Fertilización con hierro: antecedentes y efectos globales

La propuesta de fertilizar los océanos con hierro para acelerar la captura de dióxido de carbono surge en un momento en que las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero superan ya los 420 ppm. Investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y de la Universidad Jiaotong de China argumentan que esta técnica podría contribuir a mantener el aumento de temperatura entre 1,5 y 2 grados centígrados. Sin embargo, la idea no es nueva y se inscribe en una larga trayectoria de experimentos y debates científicos que se remontan a los años noventa.

El concepto se basa en la observación de que el hierro actúa como nutriente limitante en amplias zonas del océano abierto. Cuando se añade artificialmente, puede estimular floraciones de fitoplancton que, al morir, transportan carbono orgánico hacia las profundidades. El catedrático Santiago Hernández León ha estudiado durante décadas cómo el polvo sahariano realiza esta función de manera natural en el Atlántico subtropical, proporcionando un precedente empírico para la intervención humana a mayor escala.

Antecedentes experimentales y regulaciones internacionales

Los primeros ensayos controlados, como SOIREE en 1999 y LOHAFEX en 2009, demostraron que la adición de hierro genera floraciones masivas de diatomeas. No obstante, la eficiencia del secuestro de carbono resultó inferior a la esperada porque gran parte del material orgánico se remineralizaba en las capas superficiales. Estos resultados llevaron a la Convención de Londres a adoptar en 2008 una moratoria sobre la fertilización comercial, que solo permite experimentos científicos bajo estricta supervisión. La nueva propuesta de Hernández León y Eric Lichtfouse plantea una transición gradual que combine investigación básica con aplicaciones controladas, evitando la repetición de los errores de escala de los proyectos anteriores.

Canarias ocupa una posición estratégica en este debate. Sus aguas, influenciadas por el afloramiento de Canarias y los episodios recurrentes de polvo sahariano, constituyen un laboratorio natural donde se pueden monitorizar los efectos de la fertilización sin necesidad de grandes desplazamientos logísticos. La Universidad de Las Palmas ha señalado que la región podría albergar ensayos de mediana escala que permitan medir tanto la captura de carbono como los posibles cambios en la red trófica pelágica.

Impactos económicos y presión regulatoria europea

El sistema europeo de comercio de derechos de emisión grava actualmente las industrias intensivas en carbono con precios que superan los 80 euros por tonelada de CO2. Esta carga fiscal crea un incentivo directo para que las empresas exploren tecnologías de emisiones negativas. La fertilización oceánica, si se demuestra viable, podría convertirse en un mecanismo de compensación para sectores difíciles de descarbonizar como el transporte marítimo y la aviación. Sin embargo, la ausencia de un marco de verificación estandarizado genera incertidumbre sobre la permanencia del carbono secuestrado y sobre posibles fugas hacia la atmósfera en escalas temporales de décadas.

Un escenario plausible es que países con menor regulación fiscal atraigan inversiones de compañías que busquen alternativas más económicas. Esta dinámica podría fragmentar aún más el esfuerzo global de reducción de emisiones y debilitar la competitividad de las economías europeas que mantienen estándares ambientales más exigentes. Al mismo tiempo, el desarrollo de estas tecnologías exige inversiones iniciales elevadas en monitoreo oceanográfico y modelización biogeoquímica, recursos que solo unos pocos países o consorcios internacionales pueden movilizar.

Riesgos ecológicos y gobernanza a largo plazo

El principal argumento en contra de la fertilización a gran escala radica en los posibles efectos secundarios sobre los ecosistemas marinos. Floraciones excesivas podrían agotar el oxígeno en capas intermedias, favorecer especies oportunistas o alterar las cadenas alimentarias de las que dependen pesquerías comerciales. Estudios de modelización publicados en revistas como Nature Climate Change indican que la eficacia del secuestro depende críticamente de la composición de la comunidad planctónica y de la profundidad a la que se exporta el carbono. Sin protocolos de seguimiento continuo, existe el riesgo de que intervenciones mal diseñadas generen daños irreversibles en regiones de alta biodiversidad.

Desde una perspectiva de gobernanza, la fertilización oceánica plantea interrogantes sobre la propiedad de los sumideros de carbono en aguas internacionales. Si un país o empresa financia la adición de hierro y reclama créditos de carbono, ¿quién verifica que el secuestro sea adicional y permanente? La experiencia del Mecanismo de Desarrollo Limpio de la ONU muestra que la contabilidad de proyectos de este tipo requiere instituciones robustas y mecanismos de resolución de conflictos que aún no existen para el medio marino.

Perspectivas de integración con otras estrategias

La propuesta de los investigadores canarios y chinos no se presenta como alternativa única, sino como complemento necesario a la transición energética. Modelos integrados del IPCC indican que las tecnologías de emisiones negativas deberán retirar entre 5 y 15 gigatoneladas de CO2 anuales a partir de 2050 para cumplir los objetivos de París. Ninguna técnica aislada, ni la reforestación ni la captura directa del aire, alcanza esa magnitud por sí sola. La fertilización oceánica podría aportar una fracción significativa si se resuelven las incertidumbres científicas y regulatorias actuales.

El verdadero desafío radica en construir un marco internacional que permita experimentar con precaución mientras se mantiene la presión para reducir emisiones en origen. Canarias, por su ubicación y capacidad científica, podría desempeñar un papel pionero en el diseño de protocolos de monitoreo que sirvan de referencia global. El éxito de esta vía dependerá menos de la viabilidad técnica inmediata que de la capacidad de las instituciones para gestionar riesgos complejos en un sistema oceánico que sigue siendo, en gran medida, desconocido.

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