Fletes refrigerados peruanos alcanzan USD 7.000

Los exportadores peruanos afrontarán desde agosto de 2026 un nuevo aumento de sus costos logísticos, en un contexto marcado por la volatilidad del transporte marítimo, los recargos portuarios y las dificultades para mantener disponibles los contenedores refrigerados. Según un análisis del Instituto de Investigación y Desarrollo de Comercio Exterior (Idexcam) de la Cámara de Comercio de Lima (CCL), los fletes de carga refrigerada desde el puerto del Callao hacia la Costa Este de Estados Unidos pueden llegar hasta los USD 7.000 por contenedor de 40 pies.

El incremento afecta especialmente a las agroexportaciones y a los productos pesqueros, cuya conservación depende de una cadena de frío continua. En estas operaciones, el transporte no solo representa el costo de trasladar la mercancía: también incluye la disponibilidad de equipos especializados, el consumo energético, la manipulación portuaria y el riesgo de que una demora comprometa la calidad del producto.

La carga refrigerada concentra la mayor presión

Los datos de Idexcam muestran diferencias importantes según el tipo de carga y el destino. Para los contenedores de carga seca embarcados desde el Callao, los fletes se sitúan entre USD 1.800 y USD 3.200 hacia los puertos asiáticos de Shanghai y Ningbo. En dirección a la Costa Este de Estados Unidos, el rango llega a entre USD 2.500 y USD 4.600, dependiendo de si se utiliza un contenedor de 20 o de 40 pies.

La situación es más exigente para la carga refrigerada. Las tarifas hacia la Costa Este estadounidense alcanzan los USD 7.000 por contenedor de 40 pies, mientras que los envíos hacia Asia oscilan entre USD 4.800 y USD 6.000. Para Europa, los valores se ubican entre USD 4.300 y USD 5.500. Estas cifras, de acuerdo con Óscar Quiñones, jefe de Idexcam, implican aumentos de entre 5% y 10%.

El encarecimiento se produce pese a que durante julio los fletes marítimos globales registraron un retroceso moderado, de entre 3% y 6%. Esa reducción estuvo asociada con una mayor oferta de buques y una relativa estabilidad de los flujos comerciales. Sin embargo, la mejora general no se trasladó de la misma manera al segmento refrigerado, donde la demanda de equipos es más limitada y las necesidades operativas son más complejas.

Agosto suma recargos a las rutas internacionales

El aumento de los fletes internacionales coincide con ajustes en las tarifas de los servicios locales de los puertos peruanos, vigentes desde agosto. Los nuevos cargos alcanzan distintas etapas de la operación, entre ellas el almacenamiento, la manipulación y el despacho de mercancías. Por ello, el impacto final para el exportador puede superar el valor consignado únicamente en la tarifa marítima.

La combinación de ambos factores modifica la estructura de costos de las empresas. Un contenedor refrigerado que permanece más tiempo en una terminal puede generar gastos adicionales por almacenamiento y conexión eléctrica, mientras que una demora en el despacho puede alterar la programación de cosechas, plantas de procesamiento y embarques. En productos perecederos, la puntualidad tiene además una relación directa con la vida útil disponible al llegar al mercado de destino.

La CCL advierte que la persistencia del conflicto en Medio Oriente y las restricciones en el mar Rojo continúan afectando la planificación naviera. Para evitar zonas de riesgo, varias embarcaciones optan por rutas más largas alrededor del cabo de Buena Esperanza. Este desvío aumenta el tiempo de navegación, eleva el consumo de combustible y retrasa el retorno de los contenedores al circuito logístico.

El efecto sobre los equipos refrigerados es particularmente sensible. Cuando el retorno de los contenedores se prolonga, disminuye temporalmente la disponibilidad de unidades para nuevos embarques. En periodos de alta demanda agrícola, esa menor disponibilidad puede presionar las tarifas incluso si la capacidad total de transporte marítimo muestra señales de estabilización.

El desafío para la próxima campaña agroexportadora

La presión llega antes de una nueva campaña agroexportadora, cuando aumenta la necesidad de transportar frutas, hortalizas y otros productos que requieren temperatura controlada. Para las empresas grandes, el impacto puede gestionarse mediante contratos de mayor duración o una mejor distribución de los embarques. Para los exportadores medianos y pequeños, en cambio, el alza puede reducir los márgenes y dificultar la negociación con compradores internacionales.

El problema no se limita a decidir si un embarque resulta rentable. Las empresas deben calcular con mayor precisión los tiempos de tránsito, la disponibilidad de contenedores, los costos portuarios y las posibles penalidades contractuales. Un flete más caro puede absorber parte del valor de venta, pero una mala coordinación también puede provocar sobrecostos por demoras, reprogramaciones o incumplimientos de entrega.

En ese escenario, Idexcam recomienda revisar las condiciones pactadas bajo los Incoterms, ya que estas reglas determinan cómo se distribuyen entre vendedor y comprador los costos, riesgos y responsabilidades del transporte. También plantea evaluar acuerdos de flete a mediano plazo cuando las condiciones comerciales lo permitan, aunque esa alternativa debe equilibrarse con el riesgo de comprometerse a tarifas que podrían bajar posteriormente.

La institución aconseja además reforzar la planificación logística y documental. La coordinación anticipada con navieras, agentes de carga, terminales y operadores de cadena de frío puede ayudar a reducir tiempos improductivos y evitar cargos evitables. La documentación completa y presentada dentro de los plazos previstos también resulta relevante para impedir retenciones o penalidades que se sumen al encarecimiento del transporte.

El aumento de los costos no determina por sí solo una pérdida de competitividad para las exportaciones peruanas, pero sí eleva la importancia de la eficiencia en toda la cadena. La capacidad de negociar, programar embarques y controlar los tiempos de operación será decisiva mientras persistan las alteraciones en las rutas marítimas y la demanda estacional de contenedores refrigerados. El desempeño del sector durante los próximos meses dependerá, en buena medida, de cuánto puedan trasladar las empresas estos sobrecostos sin perder mercados ni deteriorar sus márgenes.

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