El euro cerró el 29 de junio a 67,43 pesos dominicanos, una baja de apenas 0,13% frente al cierre previo. En la semana avanzó 1,74%, pero en términos interanuales acumula una caída de 7,01%. La volatilidad medida se ubica en 14,96%, muy por encima del nivel de referencia de 12,22%. Estos datos marcan un mercado cambiario más inestable de lo habitual, en un contexto donde República Dominicana prepara su economía para 2026 con proyecciones de crecimiento del PIB real cercano al 4%.
El informe de UBS Financial Services subraya que la combinación de tasas de interés más bajas y un entorno externo más estable impulsará la demanda interna y la inversión. El estímulo fiscal aprobado, que eleva el gasto de capital en 0,4% del PIB para 2025, amplía el déficit global al 3,5% y deja como meta para 2026 un déficit de 3,2% del PIB junto con un superávit primario de 0,5%. El tipo de cambio, según el Banco Central, se situaría cerca de 66,35 pesos en septiembre de 2026 y alcanzaría 69,15 un año después, dentro de un escenario de depreciación controlada.

Uno de los efectos más directos recae sobre los importadores de bienes europeos. Con un euro más volátil, los costos de maquinaria, componentes industriales y productos farmacéuticos se vuelven menos predecibles. Empresas que operan con márgenes ajustados deben incorporar coberturas cambiarias más frecuentes o renegociar contratos con proveedores, elevando sus gastos operativos. Esta presión puede trasladarse parcialmente a precios finales, afectando la inflación doméstica en segmentos específicos.
Impacto diferenciado en sectores productivos
El sector turístico, principal generador de divisas, observa con atención la evolución del euro. Visitantes procedentes de la zona euro representan una porción significativa del flujo anual. Una depreciación gradual del peso frente al euro podría abaratar el destino para esos turistas, incrementando la ocupación hotelera y el gasto promedio por visitante. Sin embargo, si la volatilidad persiste, los tour operadores europeos podrían retrasar reservas o exigir descuentos adicionales para compensar la incertidumbre, erosionando parte de la ventaja competitiva.
Por el lado de las exportaciones de servicios y las remesas, el panorama es más favorable. Los flujos de remesas desde Europa se mantienen estables o incluso crecen cuando el euro se fortalece temporalmente. UBS proyecta que los superávits de servicios y remesas seguirán compensando los déficits en la cuenta de ingresos y comercio de mercancías, manteniendo el déficit por cuenta corriente entre 2% y 2,5% del PIB en 2025 y 2026. Esta dinámica reduce la necesidad de financiamiento externo y sostiene la estabilidad de las reservas internacionales.
Perspectivas de política monetaria y riesgos externos
Las decisiones del Banco Central dominicano y de la Reserva Federal estadounidense configuran el principal eje de incertidumbre. Si la Fed mantiene tasas altas por más tiempo, el dólar podría fortalecerse globalmente hacia finales de 2026, acelerando la depreciación del peso. En cambio, una relajación más rápida de la política estadounidense favorecería un euro más estable frente al peso dominicano. El gobierno ha optado por un déficit fiscal moderado y una deuda pública bruta contenida alrededor del 58% del PIB, lo que otorga margen para absorber choques externos sin alterar drásticamente la trayectoria cambiaria.
La inversión extranjera directa neta estimada entre 3,5% y 4% del PIB, concentrada en turismo, comercio, industria, energía e inmobiliario, actúa como colchón adicional. Estos flujos financian el desequilibrio externo y reducen la presión sobre el tipo de cambio. No obstante, eventos climáticos adversos o tensiones de gobernabilidad, frecuentes en economías emergentes, podrían alterar la llegada de capitales y generar episodios de mayor volatilidad.
Escenarios de mediano plazo y recomendaciones implícitas
La proyección de depreciación controlada hacia 69,15 pesos por euro en 2027 sugiere que las autoridades priorizarán la competitividad exportadora y el turismo por encima de la defensa rígida del tipo de cambio. Este enfoque implica que importadores y consumidores deberán adaptarse a un peso estructuralmente más débil. Las empresas con exposición significativa a insumos europeos podrían acelerar procesos de sustitución de proveedores o diversificación geográfica para mitigar riesgos.
En términos generales, la combinación de crecimiento del PIB cercano al 4%, superávit primario positivo y deuda estable configura un entorno macroeconómico relativamente sólido. Sin embargo, la elevada volatilidad cambiaria actual indica que los agentes económicos deben incorporar escenarios de mayor incertidumbre en sus planes de inversión y cobertura. La capacidad de República Dominicana para mantener la estabilidad fiscal y monetaria frente a choques externos determinará si la depreciación permanece controlada o se acelera más allá de las proyecciones actuales.
