La consultora Deloitte revisó a la baja las proyecciones económicas del Mundial de Fútbol FIFA 2026 en México. El impacto total se situó en 2.543 millones de dólares, un 7% inferior a lo estimado inicialmente. Esta corrección responde principalmente a una caída del 40% en la llegada de turistas internacionales, que pasó de 836.000 a 494.000 visitantes. Los datos reflejan cómo factores como los precios dinámicos de las entradas y la preferencia por el público local modificaron el escenario previsto.
La revisión de las estimaciones de Deloitte
El estudio desglosa el impacto en 1.748 millones de dólares por consumo y 795 millones por infraestructura durante 2026. Al sumar las inversiones iniciadas desde 2024, la cifra acumulada alcanza 3.578 millones de dólares. La contribución al PIB se redujo del 0,14% al 0,12%, mientras que los empleos temporales generados llegaron a 101.255, un 10% menos que el cálculo anterior. Estos ajustes no anulan el efecto positivo, pero evidencian una dependencia mayor de lo esperado en el gasto interno.
Daniel Zaga, economista en jefe de Deloitte Spanish Latin America, señaló que el descenso en visitantes extranjeros se explica por el encarecimiento de los boletos, el predominio de aficionados mexicanos en los estadios y el desplazamiento de viajeros que evitaron las sedes durante el torneo. Esta combinación redujo drásticamente la proyección inicial y obligó a recalibrar las expectativas sectoriales.
Consumo local versus turismo internacional
El gasto promedio de los mexicanos alcanzó 32 dólares por transacción, superando en un 19% los 27 dólares registrados por visitantes extranjeros. Durante el partido entre México e Inglaterra el importe promedio creció un 21%, mientras que el debut de Colombia impulsó el consumo un 46%. Estos picos muestran que el mercado interno amortiguó la caída y permitió que sectores como gastronomía, con 584 millones de dólares, y comercio minorista, con 433 millones, superaran algunas previsiones.
Anna Aguilar, directora comercial de Adyen, destacó que la camiseta mexicana figuró entre las más vendidas a nivel global y que los pagos sin contacto predominaron en el fan festival del Zócalo. Este comportamiento indica que la infraestructura de pagos y la oferta de mercancía local lograron captar parte del flujo que los turistas internacionales no aportaron.

Diferencias entre las sedes anfitrionas
La Ciudad de México concentró el mayor efecto con 548 millones de dólares y 21.182 empleos, casi el doble que Jalisco y Nuevo León. Sin embargo, su ocupación hotelera bajó del 58,5% al 56,5%, aunque las tarifas subieron un 47%. Monterrey fue la única sede que elevó su ocupación hasta el 64,2%, mientras Guadalajara redujo la suya del 63% al 57% pero duplicó tarifas en algunos periodos. Estas variaciones revelan que las estrategias de precios y la conectividad local influyeron más que el volumen de turistas extranjeros.
El sector comercio superó las estimaciones gracias a bebidas, botanas, entregas a domicilio y mercancía oficial. En cambio, alojamiento y transporte quedaron por debajo de lo proyectado, lo que sugiere que el beneficio se concentró en áreas de alto margen y menor dependencia de la estancia prolongada de visitantes internacionales.
El legado más allá de las cifras
Teresa Solís, experta de Deloitte, señaló que el principal legado fue la imagen internacional de México como anfitrión y la mejora en infraestructura. El país ya organizó tres mundiales y recibe regularmente eventos como la Fórmula Uno, por lo que la experiencia acumulada permitió mantener la operación sin mayores contratiempos pese a la menor afluencia extranjera. Esta capacidad de adaptación constituye un activo que puede replicarse en futuras competiciones.
Una perspectiva adicional indica que el éxito de eventos masivos depende cada vez más de la experiencia integral que se ofrece al público local. La combinación de pagos fluidos, oferta gastronómica y ambiente en espacios públicos como el Zócalo demostró ser más determinante que el número absoluto de turistas. Esta lección puede modificar la forma en que otras sedes planifiquen sus inversiones en mercadotecnia y logística.
Riesgos y tendencias hacia 2030
El menor flujo internacional plantea el riesgo de sobreestimar el retorno de futuras sedes si se repiten mecanismos de precios dinámicos sin segmentación adecuada. Además, la dependencia del consumo interno puede volverse vulnerable ante cambios en el poder adquisitivo local o en la disponibilidad de crédito. Las ciudades que lograron aumentar tarifas sin perder ocupación, como Monterrey, ofrecen un modelo que combina flexibilidad de precios con mejor conectividad regional.
De cara al futuro, el equilibrio entre imagen internacional e infraestructura duradera seguirá siendo clave. México cuenta con la ventaja de experiencia previa, pero el verdadero desafío radica en convertir cada evento en una experiencia consistente que atraiga tanto al público nacional como al extranjero sin depender exclusivamente de uno de ellos.
