en una menor capacidad de las empresas para incorporar maquinaria y tecnología de última generación. En el sector automotriz, por ejemplo, varias armadoras han optado por mantener líneas de ensamblaje existentes en lugar de instalar nuevas plantas que requerirían inversiones superiores a los 500 millones de dólares. Esta decisión reduce la demanda de ingenieros, técnicos especializados y personal de mantenimiento avanzado, segmentos que históricamente han ofrecido salarios por encima del promedio nacional.

El Indicador Global de la Actividad Económica registró un incremento mensual del 1.4 por ciento en abril, pero retrocedió 0.3 por ciento en mayo. Este comportamiento errático confirma que no existe una tendencia clara de recuperación sostenida. Sin un repunte de la inversión fija bruta, la productividad media del trabajo permanece estancada y los salarios reales difícilmente pueden crecer de manera consistente por encima de la inflación.
Consecuencias en el bienestar de los hogares
La escasez de empleos de calidad afecta directamente la capacidad de las familias para acceder a vivienda digna, educación superior y servicios de salud. En estados como Guanajuato y Chihuahua, donde la industria manufacturera tiene mayor peso, se observa un aumento en la migración interna hacia zonas metropolitanas en busca de oportunidades, lo que genera presión sobre los sistemas de transporte y vivienda en ciudades como Monterrey y Guadalajara. Al mismo tiempo, la persistencia del empleo informal reduce la recaudación del IMSS y del Infonavit, debilitando los fondos de pensiones y vivienda a largo plazo.
La lógica es directa: sin inversión que amplíe el acervo de capital, la demanda de trabajadores con mayor calificación no se expande. Las empresas prefieren contratar personal temporal o subcontratado para evitar costos fijos elevados, lo que fragmenta las trayectorias laborales y dificulta la acumulación de experiencia y habilidades por parte de los trabajadores.
Repercusiones regionales y sectoriales
El norte del país, más integrado a las cadenas de suministro estadounidenses, experimenta una desaceleración más marcada que el centro y el sur. En contraste, las entidades del sureste que dependen de proyectos públicos de infraestructura muestran un comportamiento algo más estable, aunque con menor generación de empleo formal. Esta divergencia regional puede acentuar las disparidades ya existentes en ingresos y acceso a servicios básicos, complicando los esfuerzos de cohesión territorial.
En el sector servicios, la falta de empleos manufactureros de calidad empuja a una mayor proporción de la población hacia actividades de baja productividad como el comercio informal y los servicios personales. Esta reasignación de mano de obra reduce el potencial de crecimiento agregado porque estos sectores suelen registrar incrementos de productividad más lentos que la industria.
Trayectorias futuras y condicionantes externos
La evolución del T-MEC en los próximos años será determinante. Una renegociación que endurezca las reglas de origen o imponga nuevos requisitos laborales podría elevar aún más los costos de producción sin garantizar flujos adicionales de inversión. Por el contrario, una mayor certidumbre sobre el acceso al mercado estadounidense podría incentivar la relocalización de cadenas de suministro, siempre que se acompañe de mejoras en infraestructura logística y seguridad jurídica.
El crecimiento sostenido del empleo de calidad requiere también una mayor coordinación entre política fiscal y política industrial. Incentivos fiscales orientados a la inversión en activos fijos y capacitación técnica podrían modificar el cálculo de las empresas, pero su efectividad depende de que el entorno macroeconómico ofrezca estabilidad en el tipo de cambio y en las tasas de interés. Sin estos elementos, los programas de apoyo corren el riesgo de convertirse en subsidios que no generan los encadenamientos productivos esperados.
La experiencia de países que lograron transitar hacia economías de mayor valor agregado muestra que la combinación de inversión pública en educación técnica, estabilidad regulatoria y apertura comercial selectiva puede elevar el ritmo de creación de empleos formales. México cuenta con una base demográfica favorable y una ubicación geográfica estratégica, pero el aprovechamiento de estas ventajas exige superar las restricciones actuales a la acumulación de capital productivo.
