La cotización del euro cerró el 26 de junio en 27,34 pesos cubanos, un incremento marginal del 0,44 % frente al día anterior. Este movimiento, aunque pequeño, se inscribe en un panorama más amplio de inestabilidad monetaria que Cuba arrastra desde la unificación cambiaria de 2021 y que ahora se proyecta hacia un escenario de “economía de guerra” para 2026.
Orígenes de la distorsión monetaria
El 1 de enero de 2021, conocido como “Día Cero”, el Gobierno eliminó el peso convertible (CUC) e impuso una tasa única de 24 pesos cubanos por dólar. La medida buscaba simplificar el sistema de dos monedas heredado de los años noventa, pero en la práctica produjo una devaluación encubierta que erosionó el poder adquisitivo de salarios y pensiones. Entre 2020 y 2024 la economía cubana se contrajo un 11 % acumulado; solo en 2024 el PIB retrocedió otro 1,1 %. Esta secuencia de caídas consecutivas no tiene paralelo en la región desde la crisis argentina de 2001-2002.
La desaparición del CUC también impulsó la demanda de divisas en el mercado informal. Mientras el tipo de cambio oficial para empresas se mantiene en torno a 24 pesos por dólar, en la calle un euro puede superar los 300 pesos, según reportes de operadores independientes. Esta brecha alimenta la dolarización de facto que el propio Gobierno reconoce como uno de los problemas estructurales más graves.
Volatilidad controlada y señales de estabilidad relativa
En las últimas semanas el euro ha mostrado una volatilidad del 4,75 %, inferior al promedio histórico del 6,34 %. El descenso semanal del 0,65 % y la caída interanual del 2,59 % sugieren que la presión sobre la divisa europea se ha moderado ligeramente. Sin embargo, esta calma relativa no refleja una mejora de los fundamentos: sigue respondiendo más a la escasez de oferta de divisas que a un incremento genuino de la confianza.

El marco macroeconómico proyectado para 2026
El ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, ha fijado un objetivo de crecimiento del 1 % para 2026, idéntico al que no se alcanzó en 2025. El pronóstico se sustenta en la recuperación parcial del turismo y en el mantenimiento de los ingresos por servicios médicos exportados. No obstante, el propio funcionario advierte que el país operará bajo amenazas y tensiones que podrían intensificarse. El déficit fiscal estimado asciende a 74 500 millones de pesos (unos 3 100 millones de dólares al tipo oficial), cifra similar a la del año anterior y que deberá financiarse con emisión monetaria o mayor endeudamiento interno.
La inflación prevista para el mercado formal es del 10 %, cinco puntos menos que el 14,07 % registrado al cierre de 2025. Esta reducción, sin embargo, parte de una base ya elevada y no contempla el efecto de los precios en el mercado informal, donde muchos productos básicos se transan exclusivamente en dólares o euros.
Repercusiones en la vida cotidiana y la migración
La combinación de escasez crónica, apagones prolongados e inflación persistente ha acelerado la salida de población. Entre 2022 y 2025 más de 500 000 cubanos emigraron, según estimaciones de organismos internacionales. Esta pérdida de capital humano afecta directamente la capacidad de recuperación del turismo y de los servicios médicos, dos pilares del pronóstico oficial. Un médico que deja la isla no solo reduce la oferta exportable de servicios; también incrementa la presión sobre el sistema de salud interno, obligando al Estado a destinar más divisas para contratar personal extranjero o importar medicamentos.
Atracción de inversión extranjera: promesas y límites
El Gobierno ha reiterado su intención de ofrecer un entorno “más dinámico y transparente” para el capital foráneo. En la práctica, la unificación monetaria de 2021 no eliminó la dualidad de facto entre el sector estatal dolarizado y el resto de la economía. Las empresas mixtas siguen operando mayoritariamente en divisas, mientras que los proveedores locales reciben pagos en pesos que pierden valor rápidamente. Esta asimetría desincentiva la reinversión de utilidades y mantiene la percepción de riesgo alto entre potenciales inversores europeos y canadienses, principales socios históricos de la isla.
Consecuencias estructurales a mediano plazo
Si el crecimiento se mantiene en torno al 1 % anual, Cuba necesitará al menos una década para recuperar el nivel de PIB per cápita de 2019. Durante ese período, la dolarización tenderá a consolidarse como mecanismo de resguardo ante la depreciación del peso. El resultado probable es una mayor segmentación social: quienes acceden a remesas o divisas mantendrán un nivel de consumo relativamente estable, mientras que el resto enfrentará una erosión continua del salario real. Esta dinámica, ya visible en La Habana y Santiago de Cuba, podría profundizar tensiones distributivas y complicar cualquier intento posterior de reforma fiscal o salarial.
La dependencia de los ingresos por turismo y servicios médicos también expone al país a choques externos. Una nueva ola de restricciones de viaje desde Estados Unidos o una desaceleración del turismo europeo por motivos económicos o geopolíticos podría hacer inviable el objetivo del 1 % de crecimiento. En ese escenario, el déficit fiscal se ampliaría y la presión sobre el tipo de cambio informal se intensificaría, retroalimentando el ciclo de inestabilidad que la unificación monetaria pretendía romper.
