Gasto en fumigación de partidos: antecedentes e impactos

El financiamiento público a los partidos políticos en México, administrado por el Instituto Nacional Electoral, se asigna en proporción a los resultados electorales obtenidos en comicios federales. Esta mecánica, establecida desde la reforma de 1996 y refinada en años posteriores, busca garantizar condiciones equitativas de competencia, pero también genera obligaciones estrictas de transparencia en el ejercicio de recursos. Los datos recopilados desde 2022 muestran que cuatro fuerzas políticas destinaron más de 28 millones de pesos a servicios de control de plagas, una cifra que contrasta con la ausencia total de contratos similares por parte del Partido Verde y el Partido del Trabajo.

Financiamiento público y obligaciones de rendición de cuentas

Los recursos que reciben Morena, PAN, PRI y Movimiento Ciudadano provienen directamente del erario federal y se calculan con base en el número de votos válidos emitidos. Esta fórmula incentiva la obtención de mayor respaldo electoral, pero también multiplica la responsabilidad sobre cómo se emplean esos fondos en rubros operativos como mantenimiento de sedes, eventos y servicios auxiliares. La contratación de fumigación, en muchos casos, aparece combinada con limpieza integral, jardinería y suministro de materiales, lo que diluye la frontera entre gastos indispensables y erogaciones de mayor alcance.

El caso del PRI ilustra esta dinámica con claridad. Entre 2022 y 2025 la mayoría de sus contratos anuales con Lava Tap S.A. de C.V. alcanzaron montos cercanos a 11 millones de pesos e incluían hasta 50 trabajadores en dos turnos, renta de maquinaria especializada y provisión de insumos de higiene. Solo a partir de 2025 el partido separó el servicio de fumigación y lo adjudicó a otra empresa, mientras que la limpieza se contrató de manera independiente. Esta evolución contractual sugiere un intento de mayor especialización, aunque el acumulado histórico sigue siendo el más elevado del periodo analizado.

Patrones diferenciados de contratación entre fuerzas políticas

El PAN registró seis contratos por un total de 530 mil pesos, con énfasis en servicios anuales de entre 80 mil y 90 mil pesos, más una erogación especializada de 171 mil pesos en 2024 para tratar una infestación de polillas en su archivo documental. En 2026 identificó presencia de roedores en su sede de Benito Juárez y destinó 11 mil pesos adicionales a tres intervenciones puntuales. Movimiento Ciudadano, por su parte, incrementó progresivamente sus gastos conforme ampliaba su infraestructura: de cero contratos en 2022 pasó a 109 mil pesos en lo que va de 2026, cubriendo sedes en Juanacatlán, Louisiana, Río Becerra y Calle 11.

Morena, en cambio, limitó su actividad a seis contratos en 2025 por 69 mil pesos, concentrados entre julio y diciembre. Esta menor frecuencia podría explicarse por una gestión más austera de instalaciones o por la concentración de actividades en espacios ya controlados. Sin embargo, el mismo partido destinó sumas considerables a alimentación quincenal para su personal del Comité Ejecutivo Nacional, con pagos individuales que oscilaron entre 186 mil y 323 mil pesos durante 2024.

Efectos sobre la percepción ciudadana y la competencia electoral

La divulgación de estos montos alimenta debates sobre la eficiencia en el uso de recursos públicos. Cuando un partido destina 11 millones de pesos anuales a un contrato que engloba limpieza, jardinería y control de plagas, surge la pregunta sobre si existen alternativas más económicas o si la estructura de sedes nacionales requiere revisiones de tamaño. La diferencia entre el PRI y Morena, que gastó menos de 70 mil pesos en el mismo rubro, pone de relieve disparidades de gestión que los votantes podrían interpretar como señales de mayor o menor disciplina presupuestaria.

Estos contrastes también afectan la narrativa de austeridad que algunos partidos promueven durante campañas. Si los recursos públicos se emplean en paquetes integrales de mantenimiento mientras otras fuerzas optan por soluciones más focalizadas, se abre un flanco para críticas sobre coherencia entre discurso y práctica. El hecho de que dos partidos con representación legislativa no registren gasto alguno en fumigación añade otra capa: sugiere que la presencia de plagas no es un problema uniforme y que las decisiones de contratación responden a criterios internos específicos.

Implicaciones para la regulación futura del gasto partidista

La experiencia de 2022 a 2026 indica que los lineamientos actuales del INE permiten una amplia discrecionalidad en la agrupación de servicios dentro de un mismo contrato. Esta flexibilidad puede facilitar la operación diaria de las sedes, pero dificulta el seguimiento detallado de cada rubro. Una posible evolución regulatoria consistiría en exigir desglose más granular de los conceptos facturados, especialmente cuando un contrato supera ciertos umbrales.

Además, la comparación entre el gasto en fumigación y el destinado a eventos con coffee break y alimentación revela que los rubros operativos representan una porción significativa del presupuesto partidista. Si estas prácticas persisten sin mayor escrutinio, podrían consolidarse como parte estructural del funcionamiento de las organizaciones políticas, reduciendo los márgenes para destinar recursos a formación de militantes o estudios de opinión pública.

En el mediano plazo, la acumulación de datos sobre este tipo de erogaciones podría impulsar reformas que vinculen el monto del financiamiento público con indicadores de eficiencia administrativa. Partidos que demuestren menor necesidad de contratos masivos de mantenimiento podrían argumentar a favor de una redistribución de recursos hacia actividades de proyección electoral más directas. Mientras tanto, la transparencia sobre estos gastos seguirá siendo un factor que incide en la confianza ciudadana hacia el sistema de partidos en su conjunto.

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