Para millones de mexicanos, alcanzar un nivel educativo superior al de sus padres ha representado un logro significativo. Sin embargo, los datos de la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado 2025 del Inegi muestran que este avance académico no se traduce de manera automática en una mejora patrimonial comparable.
La encuesta, que recoge percepciones de adultos sobre su situación actual frente al hogar de origen, indica que el 71.4 por ciento considera haber superado el nivel educativo de sus padres. Esta proporción se mantiene similar entre hombres y mujeres, con 71.2 por ciento y 71.5 por ciento respectivamente. Solo el 5.8 por ciento reporta un nivel inferior.

La distancia entre estudios y bienes
Cuando la misma población evalúa su patrimonio, la proporción desciende de forma notable. Apenas el 37.3 por ciento considera poseer más bienes que el hogar donde creció. Otro 29.5 por ciento percibe una situación similar y 24.4 por ciento reconoce contar con menos. El patrimonio en este contexto incluye viviendas, terrenos, vehículos, ahorros, inversiones y negocios.
Este contraste sugiere que factores como los salarios reales, la informalidad laboral y el acceso a vivienda influyen de manera determinante. Un mayor nivel educativo amplía oportunidades, pero no elimina por sí solo las barreras estructurales que impiden la acumulación de activos.
Diferencias entre hombres y mujeres
La percepción patrimonial también presenta variaciones por sexo. El 39.2 por ciento de los hombres considera haber superado el patrimonio familiar, mientras que entre las mujeres la cifra es del 35.6 por ciento. En el extremo contrario, 24.8 por ciento de las mujeres reporta una situación inferior frente al 23.9 por ciento de los hombres.
Estas cifras reflejan percepciones subjetivas y no un cálculo directo del valor de los bienes. Aun así, apuntan a posibles diferencias en trayectorias laborales y responsabilidades familiares que merecen seguimiento en encuestas futuras.
Resultados por entidad federativa
Al ampliar la mirada al nivel socioeconómico general, el 53.1 por ciento de los adultos percibe una mejora respecto al hogar de origen. Baja California registra el porcentaje más alto con 63.9 por ciento, seguido de Quintana Roo con 63.7 por ciento y Campeche con 62.8 por ciento. En el otro extremo aparecen el Estado de México con 46.9 por ciento, Zacatecas con 47.8 por ciento y Oaxaca con 48.6 por ciento.
Estas variaciones regionales no equivalen a un ranking de riqueza promedio, sino a la proporción de habitantes que sienten haber progresado en relación con su punto de partida familiar.
Dificultades para cubrir gastos cotidianos
Además del patrimonio, la encuesta mide la capacidad para hacer frente a los gastos habituales. El 17.3 por ciento de los adultos declara tener dificultad o mucha dificultad para cubrirlos. Guerrero presenta la proporción más elevada con 28.1 por ciento, seguido de Tabasco con 26.3 por ciento y Oaxaca con 25.8 por ciento. En contraste, Baja California reporta solo 9.8 por ciento y Coahuila 10.1 por ciento.
Quienes logran cubrir sus gastos con facilidad otorgan a su vida una calificación promedio de 8.99 puntos sobre 10, mientras que quienes enfrentan dificultades otorgan 7.98 puntos. La brecha también aparece en el balance de emociones positivas y negativas del día anterior.
Limitaciones de la medición
La Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado no calcula el valor real de los activos ni compara ingresos actuales con los que tenían los padres a la misma edad. Se trata de una medición de movilidad percibida que depende de las expectativas y el contexto de cada persona. Dos individuos con condiciones económicas similares pueden responder de forma distinta según su experiencia previa.
Los resultados ponen de relieve que el avance educativo constituye un paso necesario pero insuficiente para garantizar estabilidad patrimonial. La generación que estudió más que sus padres enfrenta ahora el reto de convertir ese capital humano en condiciones materiales más sólidas que las de la generación anterior.
