Honduras ante la prueba decisiva del acuerdo con el FMI

Honduras ha acelerado el cumplimiento de las metas estructurales pactadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero el avance formal del programa todavía convive con problemas que afectan directamente las finanzas públicas y la vida económica del país. El ministro de Finanzas, Emilio Hernández, informó que el Gobierno completó siete compromisos en menos de cinco meses y que mantiene entre cinco y seis metas pendientes para antes de finalizar el año. La cifra transmite capacidad de ejecución, aunque también revela que la etapa más compleja del acuerdo aún no ha concluido.

El desempeño será evaluado en un contexto en el que la estabilidad macroeconómica depende tanto del cumplimiento de indicadores como de la capacidad del Estado para corregir desequilibrios acumulados. La Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), las reformas contra el lavado de activos, la baja ejecución presupuestaria y la situación de Banadesa constituyen pruebas concretas de esa capacidad. No se trata únicamente de completar una lista de requisitos ante el organismo internacional: cada compromiso pendiente tiene efectos sobre el déficit, el acceso al crédito, la inversión y la confianza de los ciudadanos en las instituciones públicas.

La disciplina externa y sus raíces internas

Los acuerdos con el FMI suelen adquirir relevancia cuando un país necesita reforzar sus cuentas públicas, ordenar sus empresas estatales o recuperar credibilidad ante acreedores e inversionistas. En el caso hondureño, el programa funciona como un mecanismo de supervisión externa, pero también como un marco para atender problemas que los gobiernos han pospuesto durante años. El cumplimiento de siete metas en un plazo inferior a cinco meses puede mejorar la percepción internacional, aunque no elimina las dificultades estructurales que originaron la necesidad de reformas.

La declaración del ministro de que Honduras podría ubicarse entre los países que cumplen satisfactoriamente sus programas dependerá de las revisiones restantes. Esa evaluación tiene una dimensión financiera inmediata: una revisión favorable puede facilitar desembolsos, mejorar las condiciones de nuevos préstamos y reducir la percepción de riesgo. También tiene una dimensión política. Cuando una administración logra demostrar que puede ejecutar compromisos verificables, obtiene mayor margen para negociar con otros organismos multilaterales y para presentar su política económica como previsible.

Sin embargo, la rapidez del cumplimiento no debe confundirse con la profundidad de los cambios. Una reforma aprobada o una medida administrativa ejecutada puede satisfacer una meta formal sin resolver por sí sola un déficit operativo. La sostenibilidad dependerá de que las decisiones sobrevivan a los ciclos políticos, cuenten con recursos y sean evaluadas mediante resultados medibles. El desafío consiste en convertir el calendario del FMI en una política de Estado y no en una carrera para superar revisiones periódicas.

La ENEE, el punto donde las cifras se vuelven servicio

La ENEE concentra buena parte del riesgo porque sus pérdidas técnicas y no técnicas combinan deficiencias de infraestructura, fallas de gestión, conexiones irregulares y problemas de cobro. El ministro reconoció que se trata de una dificultad acumulada durante varias décadas. Esa continuidad histórica explica por qué las medidas parciales suelen producir resultados limitados: reparar redes sin mejorar la facturación, o perseguir el fraude sin modernizar la distribución, deja intacta una parte del problema.

Las pérdidas eléctricas tienen un efecto que va más allá del balance de la empresa. Cuando la ENEE no recupera el costo de la energía que compra o distribuye, necesita transferencias públicas, acumula deudas con proveedores o retrasa inversiones. En cada uno de esos casos, el costo termina trasladándose a otros sectores del presupuesto, a los usuarios mediante tarifas o a la calidad del servicio mediante interrupciones y mantenimiento insuficiente. La fragilidad financiera también reduce la capacidad de incorporar generación y redes más eficientes, precisamente cuando el crecimiento económico exige un suministro confiable.

El compromiso de fortalecer la capacidad de pago a los proveedores y modernizar la empresa puede generar un efecto positivo si se acompaña de metas operativas transparentes. No basta con inyectar recursos para cancelar obligaciones atrasadas. Deben medirse, por ejemplo, la reducción anual de pérdidas, la recuperación de cuentas vencidas, los tiempos de interrupción y la calidad de la información financiera. Si esos indicadores no mejoran, una transferencia puede aliviar la presión inmediata y, al mismo tiempo, prolongar el desequilibrio.

La experiencia de empresas eléctricas estatales en la región muestra que la recuperación suele requerir varios años y una combinación de inversiones, controles, ajustes regulatorios y acuerdos sociales. Un programa que dependa exclusivamente de acciones policiales contra conexiones ilegales puede aumentar la conflictividad en comunidades vulnerables. Del mismo modo, una reforma centrada solo en tarifas puede deteriorar el ingreso de los hogares si no incorpora mecanismos de protección focalizada. El reto de Honduras será ordenar la empresa sin convertir el ajuste en una carga desproporcionada para quienes tienen menor capacidad de pago.

Reformas financieras bajo presión legislativa

Las modificaciones legales relacionadas con el lavado de activos y el financiamiento de actividades ilícitas constituyen otro frente decisivo. Hernández afirmó que las propuestas ya fueron remitidas al Congreso Nacional, pero continúan pendientes de debate y aprobación. La exigencia no es meramente administrativa: la solidez del marco contra los delitos financieros influye en la manera en que bancos, inversionistas y entidades internacionales valoran las operaciones realizadas en Honduras.

