Cuatro de cada diez españoles sitúan la pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre derivada de las tensiones políticas mundiales como sus principales inquietudes económicas, por encima de la media europea. El último Eurobarómetro Flash, basado en 1.086 encuestas realizadas en España, revela un diagnóstico marcado por el pesimismo: el 48 % califica de mala la situación económica del país y el 62 % duda de su capacidad para competir internacionalmente en los próximos años.

Este pesimismo contrasta con una valoración algo más moderada de la propia situación financiera: el 36 % la considera buena frente al 31 % que la ve mala. La brecha sugiere que los ciudadanos perciben riesgos sistémicos ajenos a su control inmediato, pero que afectan directamente su horizonte vital. La mitad de los encuestados (51 %) anticipa que las nuevas generaciones tendrán un nivel de vida inferior al de sus padres, un dato que refleja la erosión de la confianza en la movilidad social.
Otras inquietudes destacadas
Además de la inestabilidad global, la pobreza (32 %) y la desigualdad de ingresos (27 %) figuran entre las principales preocupaciones, impulsadas en gran medida por el encarecimiento de la vivienda. El desempleo, aunque sigue siendo relevante para el 24 % de los españoles, se sitúa por debajo de la media europea (30 %), lo que indica que el problema estructural del paro ha perdido algo de centralidad en la percepción ciudadana.
Dificultades previstas para gastos básicos
De cara al próximo año, el 27 % de la población prevé problemas para cubrir gastos sanitarios y de alimentación, mientras que el 29 % teme no poder hacer frente a los suministros básicos. Estos porcentajes evidencian que la inseguridad económica no se limita a grandes narrativas macroeconómicas, sino que se traduce en restricciones concretas sobre el consumo cotidiano.
El contraste entre la valoración negativa del país y la relativa contención en la percepción personal apunta a un fenómeno de resiliencia individual ante un entorno percibido como hostil. Sin embargo, esa misma distancia puede traducirse en menor cohesión social si las expectativas de futuro siguen deteriorándose.
