Una isla de casi 4,000 hectáreas frente a la costa de Australia Meridional está en plena reconversión ecológica tras haber servido durante décadas como explotación ovina. La familia Woolford, propietaria de Flinders Island desde 1979, participa ahora junto con autoridades estatales y federales en un plan de 4.8 millones de dólares australianos para erradicar especies invasoras y preparar el territorio para el regreso de mamíferos nativos desaparecidos.
El proyecto, denominado Flinders Island Safe Haven, no se limita a cerrar una etapa ganadera. Su propósito es recuperar un ecosistema insular que todavía conserva cerca del 75% de vegetación nativa, pero que perdió la seguridad biológica necesaria para sostener fauna vulnerable. La iniciativa reúne al Gobierno de Australia, al Gobierno de Australia Meridional, al Eyre Peninsula Landscape Board y a la familia propietaria en una operación que combina conservación, control de plagas y planificación de largo plazo.

Del pastoreo al cierre del ciclo ganadero
La familia Woolford compró la isla en 1979 y mantuvo allí una actividad centrada en ovejas merinas. Con el paso del tiempo, esa base económica se fue reduciendo mientras también crecían usos vinculados al turismo de naturaleza y a la pesca de abulón. El retiro de los últimos animales de ganado en mayo de 2025 marcó el final formal de una etapa que definió durante casi medio siglo la relación entre la propiedad y el territorio.
Flinders Island, ubicada a unos 35 kilómetros de la península de Eyre, es la cuarta isla más grande de Australia Meridional. Su superficie, de aproximadamente 3,854 hectáreas, incluye playas, dunas, bahías, acantilados y formaciones rocosas. Esa diversidad física explica en parte por qué la isla aparece hoy como una candidata sólida para volver a sostener especies terrestres nativas, siempre que se eliminen las amenazas introducidas.
La amenaza que frenó el regreso de fauna
El aislamiento geográfico no bastó para proteger la isla de gatos asilvestrados, ratas y ratones. Esas especies representan el principal obstáculo para reintroducir pequeños mamíferos, porque pueden depredar sobre ellos o competir por recursos en un espacio cerrado. En una isla, donde las poblaciones son más limitadas y cualquier desequilibrio se amplifica con rapidez, el control de invasoras deja de ser una tarea complementaria y pasa a ser la condición central del proyecto.
Por eso, la inversión de 4.8 millones de dólares australianos se destina sobre todo a las labores de erradicación y verificación. Desde 2025 se utilizan cámaras de vigilancia, drones con tecnología térmica, búsquedas a pie y perros detectores para localizar incluso los últimos ejemplares. La dificultad no está solo en encontrarlos, sino en demostrar que no queda una población residual capaz de reproducirse y reiniciar el problema.
Qué especies podrían volver
Los antecedentes históricos y fósiles indican que Flinders Island albergó mamíferos terrestres nativos hoy ausentes, entre ellos el quol occidental, el bandicut marrón meridional, el possum de cola de cepillo y el wallaby liebre bandeado. También se evalúa la reintroducción del wallaby tammar y de otras especies amenazadas. Ninguna será liberada hasta que las autoridades confirmen que el entorno puede sostenerlas sin exponerlas a una nueva pérdida.
El calendario depende de una fase de vigilancia prolongada. Si la isla permanece libre de gatos y roedores durante el periodo requerido, las autoridades prevén que obtenga la certificación correspondiente en mayo de 2027. Solo entonces podría comenzar la siguiente etapa, la reintroducción gradual de fauna nativa. El proceso es deliberadamente lento porque, en conservación, el verdadero éxito no es liberar animales, sino garantizar que puedan permanecer.
La transformación de Flinders Island refleja un cambio más amplio en el uso de territorios privados en Australia: propiedades antes orientadas a la producción extensiva empiezan a integrarse en estrategias de restauración ecológica. En este caso, la apuesta es convertir una antigua explotación de ovejas en un refugio seguro para especies amenazadas, con una restauración que depende tanto de la ciencia aplicada como de la continuidad institucional. Si el plan se completa como está previsto, la isla cerrará en 2027 una transición iniciada hace 47 años y pasará de sostener ganado a recuperar fauna perdida.