Una legislación alineada con las recomendaciones del GAFI y GAFILAT puede mejorar la identificación de beneficiarios finales, el reporte de transacciones sospechosas y la coordinación entre supervisores, fiscales y tribunales. También puede reducir riesgos para bancos corresponsales y empresas que necesitan operar internacionalmente. Pero una ley aprobada sin capacidades de investigación, sistemas tecnológicos y personal especializado tendría un impacto limitado. La efectividad se prueba cuando una alerta financiera conduce a una investigación sólida y, si corresponde, a una sanción judicial.

El calendario añade presión. Si las reformas no son aprobadas antes de la sexta revisión del programa, el retraso podría afectar la valoración del cumplimiento hondureño. El Congreso enfrenta así una decisión con consecuencias económicas, pero también una responsabilidad institucional: debatir el alcance de las medidas, corregir posibles vacíos y evitar que la urgencia de cumplir con el FMI reduzca la calidad del proceso legislativo. La aprobación apresurada puede ser tan problemática como la inacción si genera normas ambiguas o difíciles de aplicar.

Presupuesto aprobado tarde, inversión que llega después

La ejecución del Presupuesto General de la República se sitúa alrededor del 49%, según el ministro, quien atribuyó parte del rezago a que el presupuesto entró en vigencia hasta finales de abril. El dato muestra cómo una demora legal puede convertirse en un problema de gestión. Cuando las instituciones empiezan tarde sus procesos de contratación, licitación y desembolso, los proyectos de infraestructura y los programas sociales pierden meses de ejecución y se concentran al final del año.

La aceleración solicitada por Finanzas puede elevar el porcentaje gastado, pero gastar más rápido no equivale necesariamente a gastar mejor. En administraciones públicas con controles débiles, la presión por cerrar el ejercicio puede favorecer contrataciones poco planificadas, modificaciones de proyectos o pagos que no se traducen en obras terminadas. El indicador relevante debería combinar ejecución financiera con avances físicos, calidad de las obras y cumplimiento de los objetivos sociales.

El retraso presupuestario también afecta la credibilidad del programa económico. El FMI y otros acreedores observan la capacidad del Estado para convertir las asignaciones aprobadas en resultados concretos. Si la inversión pública se concentra en los últimos meses, se vuelve más difícil planificar con proveedores y supervisar contratos, mientras que las comunidades esperan más tiempo por carreteras, escuelas, centros de salud o sistemas de agua. La disciplina fiscal, por tanto, no puede separarse de una administración eficiente del gasto.

Banadesa y el costo de prestar sin recuperar

La situación del Banco Nacional de Desarrollo Agrícola añade una dimensión social al debate financiero. El índice de mora cercano al 48% refleja la dificultad de recuperar una cartera de préstamos deteriorada y limita la capacidad de la institución para seguir financiando al sector rural. En un banco de desarrollo, el problema no se mide solo por las pérdidas contables: cada crédito incobrable reduce los recursos disponibles para productores que necesitan capital para semillas, equipos, riego o comercialización.

El decreto aprobado por el Congreso, orientado a respaldar a Banadesa mediante un seguro agrícola, puede ayudar a distribuir parte del riesgo asociado a eventos climáticos y pérdidas productivas. No obstante, un seguro no corrige por sí mismo fallas en la evaluación de clientes, el seguimiento de los créditos o la recuperación de garantías. Si se utiliza para cubrir decisiones de préstamo deficientes, puede terminar trasladando las pérdidas al Estado sin mejorar la inclusión financiera.

El acompañamiento técnico de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros será relevante para fortalecer la gestión administrativa, financiera y de riesgos. La prioridad debería ser establecer reglas claras sobre quién recibe crédito, bajo qué condiciones se reestructura una deuda y cómo se evita que los programas de apoyo se conviertan en condonaciones generalizadas. Una cartera más sana permitiría a Banadesa cumplir su función productiva; una cartera sostenida indefinidamente con fondos públicos agravaría las presiones fiscales que el acuerdo con el FMI busca contener.

El nuevo programa dependerá de resultados verificables

El Gobierno prevé negociar un nuevo programa económico para el período 2027-2029. Esa intención indica que las autoridades buscan continuidad y una señal de estabilidad para los mercados. Pero la negociación futura estará condicionada por lo que ocurra durante las revisiones actuales. Cumplir metas legales o administrativas será importante, aunque el verdadero criterio de credibilidad será comprobar si Honduras reduce las pérdidas de la ENEE, mejora la ejecución de la inversión, fortalece la supervisión financiera y disminuye la mora de Banadesa.

La continuidad del acuerdo puede abrir oportunidades de financiamiento y apoyar reformas de largo plazo, pero también puede limitar el margen de maniobra del próximo ciclo político si las metas no se comunican con transparencia. La población necesita conocer qué compromisos se adoptan, cuánto cuestan y quién asumirá sus efectos. Sin esa explicación, las decisiones económicas pueden percibirse como condiciones impuestas desde el exterior, incluso cuando responden a problemas internos ampliamente documentados.

Honduras llega a esta etapa con una ventaja: ya ha demostrado capacidad para completar una parte importante de las metas en un plazo breve. La prueba más exigente será sostener ese ritmo cuando las reformas afecten intereses establecidos y demanden recursos durante varios años. El resultado no se definirá únicamente en la próxima revisión del FMI, sino en la capacidad del Estado para transformar compromisos financieros en servicios eléctricos confiables, instituciones supervisadas, crédito rural responsable y un presupuesto que llegue a tiempo a quienes dependen de él.

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