Generación Z redefine las normas laborales

Una encuesta reciente realizada a dos mil personas de entre 18 y 34 años en Estados Unidos revela que el 95 % considera aceptable al menos una conducta orientada a eludir o flexibilizar obligaciones laborales. Los datos, difundidos originalmente por TN a partir de un estudio de PapersOwl, muestran prácticas como tomarse días libres sin aviso formal, acudir a la oficina solo para registrar asistencia o abandonar puestos recién aceptados. Aunque estos comportamientos no son universales, sí reflejan un cambio perceptible en la relación entre empleados jóvenes y estructuras organizativas tradicionales.

La muestra abarca tanto a integrantes de la Generación Z como a millennials jóvenes. Los resultados apuntan a tensiones crecientes en las empresas: mientras los responsables de equipos priorizan el cumplimiento de horarios y la presencia física, un sector importante de trabajadores otorga mayor valor a la autonomía, el trabajo remoto y la organización del tiempo según resultados entregados.

Prácticas más frecuentes detectadas

Entre las conductas reportadas, la denominada “vacación silenciosa” ocupa el primer lugar. El 51 % de los encuestados admitió haberla realizado hasta tres veces y otro 12 % con mayor frecuencia, sumando un 63 % que ha recurrido a esta opción. Esta práctica consiste en ausentarse sin notificarlo, manteniendo la apariencia de continuidad en las tareas. Las empresas señalan que el problema trasciende la ausencia individual: afecta la coordinación de equipos y el cumplimiento de plazos cuando no existe claridad sobre la disponibilidad real de una persona.

Otra conducta extendida es el “coffee badging”, que describe a quienes se presentan en la oficina únicamente para fichar, tomar un café y conversar brevemente antes de marcharse a trabajar desde otro sitio. El 36 % reconoció haberlo hecho al menos diez veces en el último año. Entre quienes lo practican, el 66 % busca flexibilidad horaria, el 41 % considera que rinde mejor fuera de la oficina y el 32 % pretende evitar interrupciones habituales del entorno laboral.

Otras conductas y sus implicaciones

El estudio también registra que el 34 % sale antes de finalizar la jornada, el 27 % ha reportado enfermedad sin estarlo y el 18 % llega tarde sin previo aviso. Estas acciones cuestionan directamente el valor que las organizaciones otorgan al cumplimiento estricto de horarios. Para los responsables de personal, representan faltas a los acuerdos establecidos; para parte de los trabajadores jóvenes, el tiempo invertido pierde sentido cuando las tareas ya están completadas o pueden realizarse desde otro lugar.

Un dato particularmente relevante para las áreas de contratación es el “career catfishing”: el 29 % aceptó una oferta y luego no se presentó o abandonó el puesto casi de inmediato. Cada contratación implica tiempo de selección, entrevistas y, frecuentemente, procesos de inducción que deben reiniciarse cuando la persona elegida no llega. Paralelamente, el 16 % practica el “quiet quitting”, limitándose a las tareas indispensables sin asumir responsabilidades adicionales.

Uso de inteligencia artificial y otras dinámicas

El 14 % de los participantes utiliza inteligencia artificial para completar tareas sin informar a sus empleadores. Otro 11 % duerme siestas durante la jornada remota y el mismo porcentaje registra más horas de las realmente trabajadas. El 10 % emplea herramientas corporativas para proyectos personales. Estas prácticas introducen nuevas variables relacionadas con la seguridad de la información y la evaluación del desempeño, más allá de los horarios.

Razones detrás de las conductas

Quienes admiten ausentarse sin aviso mencionan agotamiento, presión mental, escasez de días libres y dificultades para atender asuntos personales o familiares. Los resultados indican que el fenómeno no se reduce a una supuesta falta de compromiso generacional. Existe una divergencia clara entre las expectativas de flexibilidad y equilibrio entre vida personal y laboral que sostienen muchos trabajadores jóvenes y las exigencias de presencia y horarios que mantienen numerosas empresas.

El punto común de estas prácticas es la discusión sobre quién decide dónde, cuándo y cómo se trabaja. Los jefes requieren certeza sobre disponibilidad y coordinación; los empleados jóvenes demandan mayor control sobre su tiempo. Cuando no se establecen reglas explícitas, surgen conductas como las descritas.

Posibles respuestas de las organizaciones

Las empresas enfrentan el reto de definir con claridad qué horarios son obligatorios, cuándo se requiere presencia física, cómo se mide el desempeño y qué prácticas no serán toleradas. Al mismo tiempo, deben determinar hasta qué punto pueden ofrecer flexibilidad sin comprometer las responsabilidades de cada puesto. Los trabajadores, por su parte, siguen obligados a cumplir los acuerdos pactados, informar ausencias y responder por los resultados de su labor. El ajuste entre estas dos visiones seguirá marcando la integración de nuevos perfiles al mercado laboral en los próximos años.

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