La logística internacional atraviesa una transformación marcada por tres factores que se retroalimentan: la disponibilidad de herramientas digitales, la volatilidad geopolítica y el crecimiento de sectores industriales con requerimientos de transporte más complejos. En Argentina, ese proceso se combina con una desventaja estructural: su posición como uno de los últimos destinos de muchas rutas regionales, lo que incrementa la dependencia de los transbordos y reduce la frecuencia de algunos servicios.
El diagnóstico surge de la experiencia de Gonzalo, un profesional con dos décadas de trabajo en el ámbito de los agentes de carga. Según explicó, el rol del forwarder dejó de limitarse a cotizar y vender un flete entre dos puntos. La tarea actual exige interpretar información, diseñar alternativas y coordinar distintos movimientos, desde la reserva de espacios hasta la entrega final de la mercadería.
El cambio también alcanzó la relación con los clientes. La información sobre el estado de un embarque, que antes dependía de llamadas a las navieras o de avisos de arribo en papel, hoy puede anticiparse mediante plataformas de seguimiento y sistemas de visibilidad. Sin embargo, esa mayor disponibilidad de datos no elimina la necesidad de criterio profesional: permite detectar antes un problema, pero no necesariamente determina cuál es la mejor respuesta operativa.

La inteligencia artificial avanza, pero no reemplaza la experiencia
En la operación diaria, la inteligencia artificial encuentra sus principales aplicaciones en tareas repetitivas. La revisión de documentación, la clasificación de datos y la identificación de inconsistencias pueden realizarse con mayor velocidad, reduciendo parte de la carga administrativa y ayudando a prevenir errores. Para las empresas, esto abre la posibilidad de concentrar más recursos en la planificación y en la atención de situaciones excepcionales.
El límite actual está en la confiabilidad de las respuestas automáticas. Gonzalo advirtió que los resultados todavía requieren un doble chequeo y que no siempre son completamente acertados. La herramienta puede aportar una mirada amplia sobre un inconveniente o ayudar a despejar dudas, pero la decisión final depende de conocer las rutas, las restricciones de cada proveedor y las consecuencias comerciales de cada alternativa. La incorporación, por eso, aparece como un proceso gradual y no como una delegación total de la operación.
Conflictos que alteran costos, rutas y previsibilidad
La coyuntura bélica internacional introdujo un nivel adicional de incertidumbre. Un anuncio sobre el cierre de un paso estratégico, como el estrecho de Ormuz, puede traducirse rápidamente en un aumento de los fletes, modificaciones en los recorridos de buques y aeronaves o cambios en los tiempos de tránsito. A esas variaciones se suman dificultades para reabastecer embarcaciones y reprogramar salidas canceladas.
El impacto no se limita al precio del transporte. La pérdida de previsibilidad afecta inventarios, compromisos de entrega y planificación financiera, especialmente cuando se trata de cargas de alto valor o proyectos con cronogramas ajustados. En ese contexto, la comunicación se convierte en parte del servicio logístico: mantener informado al cliente permite dimensionar el problema, justificar las demoras y evaluar con anticipación una ruta alternativa.
Argentina, entre los transbordos y la menor frecuencia
La ubicación del país dentro de las rutas regionales condiciona sus oportunidades. Al ser uno de los últimos puntos que suelen tocar los servicios destinados a esta zona, Argentina puede quedar relegada frente a puertos con mayor volumen o mejor posición geográfica. Esa condición contribuye a explicar por qué varias conexiones directas que existían en el pasado fueron reemplazadas por esquemas con escalas.
Una carga que antes llegaba directamente puede desembarcar primero en Brasil y continuar luego en otro buque hacia Argentina. El procedimiento no implica necesariamente una interrupción extraordinaria, pero sí agrega coordinación, exposición a demoras y, en algunos casos, menor frecuencia. La combinación entre volumen de carga y ubicación geográfica hace que el acceso al mercado argentino sea más sensible a las decisiones de las navieras y a las disrupciones regionales.
Vaca Muerta y la minería cambian el tipo de operación
El perfil de la demanda también se modificó. Durante el año, las importaciones vinculadas al consumo minorista registraron una baja significativa respecto de períodos en los que ese segmento tenía mayor protagonismo. En paralelo, ganaron peso actividades como Vaca Muerta y la minería, que requieren servicios de proyecto y no simples movimientos de contenedores estandarizados.
La diferencia es operativa y económica. Una carga sobredimensionada o de características especiales obliga a definir qué camión y qué buque utilizar, cómo asegurar y estibar los componentes, cómo descargarlos y qué medios estarán disponibles en el destino. También exige coordinar permisos, capacidades de infraestructura y ventanas de entrega. Se trata de mercaderías con otros volúmenes y valores, cuya planificación puede comenzar mucho antes del embarque y cuyo margen de error suele ser menor.
Transparencia y alternativas ante los imprevistos
Frente a una demora o una falla, la respuesta esperada del agente de carga no consiste solamente en comunicar el inconveniente. La prioridad es explicar su causa y presentar una solución o un plan alternativo. Para eso resultan determinantes una red confiable de proveedores, el conocimiento de los mercados y la capacidad de reaccionar antes de que el problema se traslade a toda la cadena.
La transparencia ocupa un lugar central en esa relación. La información tardía puede agravar una situación inicialmente manejable, mientras que reconocer un error propio permite concentrarse rápidamente en su corrección. El contacto frecuente, ya sea por mensajes o llamadas, refleja además que los clientes siguen buscando una persona responsable a quien consultar y en quien confiar.
Las perspectivas del negocio están vinculadas a la continuidad de las inversiones en energía y minería, junto con una eventual recuperación del consumo minorista. Ese escenario dependerá de la evolución política y económica, pero el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, conocido como RIGI, está favoreciendo condiciones para nuevos proyectos nacionales y extranjeros en sectores como el petróleo, el gas y la minería. La expansión de esas actividades podría sostener una demanda logística especializada, aunque también exigirá mayor coordinación y capacidad técnica.
La tecnología, incluida la inteligencia artificial, aparece así como un recurso para ampliar la eficiencia y la capacidad de análisis, no como un sustituto inmediato del vínculo profesional. En un mercado expuesto a conflictos, transbordos y cambios de última hora, la ventaja competitiva no dependerá únicamente de rastrear una carga, sino de interpretar la información, anticipar escenarios y ofrecer una respuesta concreta cuando la planificación original deje de ser viable.
