El euro mantuvo su cotización cerca de 1,1450 dólares el 3 de julio de 2026 tras conocerse datos que muestran una estabilización de la actividad en la zona euro. El índice compuesto de S&P Global alcanzó los 50 puntos en junio, saliendo por primera vez desde marzo del territorio de contracción. Este resultado se produjo en una jornada de bajo volumen porque Estados Unidos celebraba el Día de la Independencia y sus mercados permanecieron cerrados. El Banco Central Europeo fijó el tipo de referencia en 1,1448 dólares, apenas un punto básico por encima del cierre anterior.
La lectura del indicador manufacturero y de servicios revela que el crecimiento en la industria compensó la desaceleración aún presente en el sector servicios. El economista jefe de S&P Global Market Intelligence, Chris Williamson, señaló que esta moderación de las presiones de costes reducirá la probabilidad de nuevas subidas de tipos por parte del BCE en el corto plazo. Al mismo tiempo, las nóminas no agrícolas de Estados Unidos crecieron solo 57 000 empleos en junio, muy por debajo de las expectativas, aunque la tasa de paro bajó hasta el 4,2 %. Estos datos debilitaron las apuestas sobre futuras alzas de la Reserva Federal y contribuyeron a la depreciación del dólar.

Contexto histórico de la estabilización europea
Desde la crisis energética de 2022, la eurozona ha alternado periodos de contracción y recuperación parcial. El índice PMI compuesto permaneció por debajo de 50 durante catorce meses consecutivos hasta mayo de 2026. La recuperación observada en junio refleja sobre todo el repunte de los pedidos manufactureros en Alemania e Italia, impulsados por la normalización de las cadenas de suministro y por el descenso de los precios del gas natural. Sin embargo, el sector servicios sigue lastrado por la débil demanda interna en Francia y España, donde el consumo de los hogares se ha moderado ante la persistencia de tipos de interés elevados.
El BCE ha mantenido el tipo de depósito en el 3,75 % desde septiembre de 2025. La decisión de no recortar aún más responde al temor de que una relajación prematura reactive las tensiones inflacionistas. Los datos de junio muestran que la inflación subyacente sigue en torno al 2,8 %, por encima del objetivo simétrico del 2 %. Esta situación crea un dilema: por un lado, la actividad se estabiliza; por otro, los precios aún no han convergido plenamente al objetivo.
Repercusiones en la política monetaria estadounidense
El informe de empleo de junio en Estados Unidos alteró las expectativas sobre la Reserva Federal. Los analistas habían previsto 110 000 nuevos puestos; el resultado real fue casi la mitad. Esta debilidad reduce la presión sobre la Fed para endurecer aún más su política. Históricamente, cuando las nóminas no agrícolas se sitúan por debajo de 80 000 durante dos meses consecutivos, la probabilidad de un recorte de tipos en los siguientes noventa días aumenta en más de 25 puntos porcentuales, según datos del CME FedWatch Tool. El euro se beneficia directamente de este cambio de expectativas porque el diferencial de tipos entre el BCE y la Fed se estrecha.
Un dólar más débil abarata las importaciones europeas de materias primas denominadas en dólares y mejora la competitividad de las exportaciones de la eurozona hacia mercados emergentes. No obstante, también encarece las importaciones de energía para los países que no pertenecen al euro, lo que puede generar efectos secundarios en la inflación importada de socios comerciales como Turquía o Sudáfrica.
Impacto en el comercio y las cadenas de valor
Las empresas europeas que exportan a Estados Unidos ven mejorada su posición relativa frente a competidores asiáticos cuando el euro se mantiene por debajo de 1,15 dólares. Un ejemplo concreto es el sector automovilístico alemán: los márgenes de Volkswagen y BMW mejoran aproximadamente 1,2 puntos porcentuales por cada depreciación de cinco céntimos del euro frente al dólar. Al mismo tiempo, las empresas que importan componentes electrónicos desde Asia enfrentan costes ligeramente superiores, lo que puede trasladarse a precios finales si la demanda interna se recupera con fuerza en el segundo semestre de 2026.
En el ámbito de las cadenas de suministro, la estabilización del PMI manufacturero reduce el riesgo de nuevos cuellos de botella. Durante 2023 y 2024, los retrasos en la entrega de semiconductores elevaron los costes de producción de la industria automotriz y de maquinaria en un promedio del 4,8 %. La normalización observada en junio sugiere que estos riesgos han disminuido, lo que podría traducirse en menores presiones inflacionistas de origen industrial durante los próximos trimestres.
Efectos sociales y laborales a medio plazo
La estabilización de la actividad reduce la probabilidad de un aumento brusco del desempleo en la eurozona. Sin embargo, el sector servicios, que emplea al 72 % de la población activa europea, sigue mostrando debilidad. Si esta tendencia persiste, los gobiernos podrían verse obligados a extender programas de apoyo al empleo temporal, como los aplicados en Alemania durante la pandemia. El coste fiscal de estas medidas podría alcanzar el 0,6 % del PIB de la zona euro si la recuperación del consumo se retrasa hasta 2027.
Por otro lado, un euro más estable y un dólar más débil favorecen las remesas enviadas por trabajadores latinoamericanos y norteafricanos hacia sus países de origen. En España y Portugal, donde las comunidades inmigrantes representan el 12 % y el 9 % de la fuerza laboral respectivamente, un tipo de cambio favorable incrementa el poder adquisitivo de las familias receptoras y puede estimular el consumo interno en economías receptoras como Marruecos o Colombia.
Perspectivas de largo plazo para la integración europea
La capacidad del BCE para mantener la estabilidad del euro sin nuevas subidas de tipos dependerá de la evolución de la inflación subyacente en los próximos seis meses. Si los datos de julio y agosto confirman la moderación de precios, el organismo podría iniciar un ciclo de recortes graduales a partir del primer trimestre de 2027. Este escenario reforzaría la cohesión interna de la eurozona al aliviar la carga de la deuda pública de países como Italia y Grecia, cuyos costes de financiación bajan cuando los tipos de interés disminuyen.
A escala global, la estabilidad del euro en torno a 1,1450 dólares consolida su papel como moneda de reserva secundaria. Los bancos centrales de economías emergentes han aumentado sus tenencias de euros desde 2023, pasando del 19 % al 22 % de sus reservas. Esta diversificación reduce la dependencia del dólar y contribuye a una arquitectura financiera internacional más multipolar. Sin embargo, cualquier reversión brusca de los datos económicos europeos podría erosionar esa confianza y provocar salidas de capital hacia activos denominados en dólares o francos suizos.
El episodio de julio de 2026 ilustra cómo la combinación de datos europeos positivos y debilidad temporal del mercado laboral estadounidense puede generar un equilibrio frágil pero funcional. Las autoridades monetarias de ambos lados del Atlántico deben calibrar sus decisiones con precisión para evitar que este equilibrio derive en nueva volatilidad durante el segundo semestre del año.
