Euro abre a 46,28 pesos en Uruguay

En la apertura del 31 de julio el euro registró un valor promedio de 46,28 pesos uruguayos, lo que supone un incremento del 1,69 por ciento frente al cierre previo de 45,51 pesos. Los datos provienen de Dow Jones y reflejan el comportamiento inmediato del mercado cambiario local. Esta variación se inscribe en una secuencia de tres jornadas consecutivas de alza, durante las cuales la moneda europea acumuló un avance del 1,11 por ciento en la última semana y del 1,37 por ciento en la comparación interanual.

La volatilidad medida en 15,84 por ciento supera el nivel de referencia de 15,03 por ciento, indicador que señala mayor inestabilidad en el cruce euro-peso. Los operadores locales observan que este movimiento coincide con la publicación de datos de actividad en la zona euro y con ajustes en las expectativas de política monetaria del Banco Central Europeo. En Uruguay, la plaza cambiaria absorbe estas señales sin intervención directa del Banco Central del Uruguay, que mantiene el régimen de flotación desde 2002.

Proyecciones del tipo de cambio hasta 2028

La última encuesta del Banco Central del Uruguay proyecta que el dólar estadounidense alcanzará 40,19 pesos al cierre de 2026, tras ubicarse en 38,98 pesos en enero y 39,33 pesos en junio del mismo año. Para 2027 la mediana de los analistas consultados señala 41,46 pesos a fines de diciembre. Estas estimaciones incorporan un escenario de crecimiento moderado del producto bruto interno: 1,87 por ciento en 2026, 1,85 por ciento en 2027 y 1,92 por ciento en 2028. Las cifras representan un recorte frente a las proyecciones de julio del año anterior, cuando se esperaba un ritmo de 2,47 por ciento para 2026.

La dispersión de las estimaciones para el presente año oscila entre 1,50 y 2,30 por ciento, reflejo de distintas valoraciones sobre el impulso del comercio exterior y la inversión. En paralelo, la inflación medida por el índice de precios al consumo se situaría en 4,40 por ciento en 2026, con leves ascensos a 4,45 por ciento en 2027 y 4,50 por ciento en 2028. Este sendero mantiene al indicador dentro del rango meta de 4,5 por ciento fijado por la autoridad monetaria.

Evolución histórica del peso uruguayo

El peso circula como moneda oficial desde 1993, tras la conversión que eliminó tres ceros a los billetes anteriores. La reforma autorizada en octubre de 1991 permitió la emisión de nuevos billetes que comenzaron a circular en marzo de 1993. Durante la década de 1990 se estableció un régimen de bandas de flotación para anclar expectativas sobre el valor de la moneda frente al dólar. La crisis financiera de 2002, marcada por una fuerte salida de capitales durante la presidencia de Jorge Batlle, obligó a abandonar ese esquema y adoptar la flotación independiente que rige hasta hoy.

Tras la maxidevaluación de ese año, el peso experimentó un periodo de apreciación real que mejoró el poder adquisitivo de los hogares. El diseño de los billetes actuales incorpora figuras patrias y especies animales en el reverso, elementos que refuerzan la identidad monetaria nacional. Desde entonces, Uruguay ha consolidado indicadores de ingreso per cápita elevado y niveles de desigualdad inferiores al promedio regional, con alrededor del 60 por ciento de la población clasificada como clase media.

Implicancias macroeconómicas del movimiento actual

El repunte del euro frente al peso encarece las importaciones denominadas en esa moneda y eleva el costo de los viajes a la zona euro para residentes uruguayos. Al mismo tiempo, favorece a los exportadores que facturan en euros y a los sectores turísticos que reciben visitantes europeos. El aumento de la volatilidad observado en las últimas sesiones exige mayor atención por parte de las empresas que operan con coberturas cambiarias.

Los analistas coinciden en que la trayectoria moderada del crecimiento y la convergencia de la inflación hacia el objetivo del Banco Central del Uruguay configuran un escenario de estabilidad relativa. Sin embargo, el margen estrecho entre las proyecciones de inflación y el límite superior del rango meta obliga a monitorear eventuales presiones de precios derivadas de movimientos cambiarios adicionales. La combinación de estos factores determina que el tipo de cambio siga siendo una variable clave para las decisiones de inversión y consumo en el corto y mediano plazo.

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