El comercio exterior argentino enfrenta un punto crítico: la apertura impulsada por el DNU 70 permite que cualquier persona se registre en la aduana sin capacitación previa y opere como declarante. Esta norma elimina el requisito histórico de examen y matrícula que siempre distinguió a los despachantes, generando una competencia desigual entre quienes invirtieron años en formación y quienes acceden sin controles.

Los casos ya detectados en aduanas del interior confirman el riesgo: declarantes otorgan poderes generales y firman como despachantes, acciones prohibidas tanto por el Código Aduanero como por el propio decreto. Esta superposición desdibuja responsabilidades y deja a las administraciones sin criterios claros de actuación.
El régimen de couriers agrava la situación. Nacido para envíos postales rápidos, hoy maneja contenedores completos y el sistema Exporta Simple, del que los despachantes quedan excluidos. La medida desplaza a profesionales capacitados de una operatoria que debería estar abierta a todos los actores habilitados.
La tensión entre liberalización y estándares de idoneidad no es nueva, pero la ausencia de filtros mínimos amenaza la eficiencia aduanera y la equidad del sector. Recuperar controles de competencia, sin volver al proteccionismo extremo, aparece como el desafío central para preservar la integridad del sistema.
