El exemir de Catar, Hamad bin Khalifa Al Thani, falleció a los 74 años tras una trayectoria que impulsó la modernización económica del país y su proyección internacional. Durante sus 18 años de gobierno, entre 1995 y 2013, transformó un pequeño emirato en uno de los mayores exportadores mundiales de gas natural licuado, multiplicando sus ingresos y posicionándolo como actor relevante en la región.

Su decisión de abdicar voluntariamente en 2013 facilitó una transición ordenada hacia su hijo Tamim, evitando las incertidumbres habituales en los cambios de poder en la península arábiga. Bajo su mandato Catar obtuvo la sede del Mundial de 2022, adoptó una constitución permanente y definió la Visión 2030, orientada a diversificar la economía más allá de los hidrocarburos.
En política exterior, Hamad promovió la mediación en conflictos como el Líbano y Darfur, aunque también se le atribuyó apoyo a movimientos islamistas durante la Primavera Árabe. Su legado combina el desarrollo acelerado con una influencia regional que sigue marcando la estrategia de Catar bajo el actual emir.
