Grupo Bimbo ha intensificado sus esfuerzos en agricultura regenerativa como parte de una estrategia que busca garantizar el abastecimiento de ingredientes clave y mejorar la resiliencia de su cadena de suministro. La compañía considera que la salud del suelo constituye el punto de partida para la producción de alimentos y ha establecido metas concretas que vinculan las prácticas agrícolas con la seguridad alimentaria a largo plazo.
El contexto regional de la degradación
Según datos de la FAO, el 75 por ciento de los suelos en América Latina y el Caribe presenta algún grado de degradación, lo que genera pérdidas anuales estimadas en 60 mil millones de dólares por la disminución de la productividad agrícola. Esta situación afecta directamente la disponibilidad de materias primas como trigo y maíz, ingredientes centrales en el portafolio de la empresa. La magnitud del problema ha llevado a Bimbo a priorizar intervenciones que restauren la capacidad productiva de las tierras cultivadas.
La agricultura regenerativa se presenta como un conjunto de prácticas que van más allá de la simple conservación. Incluye la reducción o eliminación de la labranza, el uso de cultivos de cobertura, la rotación de especies y la aplicación de fertilizantes orgánicos y biológicos. Cada una de estas acciones busca mejorar la estructura del suelo, aumentar su capacidad de retención de agua y favorecer la actividad biológica que sostiene la fertilidad natural.

Metas y alcance actual
Al cierre de 2025, la empresa reportó más de 500 mil hectáreas bajo esquemas de agricultura regenerativa. Esta superficie representa un avance parcial hacia el objetivo de que el 100 por ciento de sus ingredientes clave provenga de tierras manejadas con estos principios para 2050. El cumplimiento de esa meta requiere tanto la expansión geográfica como la adaptación de las prácticas a las condiciones específicas de cada región y cultivo.
El trabajo se desarrolla en colaboración con organizaciones especializadas. Entre los socios figuran el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) y la fundación Earthworm, que aportan asistencia técnica y metodologías de medición. La participación de estos actores permite establecer indicadores comunes y evaluar el impacto en la salud del suelo, la biodiversidad y la productividad a lo largo del tiempo.
Vinculación con la nutrición
La estrategia de Bimbo conecta las prácticas en el campo con su visión de nutrición positiva. La empresa sostiene que los alimentos con mejor perfil nutricional dependen de la calidad de los ingredientes desde su origen. Un suelo más sano puede contribuir a cultivos con mayor densidad de nutrientes y menor necesidad de insumos químicos, lo que a su vez influye en la composición final de los productos.
La transformación del sistema productivo no se limita a la adopción de técnicas específicas. También implica acompañamiento técnico prolongado a los agricultores, acceso a información y relaciones comerciales de largo plazo que reduzcan la incertidumbre para los productores. Estos elementos resultan esenciales para lograr cambios sostenidos en las prácticas de cultivo.
Desafíos de implementación
La transición hacia modelos regenerativos enfrenta limitaciones prácticas. Los resultados en materia de restauración del suelo suelen observarse después de varios ciclos productivos, lo que exige financiamiento y paciencia por parte de todos los actores involucrados. Además, las condiciones climáticas, los tipos de suelo y los sistemas de cultivo varían considerablemente entre países, lo que impide aplicar soluciones uniformes.
La empresa reconoce que el éxito depende de la participación de múltiples eslabones de la cadena: agricultores, proveedores, molineros, centros de investigación y universidades. Esta articulación permite compartir conocimientos y ajustar las intervenciones según las necesidades locales, aunque también añade complejidad a la coordinación de esfuerzos.
Los datos disponibles hasta ahora muestran avances en la superficie incorporada y en la formación de capacidades técnicas, pero aún no se han publicado evaluaciones independientes que midan los efectos sobre la productividad y la rentabilidad de los productores en el mediano plazo. El seguimiento de estos indicadores será determinante para valorar si el modelo puede escalarse de manera viable.
