El aumento de hasta 16% en productos como café, galletas y refrescos ha elevado el gasto diario de trabajadores de oficina y comercio a un máximo de 150 pesos. Según la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes, esta “inflación hormiga” suma entre 20 y 50 pesos adicionales cada jornada y genera un impacto mensual de hasta 1.200 pesos, monto que antes no existía.

La diferencia clave radica en que el índice general del Inegi cerró junio en 3,37%, mientras que los artículos de consumo inmediato reportan incrementos cinco veces superiores. Esta brecha revela cómo los datos agregados ocultan el efecto acumulado sobre quienes dependen de compras rápidas por falta de tiempo y recursos para preparar comida en casa.
El resultado es un patrón estructural: el salario mínimo diario cubre apenas la mitad de este ticket de snacks, y el margen se reduce aún más para quienes perciben dos salarios mínimos. La rutina laboral, con traslados y horarios ajustados, convierte estas compras menores en una carga fija que erosiona el poder adquisitivo sin que las estadísticas oficiales lo reflejen de inmediato.
