Euro en Cuba: estabilidad cambiaria y desafíos de 2026

La apertura del euro a 27,4 pesos cubanos el 6 de julio refleja una ligera contracción diaria del 0,21 por ciento frente al cierre previo. Esta variación ocurre en un mercado donde la volatilidad se mantiene en 3,22 por ciento, muy por debajo del nivel de referencia de 6,15 por ciento. La calma aparente del tipo de cambio convive con una economía que atraviesa su quinto año consecutivo de dificultades estructurales y que proyecta un crecimiento del 1 por ciento para 2026, idéntica meta que no se alcanzó en 2025.

Orígenes de la unificación monetaria y su legado

El 1 de enero de 2021 marcó el llamado Día Cero de la unificación. Hasta entonces coexistían el peso cubano y el peso convertible, este último equivalente al dólar más un impuesto del 10 por ciento. La desaparición del convertible eliminó la doble contabilidad pero trasladó al peso común la presión de una demanda de divisas que el mercado formal no podía satisfacer. Entre 2002 y 2021 la tasa pasó de 21 a 25 pesos por dólar oficial, mientras el mercado informal llegó a ofrecer 100 pesos por dólar en momentos de mayor escasez. Esa trayectoria explica por qué cualquier variación actual del euro se mide no solo en puntos porcentuales, sino también en su capacidad para atraer o expulsar divisas hacia circuitos informales.

Contracción acumulada y el marco de economía de guerra

Entre 2020 y 2024 el producto interno bruto cubano se contrajo un 11 por ciento. En 2024 la caída fue del 1,1 por ciento, el segundo año consecutivo de retroceso. El ministro Joaquín Alonso ha descrito el escenario de 2026 como una “economía de guerra” donde amenazas externas, riesgos internos y tensiones financieras pueden intensificarse. La proyección oficial de crecimiento del 1 por ciento se sustenta principalmente en la recuperación del turismo y en la exportación de servicios médicos, dos fuentes históricas de divisas que ya mostraron signos de agotamiento durante la pandemia y que ahora enfrentan competencia regional y limitaciones de infraestructura.

El déficit fiscal estimado en 74.500 millones de pesos, equivalente a unos 3.100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas, repite la magnitud del año anterior. Esa persistencia indica que el margen de maniobra para políticas expansivas sigue siendo estrecho y que cualquier incremento en el gasto social o en subsidios energéticos deberá financiarse con mayor emisión o con recortes en otras partidas.

Inflación, dolarización y efectos sobre el poder adquisitivo

El Gobierno prevé una inflación del 10 por ciento en el mercado formal para 2026, cinco puntos menos que el 14,07 por ciento registrado al cierre de 2025. Sin embargo, la reducción proyectada depende de que se mantenga la estabilidad cambiaria observada en las últimas semanas y de que no se produzcan nuevos choques de oferta en alimentos y combustibles. Cuando la inflación interanual alcanzó el 40 por ciento en 2022, el ministro de entonces reconoció que la falta de divisas era el factor principal. Esa misma relación causal sigue vigente: una depreciación sostenida del peso eleva el costo de las importaciones y se transmite rápidamente a los precios internos.

La creciente dolarización de facto añade otra capa de complejidad. Los productos importados y muchos servicios se cotizan en dólares o en euros, mientras los salarios estatales permanecen mayoritariamente en pesos. Esta brecha erosiona el poder adquisitivo de la población asalariada y acelera la migración de trabajadores calificados hacia el exterior o hacia actividades informales vinculadas al turismo. Entre 2020 y 2024 la combinación de contracción económica y apertura de vías migratorias legales e irregulares provocó una salida neta de población que aún no tiene cifras oficiales consolidadas, pero cuyos efectos ya se perciben en la escasez de personal médico y técnico en varias provincias.

Perspectivas para el turismo y los servicios médicos

El plan de crecimiento del 1 por ciento asigna un papel central a la recuperación turística. Sin embargo, la infraestructura hotelera requiere inversiones de mantenimiento y modernización que el sector público no puede financiar por sí solo. La promesa de un entorno “más dinámico y transparente” para la inversión extranjera choca con la realidad de un sistema financiero que sigue dependiendo de mecanismos de compensación bilateral y con la persistencia de sanciones que encarecen las operaciones comerciales. Los servicios médicos exportados, principalmente a Venezuela y otros países del Caribe, enfrentan competencia de otros proveedores regionales y la incertidumbre sobre los pagos pendientes.

Riesgos de mediano plazo y posibles trayectorias

Si la volatilidad del euro se mantiene por debajo del 4 por ciento durante el segundo semestre de 2026, el Banco Central podría ganar margen para estabilizar el tipo de cambio oficial sin recurrir a intervenciones costosas. No obstante, una nueva caída del turismo por debajo de los niveles de 2024 o un incremento en los precios del petróleo importado podrían revertir esa tendencia y elevar la presión sobre el mercado informal. En ese escenario, la brecha entre el tipo oficial y el paralelo tendería a ampliarse, reforzando la dolarización y reduciendo aún más el poder adquisitivo de los ingresos en pesos.

La historia del peso cubano muestra que cada intento de estabilización sin reformas estructurales en la oferta de bienes y servicios ha terminado por trasladar la presión inflacionaria al siguiente período. La meta de reducir la inflación a 10 por ciento en 2026 representa un objetivo ambicioso que requiere tanto control monetario como mejoras sostenidas en la disponibilidad de productos básicos, dos variables que hasta ahora han evolucionado en direcciones opuestas.

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