Europa teme un gas por encima de 100 euros

Los precios del gas en Europa podrían superar los 100 euros por megavatio-hora por primera vez desde la crisis energética de hace cuatro años. El escenario depende de la velocidad con que se reanuden las exportaciones de gas natural licuado desde Oriente Medio y de la competencia que el continente tendría que afrontar con Asia para asegurar combustible antes del invierno.

La señal más inmediata llegó del mercado de referencia: los futuros del TTF holandés superaron el martes los 68 euros por megavatio-hora, su nivel más alto desde comienzos de 2023, aunque después retrocedieron ligeramente. Goldman Sachs estima que los futuros podrían rebasar los 100 euros si el retorno del GNL de Oriente Medio es demasiado lento. Tancrede Fulop, analista sénior de renta variable de Morningstar, sitúa el posible rango entre 90 y 120 euros en caso de un invierno frío y de restricciones persistentes de suministro.

Reservas al 63 % antes del invierno

La presión se concentra en los depósitos europeos. El almacenamiento de gas de la Unión Europea ronda el 63 %, según Gas Infrastructure Europe, un nivel descrito como mínimo histórico durante la etapa del año en que la región suele reforzar sus reservas. Los problemas en el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz frenaron las exportaciones de GNL procedentes del golfo Pérsico justo en ese periodo de recarga.

El consumo estival también ha reducido el margen disponible. La ola de calor elevó la demanda de electricidad para aire acondicionado y otros electrodomésticos, mientras el gas natural aporta aproximadamente una sexta parte de la generación eléctrica de la UE. Esa combinación llega después de que el bloque reemplazara parte del gas ruso barato por fuentes como el GNL estadounidense, de mayor coste.

Asia y el tiempo, dos variables abiertas

La demanda asiática será determinante para la evolución de los precios. Matt Drinkwater, director del departamento de gas europeo de Energy Aspects, señaló que el inminente fenómeno de El Niño podría propiciar un inicio suave del invierno en el noreste de Asia y reducir allí el consumo. Sin embargo, esa posibilidad convive con la incertidumbre sobre los flujos desde Oriente Medio y con unas reservas europeas todavía por debajo de los niveles habituales para esta fase del año.

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