La desaparición del Fondo Metropolitano en 2018 dejó a las zonas urbanas más grandes del país sin un mecanismo específico de apoyo federal para proyectos de escala regional. Guadalajara, que concentra una población flotante diaria superior a su padrón residente, enfrenta ahora la necesidad de gestionar recursos extraordinarios para mantener el abastecimiento, la calidad y el saneamiento del agua. La solicitud presentada por la alcaldesa Verónica Delgadillo ante el Senado refleja un patrón que se repite en varias metrópolis mexicanas desde que desapareció ese instrumento presupuestal.
Orígenes del desequilibrio metropolitano
Durante más de una década, el Fondo Metropolitano canalizó recursos federales hacia obras de movilidad, drenaje y tratamiento de agua en áreas que rebasan los límites municipales. Su eliminación coincidió con un periodo de rápido crecimiento demográfico en el Área Metropolitana de Guadalajara. Entre 2010 y 2020 la población de la zona pasó de 4.4 a 5.3 millones de habitantes, mientras la infraestructura hidráulica principal permanecía sin modernización integral desde su construcción en los años cincuenta. La planta potabilizadora que abastece al 60 % del AMG recibe ahora una inversión estatal de cinco mil millones de pesos, pero esa cifra cubre apenas una parte del rezago acumulado.
El Ayuntamiento de Guadalajara calcula que, de haber continuado el esquema de financiamiento vigente hasta 2018, la ciudad habría recibido cerca de diez mil millones de pesos adicionales. Esa estimación permite dimensionar el impacto fiscal que la desaparición del fondo generó en la capacidad de respuesta local ante problemas estructurales como fugas, pérdida de calidad del agua y saturación de plantas de tratamiento.
Presión demográfica y servicios compartidos
Guadalajara atiende diariamente a miles de personas que residen en municipios vecinos pero utilizan sus vialidades, transporte público y red de agua potable. Esta dinámica genera un desequilibrio entre quien paga impuestos y quien consume los servicios. El exhorto aprobado por el Cabildo para recuperar los Fondos Metropolitanos o crear un Fondo de Capitalidad busca corregir esa asimetría mediante reglas de operación que reconozcan la función de ciudad central.

El mismo fenómeno se observa en otras metrópolis. En Monterrey, la falta de recursos federales etiquetados ha retrasado proyectos de interconexión de acueductos regionales. En el Valle de México, la Comisión de Aguas sigue enfrentando costos crecientes de bombeo sin un fondo complementario que distribuya la carga entre la federación y las entidades que conforman la megalópolis. La iniciativa impulsada por Movimiento Ciudadano en la Cámara de Diputados propone restaurar ese tipo de mecanismo con criterios regionales, no solo municipales.
Consecuencias en la calidad del recurso hídrico
La rehabilitación anunciada por el gobierno de Jalisco se concentra en la planta potabilizadora más antigua del AMG. Sin embargo, la calidad del agua también depende de la red de distribución secundaria y de las plantas de tratamiento que operan los municipios. La ausencia de financiamiento federal ha obligado a los ayuntamientos a destinar recursos propios que, en muchos casos, resultan insuficientes para mantener estándares de potabilidad a lo largo de todo el sistema. Estudios técnicos recientes indican que la pérdida por fugas en algunas zonas del AMG supera el 35 %, cifra que se traduce en mayores costos de extracción y tratamiento.
Cuando las ciudades metropolitanas deben cubrir estos déficits con presupuesto local, se reduce la capacidad de inversión en otros rubros como pavimentación o alumbrado. Esta competencia por recursos limitados puede generar tensiones entre gobiernos estatales y municipales, especialmente cuando las prioridades de saneamiento chocan con demandas de movilidad o seguridad.
Riesgos de mediano y largo plazo
La dependencia de recursos estatales o locales para proyectos que antes contaban con apoyo federal introduce incertidumbre presupuestal. Si los ciclos económicos o las prioridades del gobierno estatal cambian, las obras de infraestructura hidráulica pueden quedar inconclusas. Además, el cambio climático intensifica la variabilidad de las precipitaciones en la cuenca Lerma-Chapala, lo que exige mayor resiliencia de la infraestructura. Sin un fondo metropolitano que permita planear a escala regional, las respuestas tienden a ser fragmentadas y menos eficientes.
La experiencia de otras regiones muestra que la falta de coordinación intermunicipal puede derivar en soluciones de corto plazo, como perforaciones adicionales de pozos, que agravan la sobreexplotación de acuíferos. Guadalajara ya enfrenta este riesgo en varias colonias periféricas donde el servicio es intermitente.
Implicaciones para el federalismo fiscal mexicano
La solicitud de Guadalajara no es un caso aislado. Representa una demanda más amplia de ajuste en la distribución de competencias y recursos entre niveles de gobierno. La creación de un Fondo de Capitalidad o la restauración del Fondo Metropolitano con reglas de operación actualizadas implicaría reconocer que las ciudades centrales generan externalidades positivas que benefician a toda la región. Sin ese reconocimiento, el costo de mantener servicios de calidad recae desproporcionadamente sobre los habitantes del municipio sede.
El debate en el Congreso sobre esta iniciativa determinará si México avanza hacia un modelo de financiamiento metropolitano más estable o si las grandes urbes continúan gestionando necesidades regionales con instrumentos diseñados para municipios aislados. La resolución de este asunto tendrá efectos directos sobre la capacidad de Guadalajara y otras metrópolis para garantizar acceso equitativo al agua en las próximas décadas.
