CIUDAD DE MÉXICO.- Durante una emisión reciente del programa Netas Divinas, Galilea Montijo abordó el episodio en que su hijo Mateo, a punto de cumplir 12 años, expresó su deseo de trasladarse a Acapulco para vivir con su padre, el empresario Fernando Reina. La conductora detalló el proceso sin limitarse a relatar los hechos, sino que explicó las etapas que atravesó, el apoyo recibido en terapia y las implicaciones de respetar las elecciones de los hijos conforme crecen.
El momento de la conversación
La presentadora relató que la noticia la sorprendió y que, en un primer instante, intentó convencer a Mateo de permanecer con ella. Según su testimonio, llegó a suplicarle que reconsiderara la opción, pero el menor respondió con una frase que definió el instante: “A ver mamá, es que entiende, mi felicidad en este momento está con mi papá”. Montijo reconoció que escuchar esas palabras resultó muy difícil y que durante varias semanas experimentó una sensación de pérdida importante. Incluso mencionó un período en el que se sintió como un “zombi” y le resultaba imposible hablar del tema sin llorar.
La interpretación terapéutica
Con el paso del tiempo, Galilea Montijo buscó orientación psicológica para comprender mejor lo ocurrido. El proceso le permitió acceder a una explicación distinta de la que había imaginado al principio. La terapeuta señaló que Mateo percibía que su madre contaba con el afecto y el reconocimiento del público por su trayectoria profesional, mientras que veía a su padre en una posición distinta. Esa percepción llevó al niño a sentir la necesidad de acompañarlo y brindarle apoyo. La especialista planteó que el menor asumía una responsabilidad emocional hacia la figura paterna, lo que ayudó a Galilea a entender que la decisión no representaba un rechazo hacia ella, sino una forma en que el hijo interpretaba la dinámica familiar.

Esta perspectiva modificó por completo la manera en que la conductora enfrentó el proceso y le permitió respetar la voluntad de Mateo desde otro ángulo. El análisis profesional aportó un marco que separó la decisión del hijo de cualquier valoración personal sobre el vínculo materno.
El peso de las opiniones externas
Además del plano familiar, Galilea Montijo se refirió al juicio social que enfrentó una vez que se conoció la nueva residencia de su hijo. Afirmó que muchas personas la señalaron y la calificaron de “la peor mamá del mundo” por no tener a Mateo viviendo con ella. Ante esas opiniones, hizo un llamado a reflexionar sobre la forma en que se juzga a las madres cuando los hijos deciden pasar más tiempo con el padre. “No normalicemos que los niños en cierto momento toman decisiones y eso no tiene que ver con un error de un papá”, expresó durante el programa, al considerar que no siempre existe un responsable cuando la dinámica familiar cambia.
La adaptación posterior
Después de varios años y de un proceso terapéutico, Galilea aseguró que ha logrado aceptar la nueva etapa de su familia. Explicó que actualmente considera positivo que Mateo haya vivido la preadolescencia junto a su padre y con sus hermanos mayores, ya que esa experiencia también forma parte de su crecimiento. La presentadora comentó que, con el tiempo, todos han encontrado una forma de adaptarse a la nueva dinámica y mantener el vínculo entre ellos. “Lo hemos ido acomodando como esta familia disfuncional que somos”, expresó al hablar sobre la manera en que han reorganizado su convivencia.
Aprendizajes sobre la maternidad
Al cerrar su testimonio, la conductora reconoció que uno de los mayores aprendizajes fue entender que los hijos crecen, desarrollan sus propios criterios y, en determinados momentos, toman decisiones que los padres deben aprender a respetar. Aunque aceptó que dejar de ser el centro del mundo de su hijo fue un proceso doloroso, aseguró que hoy siente orgullo por verlo construir su propio camino y considera que acompañarlo también significa respetar las decisiones que forman parte de su desarrollo personal. El relato de Montijo ilustra cómo las familias enfrentan cambios que, aunque inicialmente generan tensión, pueden integrarse en una nueva normalidad cuando se prioriza el bienestar de los menores.
