IA frena empleo juvenil en México

En los últimos cinco años, la creación de vacantes de nivel inicial en México, tradicionalmente ocupadas por jóvenes sin experiencia laboral, se desaceleró con fuerza y redujo su crecimiento anual a menos de la mitad, según una investigación del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). El hallazgo forma parte del estudio Tendencias para el futuro de la educación y el empleo, que ubica la transformación de los puestos de entrada como una de las tendencias globales que más alterarán la relación entre formación académica y mercado de trabajo.

Entre el primer trimestre de 2021 y el mismo periodo de 2026, la oferta de empleos iniciales en México pasó de crecer 9% anual a 3%, de acuerdo con el organismo. Aunque el IMCO subraya que esa desaceleración no puede atribuirse de manera directa a la inteligencia artificial, sí considera que el cambio obliga a vigilar con mayor detalle la evolución de las oportunidades para perfiles junior, especialmente en un contexto en el que la automatización empieza a reordenar tareas, jerarquías y necesidades de personal.

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El instituto advierte que la menor disponibilidad de esos empleos complica la inserción de los jóvenes y presiona tanto a las empresas como a las instituciones educativas a replantear sus modelos de formación. Los puestos de entrada, recuerda, son los que permiten adquirir experiencia, desarrollar habilidades profesionales, aprender a trabajar en equipo y construir una trayectoria laboral. Si esas posiciones se reducen, los aspirantes sin experiencia enfrentarán mayores barreras de acceso y el sistema deberá generar rutas alternativas de aprendizaje práctico.

Un cambio que no se explica solo por la IA

El IMCO insiste en que el fenómeno debe leerse con cautela. La menor contratación en vacantes iniciales puede obedecer también al entorno económico, a cambios sectoriales y a ajustes en la demanda laboral. Aun así, la señal es relevante porque coincide con una tendencia global que ya observan distintos organismos: la adopción de herramientas de inteligencia artificial modifica estructuras de empleo y reduce la necesidad de ciertas posiciones junior en procesos administrativos, operativos y de soporte.

La advertencia no es aislada. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó recientemente su informe Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil 2026, en el que estima que hasta 5.6 millones de jóvenes en el mundo podrían quedar desempleados en un escenario desfavorable en el que la IA desplace el 10% de sus ocupaciones. La cifra no describe un efecto inmediato ni uniforme, pero sí apunta a un riesgo que empieza a tomar forma en economías donde la automatización avanza más rápido que la reconversión de habilidades.

El impacto potencial es doble. Por un lado, la IA puede elevar la productividad y recortar costos en el corto plazo; por otro, puede reducir el flujo de nuevos trabajadores hacia las organizaciones. El IMCO sostiene que esa decisión entraña riesgos de largo plazo, porque limita la formación de experiencia, la transferencia de conocimiento y el desarrollo de liderazgos que las empresas necesitarán más adelante. La ganancia de eficiencia, en ese sentido, puede convertirse en una debilidad estructural si se debilita la base de talento.

Habilidades y capacitación, el nuevo filtro

Además de la presión sobre los puestos iniciales, el estudio identifica dos cambios que modificarán la relación entre educación y empleo: la contratación basada en habilidades y el aprendizaje permanente. En el primer caso, la escasez de competencias específicas podría acelerar la adopción de modelos de reclutamiento que privilegien capacidades demostrables por encima de credenciales formales. El IMCO aclara que esto no significa que el título universitario haya perdido relevancia, pues los datos todavía muestran mejores perspectivas profesionales para quienes cuentan con educación superior.

La apuesta por habilidades, sin embargo, puede ampliar el acceso al empleo para personas con trayectorias no tradicionales y para grupos que han enfrentado barreras para concluir estudios superiores, entre ellos las mujeres. El cambio abre una oportunidad para diversificar el talento disponible, pero también exige infraestructura de registro, reconocimiento y una taxonomía de competencias compartida entre empresas e instituciones educativas. Sin reglas comunes, la contratación por habilidades corre el riesgo de quedarse en una idea útil pero difícil de aplicar.

La tercera tendencia es el aprendizaje continuo. El IMCO señala que los cambios tecnológicos reconfigurarán de forma constante la demanda de capacidades, lo que obligará a empresas y trabajadores a actualizarse con mayor frecuencia. A nivel global, calcula, 59% de los trabajadores necesitarán capacitación hacia 2030 y 11% no tendrán acceso a la formación que requieren. En México, el Foro Económico Mundial estima que 54 de cada 100 trabajadores deberán actualizar sus habilidades o prepararse para cumplir una función distinta en ese mismo horizonte.

El desafío no es menor en un país donde la capacitación sigue distribuida de manera desigual. El IMCO cita que, en la industria manufacturera, solo 10% de las empresas declara capacitar a su personal, aunque el dato sube a 88% en fabricación de maquinaria y equipo y a 86% en equipo de transporte y aparatos eléctricos. En contraste, apenas 2% de las firmas de productos textiles y 4% de las dedicadas a la fabricación de muebles reportan formación para su plantilla. Esa brecha sugiere que la transición digital no golpeará a todos los sectores por igual y que el rezago en capacitación puede amplificar las desigualdades ya existentes.

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