Evitaría plan de ‘escudo solar’ regresar a la Edad de Piedra

Es el año 2040 y la “Grande”, una tormenta solar de magnitud comparable a la de 1859, avanza hacia la Tierra. Los modelos de la NASA y la ESA coinciden en que su llegada podría dañar redes eléctricas, satélites de comunicación y sistemas de navegación durante semanas. Frente a esa perspectiva, un grupo de científicos y agencias espaciales propone desplegar un escudo solar artificial en el punto de Lagrange L1 para reducir la intensidad de las eyecciones de masa coronal antes de que alcancen la atmósfera terrestre.

El origen de la propuesta

La idea surgió de un estudio conjunto publicado en 2038 por el Laboratorio de Física Solar de la Universidad de Colorado y la Agencia Espacial Europea. Los investigadores calcularon que un conjunto de velas solares de 1 200 kilómetros de diámetro, fabricadas con material reflectante ultraligero, podría desviar hasta el 60 % de las partículas cargadas más energéticas. El costo estimado del proyecto supera los 400 000 millones de dólares y requeriría al menos ocho lanzamientos con cohetes de carga pesada durante cinco años consecutivos.

El plan contempla un periodo de pruebas de dos años antes de su despliegue completo. Durante esa fase, sensores instalados en la Estación Espacial Internacional medirían la reducción real de la radiación y la posible alteración de las órbitas de satélites cercanos. Los responsables del proyecto insisten en que el escudo no pretende modificar el clima, sino únicamente proteger la infraestructura crítica.

Impacto previsto en la infraestructura

Una tormenta solar de la intensidad de la “Grande” podría inducir corrientes geomagnéticas capaces de fundir transformadores en redes de alta tensión. Según datos del Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos, el tiempo de recuperación de la red eléctrica en regiones densamente pobladas oscilaría entre cuatro y diez años. Las interrupciones afectarían también a los sistemas de posicionamiento global, lo que paralizaría el transporte aéreo y marítimo durante meses.

Evitaría plan de ‘escudo solar’ regresar a la Edad de Piedra

Las compañías de seguros ya han comenzado a ajustar sus pólizas ante la posibilidad de que los daños queden excluidos por considerarse “evento de fuerza mayor”. En Europa, el operador de la red eléctrica ENTSO-E ha solicitado a los gobiernos nacionales que reserven fondos de contingencia equivalentes al 3 % del PIB para cubrir eventuales reparaciones.

Reacciones de la comunidad científica

El astrofísico británico Richard Carrington, descendiente del investigador que documentó la tormenta de 1859, considera que el escudo representa una medida de precaución razonable, aunque advierte que su efectividad depende de la precisión en la predicción de la trayectoria de la eyección. Por su parte, la Unión Astronómica Internacional ha pedido que cualquier decisión de despliegue cuente con el respaldo de un panel internacional independiente que evalúe riesgos colaterales, como la posible interferencia con observatorios terrestres.

Organizaciones ambientales han expresado preocupación por el uso intensivo de materiales raros necesarios para fabricar las velas solares. Un informe del Instituto de Recursos Mundiales señala que la extracción de aluminio y polímeros especiales podría generar un aumento temporal del 8 % en las emisiones de carbono de la industria aeroespacial durante la fase de construcción.

Alternativas y limitaciones

Algunos gobiernos evalúan opciones más modestas, como el endurecimiento de transformadores y la creación de reservas estratégicas de generadores portátiles. Estas medidas, sin embargo, no protegen los satélites en órbita baja, que representan una inversión acumulada superior a los 2 billones de dólares. El escudo solar, en cambio, ofrecería cobertura simultánea a múltiples sectores, aunque su construcción exigiría una coordinación sin precedentes entre agencias civiles y militares de al menos quince países.

Los plazos actuales sitúan la posible terminación del escudo hacia 2047, siete años después del escenario descrito. Hasta entonces, la única defensa sigue siendo la mejora de los sistemas de alerta temprana, que permiten ganar entre 15 y 40 minutos de margen antes del impacto de una eyección solar.

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