El euro abrió el 14 de julio cotizándose a 3.716,89 pesos colombianos, un alza del 2,3 por ciento frente al cierre previo. Este movimiento se inscribe en un periodo de mayor inestabilidad cambiaria, donde la volatilidad alcanzó el 21,3 por ciento, por encima del nivel de referencia del 18,45 por ciento. Aunque en la última semana el euro avanzó apenas 0,42 por ciento, su desempeño interanual registra una caída del 18,55 por ciento, lo que refleja la persistencia de presiones estructurales sobre las divisas emergentes.
Orígenes de la volatilidad cambiaria colombiana
La dinámica del peso frente al euro y al dólar tiene raíces en la evolución de la política monetaria internacional desde 2022. La Reserva Federal elevó sus tasas de forma agresiva para contener la inflación posterior a la pandemia, lo que fortaleció temporalmente al dólar y presionó a la baja las monedas de América Latina. En Colombia, el Banco de la República respondió manteniendo su tasa en 9,25 por ciento, creando un diferencial que favoreció estrategias de carry trade. Sin embargo, la posterior reducción de la tasa estadounidense al rango de 3,50-3,75 por ciento alteró ese equilibrio y permitió una apreciación del peso que se prolongó durante 2025.
El comportamiento del índice DXY, que cayó 9 por ciento en ese lapso, actuó como catalizador adicional. La pérdida de valor global del dólar coincidió con un flujo constante de remesas hacia Colombia y con ajustes al alza en el salario mínimo local. Estos elementos configuraron un escenario en el que el peso ganó terreno, apreciándose 14 por ciento frente al dólar en 2025.

Proyecciones del Grupo Cibest para 2026
Según el informe de Bancolombia, el dólar promediaría 3.878 pesos durante 2026. Esta estimación descansa en la continuidad de la debilidad del dólar a nivel global, el sostenimiento de las remesas y la expectativa de nuevos incrementos en las tasas locales. El análisis del banco señala que el diferencial de tasas entre la Reserva Federal y el Banco de la República seguirá incentivando el carry trade, manteniendo al peso relativamente estable frente al dólar estadounidense.
La misma proyección incorpora el comportamiento observado en 2025 como línea base. La apreciación del peso durante ese año se atribuyó principalmente a la depreciación global del dólar, impulsada por la volatilidad en la política comercial de Estados Unidos. Estos factores, combinados con la reducción del índice DXY, configuraron un entorno favorable para las monedas emergentes, aunque no exento de riesgos internos.
Efectos sobre sectores productivos y hogares
La apreciación del peso reduce el costo de las importaciones de bienes intermedios y de capital, lo que beneficia a industrias manufactureras que dependen de insumos externos. Empresas del sector textil y automotriz han registrado menores costos de producción, permitiendo recomponer márgenes tras años de presión inflacionaria. No obstante, los exportadores de café, flores y carbón enfrentan ingresos menores en pesos por cada dólar recibido, lo que afecta directamente la rentabilidad de regiones como el Eje Cafetero y el Cesar.
En los hogares, la estabilidad del tipo de cambio se traduce en menor presión sobre los precios de alimentos importados y electrodomésticos. Sin embargo, la volatilidad observada en julio introduce incertidumbre para las decisiones de ahorro e inversión. Familias con deudas en dólares ven aliviada su carga, mientras que quienes mantienen ahorros en moneda extranjera experimentan una erosión relativa de su poder adquisitivo.
Riesgos fiscales y políticos en el horizonte
El recorte en la calificación soberana de Colombia por parte de una agencia internacional elevó las primas de riesgo y podría generar presiones alcistas sobre el tipo de cambio si se intensifica la percepción de fragilidad fiscal. El proceso electoral previsto para los próximos meses añade otra capa de incertidumbre, ya que los mercados suelen anticipar posibles cambios en la orientación de la política económica.
El Gobierno ha implementado medidas para contener una depreciación mayor del peso, entre ellas la acumulación de reservas y la gestión activa de la deuda. No obstante, el informe de Bancolombia advierte que estos esfuerzos podrían resultar insuficientes si la incertidumbre fiscal se prolonga o si se materializan choques externos adicionales.
Perspectivas de largo plazo para el peso colombiano
La evolución del peso dependerá en gran medida de la capacidad de Colombia para mantener el diferencial de tasas y de la trayectoria del dólar a escala global. Si la Reserva Federal mantiene una postura más laxa y las remesas continúan fluyendo, el escenario base de un dólar cercano a 3.878 pesos parece plausible. Sin embargo, cualquier deterioro en las cuentas fiscales o un repunte de la inflación interna podría revertir esa tendencia y elevar la volatilidad observada en los primeros meses de 2026.
La historia reciente muestra que los periodos de apreciación del peso suelen ir seguidos de correcciones cuando cambian las condiciones externas o internas. La actual combinación de factores sugiere que el tipo de cambio seguirá siendo un termómetro sensible de la confianza de los inversionistas en la economía colombiana durante los próximos años.
