En la apertura de la jornada del 7 de julio de 2026, el euro alcanzó un promedio de 67,18 pesos dominicanos, lo que supone un aumento del 0,31 por ciento frente al cierre previo de 66,98 pesos. La información proviene de datos proporcionados por Dow Jones y refleja el comportamiento inicial de la divisa europea en el mercado local dominicano.
Durante la última semana el euro acumuló una ganancia moderada del 0,12 por ciento, aunque en la comparación interanual registra una caída del 6,79 por ciento. Esta combinación de movimientos indica que la moneda comunitaria mantiene una tendencia alcista de corto plazo, pero sigue por debajo de los niveles observados hace un año.
Volatilidad y estabilidad del tipo de cambio
El indicador de volatilidad actual se sitúa en 7,72 por ciento, cifra notablemente inferior al promedio de referencia del 12,33 por ciento. La reducción de la oscilación sugiere que los operadores perciben menor incertidumbre en el cruce euro-peso dominicano, al menos en el corto plazo. Esta estabilidad relativa contrasta con periodos anteriores en los que factores externos generaron mayores fluctuaciones.

Los analistas atribuyen parte de esta calma a la ausencia de anuncios sorpresivos por parte de los principales bancos centrales. Tanto el Banco Central de la República Dominicana como la Reserva Federal de Estados Unidos han mantenido señales predecibles en sus últimas comunicaciones, lo que reduce la presión sobre el tipo de cambio.
Panorama económico dominicano para 2026
Según un informe de UBS Financial Services, República Dominicana afronta 2026 con expectativas de crecimiento real del PIB cercano al 4 por ciento. El documento señala que la combinación de tasas de interés más bajas y un entorno internacional más estable actuará como principal motor de la expansión. La firma destaca que la continuidad de políticas orientadas al mercado y la estabilidad política seguirán respaldando el dinamismo de la actividad productiva.
La reducción de los costos de financiamiento liberaría demanda interna y estimularía la inversión privada. Al mismo tiempo, un contexto externo menos volátil favorecería la recuperación del sector turístico, uno de los pilares de la economía dominicana. UBS considera que un estímulo fiscal focalizado complementará estos factores y ayudará a sostener el ritmo de crecimiento a lo largo del año.
Política fiscal y proyecciones de déficit
El gobierno dominicano aprobó recientemente un presupuesto suplementario que eleva el gasto de capital en 0,4 por ciento del PIB para 2025, ampliando el déficit global hasta 3,5 por ciento del producto. Para 2026, el Ministerio de Hacienda se ha fijado como meta un déficit de 3,2 por ciento del PIB y un superávit primario de 0,5 por ciento. Estas metas reflejan el esfuerzo por mantener la sostenibilidad de las cuentas públicas sin sacrificar el impulso al crecimiento.
La deuda pública bruta se mantendría estable en torno al 58 por ciento del PIB durante los próximos 12 a 18 meses, siempre que no se produzcan eventos macroeconómicos imprevistos. El informe de UBS subraya que los superávits provenientes de exportaciones de servicios y remesas compensarán los déficits en la balanza de ingresos y en el comercio de mercancías.
Factores que influyen en el tipo de cambio
Entre los elementos que determinarán la evolución del euro frente al peso dominicano destacan las decisiones de política monetaria del Banco Central local y de la Reserva Federal, la demanda interna de dólares asociada a las importaciones y el comportamiento general de la economía dominicana. Además, se anticipa un fortalecimiento gradual del dólar estadounidense hacia finales de 2026 dentro de un escenario de depreciación controlada del peso.
El Banco Central proyecta que el tipo de cambio rondará los 66,35 pesos por dólar en septiembre de 2026 y alcanzará cerca de 69,15 pesos un año después. Esta trayectoria implica una depreciación moderada y previsible que las autoridades buscan gestionar sin generar sobresaltos en los mercados.
Riesgos y visión de mediano plazo
El informe de UBS advierte sobre riesgos relacionados con eventos climáticos adversos y posibles desafíos de gobernabilidad, factores habituales en economías emergentes. No obstante, la firma mantiene una perspectiva optimista respecto a los principales indicadores macroeconómicos del país para 2026. La inversión extranjera directa neta se estima entre 3,5 y 4,0 por ciento del PIB, con énfasis en los sectores de turismo, comercio, industria, energía e inmobiliario. Estos flujos serían suficientes para cubrir la brecha externa, según datos del Banco Central citados por la firma suiza.
El déficit por cuenta corriente se situaría entre 2 y 2,5 por ciento del PIB al cierre de 2025 y 2026. Esta magnitud resulta manejable en el contexto actual, siempre que se mantenga la entrada de capitales de largo plazo y la estabilidad de las remesas.
